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XXI Domingo del tiempo ordinario - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2017-2018 [B]


Invoquemos al Espíritu Santo y que el don de entendimiento nos acompañe en nuestro tiempo de oración y ayude a entender, hoy, el modo de hablar de Jesús. Que nos conduzca el Espíritu Santo dador de vida.

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Sieger Koder. La Palabra se hizo carne.

Estamos ante un pasaje de no fácil lectura. Se acaba de terminar el discurso del pan de vida que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaún. Muchos de los que le seguían al oírlo manifestaban que el lenguaje que escuchaban era duro. Acababan de escuchar que Jesús se identificaba con el pan vivo bajado del cielo. Jesús, buen conocedor de los corazones de sus discípulos, les advierte que si todas las afirmaciones escuchadas anteriormente les escandalizan qué pasará cuando lo vean en el momento de su ascensión. Jesús sabía que había un grupo de seguidores que no creían y también quien lo iba a traicionar. Seguir a Jesús en el Evangelio de Juan es un don concedido por el Padre, ir tras los pasos de Jesús nos trasmite la unión en la misión del Padre y del Hijo. Es en esta situación cuando muchos deciden retirarse, volverse atrás. Ya no andaban con Jesús, ya no lo seguían. Sólo con la ayuda del Espíritu Santo es posible entender el significado de lo que Jesús dice.
Otro momento espinoso de este relato es cuando Jesús, sin ningún tipo de ambages, se dirige a los doce y les pregunta si ellos también van a marcharse. Al final quedan únicamente ellos. Pedro responde por todos “a quién vamos a ir”. Detrás de esa pregunta podemos reconocer un alma anhelante, no alguien que no vislumbra otro camino. Reconoce la vida eterna que hay en las palabras de Jesús e igualmente reconoce que Jesús es el enviado, el Santo de Dios. Pedro y detrás de él toda la multitud de creyentes y testigos que han encontrado el apoyo en Jesús.
 Podemos leer el evangelio de este domingo a la luz de la primera lectura del libro de Josué. Josué se presenta ante todo el pueblo y le dice, sin rodeos, a qué Dios desean servir. Los israelitas, al igual que Pedro, confiesan su fe y se reafirman en el seguimiento del Señor. El pueblo recuerda todos los prodigios que ha hecho el Señor a lo largo de su historia. Es el pueblo el que termina confesando que servirán al Señor porque él es su Señor. Tanto el Evangelio como la primera lectura son una invitación a reafirmar nuestra adhesión a Jesús.
 Y nos puede ayudar a seguir entendiendo el evangelio este texto de Balduino de Cantorbery : “Pedro no dijo sabemos y creemos, sino creemos y sabemos. Esto puede entenderse de aquel conocimiento que se va formando en la mente mediante el crecimiento de la fe. De este conocimiento está escrito : Si no creéis, no podréis comprender. Ya la misma fe es cierto conocimiento incluso en aquellos que creen simplemente, sin comprender las razones de la fe. En cambio, el conocimiento que llega a ser formulado en conceptos es propio de aquellos que con la práctica tienen una sensibilidad entrenada para conocer más plenamente las razones de la fe, siempre prontos para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a todo el que se la pidiere”.
Pidamos la gracia de que, en los momentos de duda, de abatimiento, de querer seguir a otros dioses, volver a Jesús y recordar la historia de alianza que ha hecho con cada uno de nosotros. La memoria traerá a nuestro corazón el amor hecho Alianza. Pidamos la gracia de huir de palabras sencillas y fáciles pero vacías. Queremos seguirle más allá de los entusiasmos iniciales, queremos seguirle a dónde Él nos lleve. ¿Quién puede ? Si reconocemos nuestra propia limitación y acogemos el límite, ahí también aparece la transformación de Dios. Pidamos en nuestra oración la gracia de encontrar en sus Palabras la vida que estas encierran y la fidelidad en nuestros compromisos con el Señor.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca



Lectura del santo evangelio según san Juan (6,60-69)

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