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Segundo domingo de Cuaresma - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2017-2018 [B]


Acogemos esta palabra que la liturgia nos tiene ofrece para este segundo domingo de cuaresma es del evangelio de Marcos. Invocamos al Espíritu para que el Señor nos muestre su rostro.


Sí, Señor tu rostro busco :
no me ocultes tu rostro.
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación. (Salmo 27)


Jesús llamó a sus discípulos y ahora vuelve a llamar a tres para este particular y relevante episodio. Invitó al monte Tabor a Pedro, Santiago y Juan tres de los cuatro discípulos que Jesús llamó primero. Jesús se transfiguró ante quienes les costaba y mucho aceptar la manera de servir del Mesías. Pedro hacía poco había intentado que Jesús se echara atrás en su mesianismo ; Santiago y Juan solicitaban un lugar de honor en su Reino. Jesús le sale al encuentro allí donde está cada uno. ¿En qué recodo, parada, senda, campo abierto, valle o abismo nos está buscando a cada uno de nosotros el Señor ?
Una vez más, un monte alto, lugar de la revelación en el Antiguo Testamento. Y en ese espacio entran en la escena personajes de la historia pasada de Israel : Moisés y Elías. Jesús está conversando con ellos, él ha venido a dar plenitud a la Ley y a los Profetas.
Transfigurarse significa literalmente cambiar de forma. Sus ropajes se volvieron blancos, muy blancos. Los bataneros, profesión desaparecida hoy día, eran los encargados de manejar el batán, una máquina de madera que funcionaba como un molino de agua y permitía elevar y dejar caer unos grandes mazos de madera. Se utilizaba para golpear el paño para compactarlo y acabar de limpiarlo.
La blancura de los vestidos de Jesús nos anuncia que estamos contemplando al Hijo de Dios.
Ante semejante aparición a Pedro se le ocurre hacer tres tiendas. Para algunos exégetas el comienzo cronológico de “seis días después” que aparece al principio la perícopa puede hacer referencia a la fiesta de las Tiendas. Entonces es coherente la respuesta de Pedro de hacer tiendas. Se ofrece a hacer algo en medio del desconcierto y temor que les habitaba. 
Y en este momento surge otro nexo de unión entre la Antigua Alianza y Nueva Alianza de Jesús. La nube significaba la presencia de Dios que caminaba y guiaba al pueblo. La Nube envuelve con su sombra toda la escena. Nos podemos asombrar del juego de luces que vislumbramos en este pasaje. La luz de los vestidos de Jesús y la sombra de la Nube. De la Nube surgió una voz que traía una presentación y un mandato : “este es mi Hijo amado, escuchadlo”. Cuando cesó la voz no había nadie con ellos, sólo Jesús. La voz de la Nube había sido clara. Tenían a Jesús delante para escucharlo. No podían contar, por ahora, el hecho del cual habían sido testigos. Había que esperar a la Resurrección. La Resurrección de Jesús es la prueba de que la vida es más fuerte que la muerte, pero para ser conscientes del Misterio de nuestra fe tenemos que acompañar a Jesús en su camino pascual. La insistencia en afirmar que después de tanta manifestación sólo ven a Jesús sugiere que, desde ahora en adelante, Jesús es la única revelación de Dios para nosotros, como lo fue para Pedro Santiago y Juan. Jesús es la Nueva Alianza.
En nuestro camino hacia la Pascua sigamos el consejo de San Agustín : “Escúchalo, Escuchémoslo. Escuchémoslo : hagamos lo que él nos dice, esperemos lo que Él nos prometió”.
En todo el relato se mezcla lo antiguo con la novedad que trae Jesús. Los discípulos son invitados a escucharlo y a seguirlo, aunque lo vayan a ver desacreditado, humillado, atrapado, perseguido, hombre de dolores, crucificado. Que la luz de los vestidos de Jesús transfigurado nos acompañe hasta la claridad del día de Pascua e ilumine nuestros pasos de Cireneos acompañando a Jesús del Tabor a Jerusalén.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


  • Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,2-10
  • Photo : La Transfiguración. Sieger Koder.

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