Una relectura

1961 - 2009

El impulso del corazón y la coherencia teológica
Como los rostros de hombres y mujeres, bellos a causa de la vida interior que resplandece en ellos, esta capilla, creo que debe su belleza a la inspiración espiritual nacida de la fe ardiente de Mère Marie Denyse, que concibió el proyecto y cuidó su realización. Superiora General en un periodo de efervescencia misionera y apertura apostólica, vivía con la Congregación, al ritmo de una Iglesia universal inspirada por el soplo del concilio Vaticano II y comprometida en un amplio proceso de “aggiornamento” espiritual, teológico, litúrgico y pastoral. Mère Marie Denyse quiso que este lugar de culto proclamara quien es el Dios que las religiosas de la Asunción quieren amar y anunciar con pasión. Afirmación de fe que une al impulso místico con una rigurosa coherencia teológica. Por su arquitectura innovadora y mediante la utilización de un simbolismo apropiado, subsiste como testigo feliz de ese tiempo de intensos cambios y de búsqueda apasionada de nuevas formas de expresión de la fe.

Introducirnos en un verdadero camino espiritual es lo propio de una obra inspirada. En medio de tantas otras voces que pueden hablar de ello he aquí la mía.

Acogidos por la Trinidad
Como una gran “tienda de campaña”, plantada en el jardín de la Casa Madre, la capilla invita a todos los que cruzan el gran pórtico a aventurarse en el encuentro con Dios. Nuevo “Mambré”, donde el anfitrión se convierte en el invitado de los TRES, la capilla ofrece la hospitalidad de un amplio y generoso espacio liberado de todo elemento arquitectónico que impediría a la mirada posarse sobre lo que puede favorecer la oración, la escucha y la contemplación

En el interior, las paredes diseñan una forma triangular. Antiguo símbolo trinitario, el triangulo habla del Dios que buscamos, en quien “tenemos la vida, el movimiento y el ser”. Es El quien nos convoca para que seamos un solo cuerpo, un templo vivo. Símbolo omnipresente lo encontramos por todas partes en la capilla : en el respaldo de los sitiales en los confesionales, en la puerta que da al jardín, en la estructura del altar, y hasta en la forma de la custodia que sirve para la exposición diaria del Santísimo. El Dios, cuyo misterio nos desborda, es también el Dios cercano. El Dios más cercano de nuestra oración, el Dios que perdona, el Dios que camina con nosotros, el Dios adorado en nombre de toda la humanidad para que de El reciba la VIDA.

Contemplando al Cristo mediador.
Sobre el muro blanco del coro, pared maestra de todo el edificio, se destaca un gran crucifijo en hierro negro forjado. Todas las líneas dibujadas por la estructura arquitectónica de la capilla convergen hacia esta cruz inmensa, creando un movimiento que se apodera de nuestra mirada y la atrae como a la fuerza hacia ella.” Y yo cuando sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia mí”. Verbo hecho carne, mediador entre el Padre y los hombres, Salvador, prefigurado por la serpiente de bronce que Moisés forjó en pleno desierto. ¿Como no estar atraídas por este Dios que nos ama hasta el extremo, hasta el desamparo de una muerte crucificada ? La silueta descarnada, de rasgos rígidos, cortantes, angulosos, el color oscuro, hablan de la violencia del drama del Gólgota, pero también dicen la fuerza de un amor que llegó hasta el final de su misión “todo esta cumplido” Jesús puede entregar su penetrante Hálito de vida entre las manos del Padre para que lo derrame sobre toda la tierra. Por eso el Espíritu, representado gráficamente bajo la forma de una paloma, esta situado justo encima del Cristo en Cruz. Don del Padre, domina el altar como respuesta permanente a la “epíclesis” de la Iglesia “envía tu Espíritu sobre el Cáliz y el Pan... Envía tu Espíritu sobre tu pueblo reunido”. De este caudal de luz, de la vidriera donde dominan los colores verdes y rojos, parece que la Paloma se lanza para derretirse sobre nosotros y renovar todo derramando sus dones de luz, de vida y de gozo.

Al pie de la cruz se alza el altar donde la vida de Jesús dada por amor, se hace alimento para que tengamos vida eterna. “Petra autem erat Christus”. Sí, Cristo es la Roca de donde mana el agua de la vida eterna, prefigurada por el agua que salió de la roca, salvación para los hebreos en la travesía del desierto. Palabra bíblica que recuerda la de Maria Eugenia : “No hay más que una piedra que es Jesucristo, en El hemos sido fundadas”

Penetrando en el misterio pascual.
Evocado por un simbolismo sobrio y depurado, el misterio de la salvación se capta en sus raíces bíblicas y su prolongación eclesial, en su realidad histórica y su dimensión trascendental. El coro, no es solamente la parte más luminosa sino también la más alta de todo el edificio : la contemplación del misterio pascual, ensancha nuestra mirada interior y nos conduce hacia un amor cada vez más profundo y luminoso.

