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XXXIV Domingo del tiempo ordinario

Année liturgique 2018-2019 [C]

XXXIV Domingo del tiempo ordinario : SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Primera lectura del segundo libro de Samuel (2 Sam 5,1-3)
El Tiempo Ordinario llega a su fin, y lo terminamos con la celebración de Jesucristo, Rey del Universo. La fiesta de hoy corona el año litúrgico.
El texto que nos ofrece la primera lectura hace que para entender la Palabra sepamos que se corresponde al momento en que David es aceptado como rey por todas las tribus de Israel representadas por los ancianos.
Samuel había ungido anteriormente como rey a Saúl pero este fracasa. En un principio Samuel unge a David como rey, pero era solo rey de las tribus del Sur (Judá, Benjamín y Efraín) y sobre ellas reinó siete años en Hebrón. En el fragmento los ancianos se presentan ante David en Hebrón. Y hacen delante de él una afirmación de pertenencia a su corporeidad ; a la carne y a los huesos de David. Le reconocen que ha sido guía del pueblo desde el reinado de Saúl. Fue la persona de David con sus dotes de militar la que logró conquistar la fortaleza de Jerusalén.
Todo esto motivó a los jefes de las tribus del Norte a proclamarle también su rey. Los ancianos sabían que David había ejercido su liderazgo a la hora de dirigir antes al Pueblo. Un liderazgo que ahora quieren afirmar. Además, los ancianos después de dejar claro porque eligen ellos a David, buscan reafirmar y corroborar su elección apoyándose en la elección que Dios ha hecho sobre David. Reconocen que Dios ha elegido a David como pastor y jefe de Israel.
David una vez ungido como rey va a unir a Israel y lo va a engrandecer. Su figura de buen defensor se ha mitificado y es de donde surge en el pueblo la idea de un Mesías Salvador y Redentor. Sobre él se tejerá la leyenda sagrada de rey justo, el que fue capaz de alcanzar la unidad. Él conquistó la paz, aunque la paz de David es efímera, lo mismo que la solidaridad entre las tribus.
Es por eso que Jesús, el descendiente de Jesé, será visto como el nuevo Rey que esperaba el pueblo. Cristo es hijo de David, como debía ser el Mesías según las profecías (2 S 7,12 ; Isaías 11,1). Jesús es el Hijo de David, en el Nuevo Testamento esta descendencia está muy enfatizada (Mt 1,6 ; 1,20 ; Mc 10,47 y 48 ; 11,10 ; 12,35 ; Lc 1,69 ; 2,4 ; 3,31 ; 18,38 y 39 ; 20,41).
Pero Jesús siempre anuncia que su Reino no es de este mundo. El Mesías con connotaciones políticas, de triunfo del pueblo sobre sus enemigos será rechazado por Jesús desde el comienzo de su predicación y actuación.
El Reino consiste en dar testimonio de la verdad, del amor que Dios tiene al hombre y la libertad con la que le llama a seguir sus propuestas de Vida. El Rey de los judíos, el germen, el vástago de David, Jesús es el pastor que se ocupa de las ovejas. Su único poder es el de su Palabra de amor.
Después de entender a la luz de la primera lectura a Jesús como Rey, terminemos nuestra oración pidiendo que venga tu Reino Señor. Una petición que en la Asunción cobra una fuerza especial ya que fue una de las divisas que Santa María Eugenia eligió para la Congregación.
Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca


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