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XXIV Domingo - Alegraos conmigo

Année liturgique 2018-2019 [C]
Acabamos de comenzar el curso escolar, y Jesús, en este domingo, nos invita a la alegría desbordante y a la acogida desmedida, como queriendo mostrarnos que estas dos actitudes deben ser nuestra marca en todo lo que hagamos y en donde estemos a lo largo del año.

Nos encontramos en un contexto no demasiado fácil, los fariseos y escribas, dirigentes del judaísmo, se ven desplazados por la forma de actuar de Jesús, que pone su atención en los publicanos y pecadores. No es que no les haga caso a ellos, pero sienten que Jesús pone su fuerzas en aquellos que ellos más desprecian. En esa situación, Jesús les propone tres parábolas que iluminan su comportamiento. Nos centraremos en la primera.

Si empezamos por el final, todos estaremos de acuerdo en que si encontramos una oveja que habíamos perdido, estaremos tan contentos que querremos compartirlo con todos nuestros amigos y vecinos. Y si pensamos que la oveja era una que ya dábamos por perdida, que nunca nos hubiéramos imaginado poder encontrar y volver a traer al redil, estaremos desbordantes de júbilo, alegrándonos de nuestra buena fortuna, o nuestro buen hacer para conseguir traerla de vuelta. 

Sin embargo, esta alegría de la que habla Jesús está unida al comienzo de la parábola, donde se nos dice una frase a la que estamos acostumbrados y ante la cual no reaccionamos, pero si la pensamos conscientemente, no tiene mucho sentido. Tenemos cien ovejas, se nos pierde una… ¿y dejamos las noventa y nueve para buscar esa una ? Los cálculos no salen. ¿Quién prefiere arriesgar 99 en vez de 1 ? Y no contentos con eso, nos dice que las deja en el desierto, sin provisión de agua ni abasto de pan. Cualquiera poco entendido sabe que estas ovejas están abocadas a la muerte. Nos dice el texto que va tras ella hasta que la encuentra, en ningún momento piensa es abandonar la búsqueda, eso no es una opción posible para Jesús. Tiene que encontrarla, allí donde se encuentre. Podemos imaginar la búsqueda larga, seguro que las 99 en el desierto forman parte también de la inquietud, y no quiere abandonarlas mucho tiempo. Y al encontrarla, en vez de reñirla, la agarra fuerte, con el gozo de haberla recobrado sana y salva. 

Todos los hechos que va narrando Jesús, son sorpresivos para nosotros, pero lo más sorprendente quizás de esta parábola sea el comienzo de ella : ¿quién de vosotros no hace esto ? Si somos sinceros, la respuesta espontánea a esta pregunta s un no que se nos escapa… sí, nos gustaría ser así, nos gustaría tener un corazón como el de Jesús, que se va detrás de cada oveja, sea quien sea, sea como sea. Pero nos cuesta. 

Miremos hacia atrás, en este domingo, y recordemos en qué vereda oscura nos encontró el Señor perdidos, sintamos de nuevo esa mano amorosa y suave que nos cogió con cariño y ternura y nos llevó de nuevo al calor del hogar. Sólo así seremos capaces de dar gratis aquello que hemos recibido gratis, y desbordar de alegría con el encuentro de aquellos que dábamos por perdidos. 

Sr. Camino Lescún

España

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