Entre el atrio interior y el coro, que atrae nuestra mirada al franquear la puerta de la capilla, se extiende delante de nosotros un espacio central, de color oscuro y bien delimitado. Es el espacio, donde la comunidad religiosa y los que se unen a ella, celebran el oficio divino, participan en la celebración eucarística, meditan la Palabra de Dios y adoran. Para llegar, hay que bajar unos peldaños también simbólicos. Evocación del descenso de Nuestro Señor en las aguas bautismales del Jordán, inaugurando con este gesto su misión de Mediator entre el Padre y la humanidad. Recuerdo velado, del día en que bajamos a las aguas del bautismo. Invitación a participar en el combate espiritual que libra la Iglesia para que la muerte y el odio sean vencidos en nosotros, en nuestros hermanos y pueda extenderse el Reino de Dios. Atreverse a ir al encuentro de Dios, es también descender a lo más profundo de nuestro corazón, para que la Palabra, como espada afilada, separe los gérmenes de vida de las fuerzas de muerte, la verdad de la mentira ; venga y haga brotar la alegría de la tristeza, la esperanza de la desesperanza, la libertad del encierro. Peldaños “peligrosos” para bajar, dicen a menudo, pero es que acaso todo camino de conversión, toda aventura espiritual ¿no es un paso de alto riesgo ?

Caminando con Maria y la Iglesia.
Sobre este espacio, ocupado en un principio solamente por los sitiales, se encuentra la gran vidriera de la Virgen de la Asunción. Maria, mujer vestida de luz, mujer invadida totalmente por la vida trinitaria, vela por nosotros y ella, la primera en el camino, nos conduce al encuentro de su Hijo.

En este camino de conversión, experimentamos el perdón, la misericordia de Dios, la curación interior, que hacen nuestro corazón “nuevo, y capaz de tener sobre Dios y sobre el mundo una mirada cada vez mas libre, sencilla y unificada” (RV). Los dos confesionarios, situados en el gran muro de la izquierda, nos recuerdan la exigencia, siempre nueva, de la reconciliación.

A nuestra derecha, una inmensa vidriera sobre el muro del fondo, simboliza la Iglesia, la nueva Jerusalén. En la Iglesia es donde vivimos nuestra fe y nuestra misión, sostenidos por el ejemplo y la intercesión incesante de “esta nube de testigos “, esta muchedumbre inmensa de creyentes conocidos y desconocidos, ya transfigurados por la luz de Dios, que viven hoy en el gozo de su presencia. La variedad de formas y colores dan testimonio de la diversidad de este pueblo amigo de Dios, que celebra con nosotros las maravillas de su gracia.

Dos mujeres que nos llevan a Cristo :
De esta vidriera con mil facetas surgen, adelantándose hacia nosotros, dos mujeres a las que queremos de una manera muy especial : la Virgen Maria y Madre Maria Eugenia. Adosadas a dos pilares que sostienen, junto con el gran muro del coro, el peso de la bóveda, Maria y Maria Eugenia nos ofrecen, cada una, un espacio donde podemos hacer un alto en el camino. Cuando nos recogemos ante la estatua de la Virgen María o junto a la tumba de Santa Maria Eugenia, el emplazamiento de los pilares nos permite alcanzar con nuestro campo visual el conjunto del coro ; como si una y otra, María y María Eugenia, se apartaran discretamente para dejar solo a Cristo atraernos hacia El y llevarnos al Padre.

La colocación actual de la tumba de Madre Maria Eugenia, lugar donde honramos su memoria, conserva simbólicamente a nuestra Fundadora en el interior del espacio de celebración y de oración, espacio de adoración y de escucha de la Palabra de la que se alimenta nuestra vida espiritual. Situada al fondo de la capilla, este lugar humilde permite también a Maria Eugenia acoger, vigilando casi ya “cerca de la puerta”, a los visitantes que vienen a rezar. Acogiéndoles cerca de su tumba, no los acapara sino que les pone en contacto directo con la herencia espiritual que ella misma ha legado a la Congregación, y a través ella a la Iglesia. Y cuando se van de este lugar de memoria, les obliga a pasar otra vez, aunque sea de lejos, ante la gran cruz, signo del misterio central de nuestra espiritualidad : La Encarnación. Una manera muy suya de recordar a todos que : “En la Asunción, todo es de Jesucristo, todo pertenece a Jesucristo, todo debe ser para Jesucristo”.

Sr. Claire Myriam r.a.
Fiesta de la Ascensión 2009

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