domingo de Cuaresma - Sr Beatriz Mengz

Carême - Lent - Cuaresma

 

Una mujer del pueblo de Samaria llega al pozo para coger agua. Se encuentra con un hombre, que habla con ella, Jesús. Cuando termina la conversación, la mujer, deja el cántaro que sujetaba en sus manos, y corre al pueblo a anunciar : ¨Venid a ver al hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Mesías ?¨
 
Después de este encuentro junto al pozo, nada semejante ocurrió jamás. Algo nuevo comenzó en esta mujer y en la gente de su pueblo.
Esta historia ocurrió en Samaria junto al pozo de Jacob. Con Jacob (el padre de nuestros antepasados) comenzó la historia :
Al pozo llega una mujer llamada Raquel para abrevar sus animales. Junto al pozo se encuentra con un hombre con el que entabla una conversación. Es Jacob, el hijo de Isaac, el nieto de Abraham. Después, con este hombre Raquel vuelve a donde esta su padre. Jacob sirve a esta familia durante largo tiempo. Raquel se convierte en su mujer, madre de los antepasados de Israel.
 
Después de este encuentro junto al pozo, nada semejante ocurrió jamás. Algo nuevo comenzó en la vida de Raquel y de Jacob.
Esta escena habla de la historia del pozo de Jacob, para nuestros días. El lugar donde ocurre la historia, no es ya un pozo concreto al que viene la gente para saciar su sed. Somos invitados a mirar al pozo de nuestra vida, a inclinarnos como la mujer, ante el misterio que llevamos dentro, a inclinarnos con reverencia al misterio de Dios en nosotros. Para ello, hay que huir por un instante, de todo lo que nos rodea, de todos nuestros idolillos, hay que tomar distancia de todos nuestros quehaceres cotidianos y bajar a las profundidades de nuestra vida, donde se da el encuentro con Aquel de quien nos recibimos.
El camino hasta el pozo es largo y difícil : ¨oh Dios, ten piedad de mí, que soy una carga para mí mismo¨- decía San Agustín. Sin embargo el deseo nos pone en riesgo cuando buscamos y anhelamos que sea saciada la sed más grande : de amor y de vida plena. Para saciar esta sed, no necesitamos ningún cántaro. Sólo necesitamos reconocernos cavidad de Dios, hueco, vacío, espacio de Dios. El pozo y la oquedad soy yo mismo en mi miseria habitada por Aquel ¨que llena todo en todos¨.
Inclinarse, supone arriesgarse, en un comienzo, a sentir el olor frío y húmedo de nuestra existencia, su lado oscuro e incierto. Pero al tocar fondo encontraremos el Icono de Aquel que nos devuelve la imagen de lo que en verdad somos : hijos amados del Padre…
 
Después de este encuentro, nada semejante ocurrió. Jesús cambió mi vida y la de todos los que me rodean.
 
Sr. Beatriz Mengs, ra
Vilnius - Europa del Norte

 


À voir sur le web

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

S'inscrire à l'info-lettre