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Santísima Trinidad - Sr Camino Lescún

Année liturgique 2012-2013 [C]

Del Padre por el Hijo en el Espíritu para en el Espíritu por el Hijo al Padre

Ya hace algún tiempo decía Rahner que, si se pasaba a decir que el Dios Trinidad había sido una invención y que era pura elucubración, la mayoría de los cristianos no sentirían temblar su fe un ápice y asumirían fácilmente un Dios Uno, y no Trino. Si bien nos cuesta llegar a creer eso, es cierto que al oír la palabra Trinidad, a todos nos viene a la cabeza la idea de especulación teológica o de arrebato místico.

Sin embargo, el misterio de la Trinidad es el centro de nuestra fe, y así lo muestra nuestro símbolo : creo en Dios Padre… creo en su Hijo Jesucristo… creo en el Espíritu Santo… La Trinidad es aquello a lo que no podemos, ni queremos, renunciar, porque constituye el fundamento de nuestro propio ser. El evangelio de hoy, domingo de la fiesta de la Santísima Trinidad, nos ilumina sobre dicho misterio.

Juan nos había dicho ya al principio de su evangelio que el Hijo era el revelador del Padre : “a Dios nadie le ha visto jamás : el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado” (Jn 1, 18). Ahora, por boca del mismo Jesús, nos informa de que vendrá el Espíritu de la verdad a transmitirnos eso que Él le vaya comunicando. Nos encontramos con una línea de transmisión, o lo que se conoce con el nombre de procesiones (“proceder de”). Jesús procede del Padre, de Él recibe todo lo que es y lo que comunica a sus discípulos. El Espíritu procede del Padre, pero toma de Jesús aquello que nos tiene que comunicar (cf. Jn 16, 16). Es importante lo que se nos señala : no hablará por su cuenta, sino aquello que oiga. ¿A quién ? Al Hijo, que está en el seno del Padre.

Este texto del evangelio, situado casi en el centro del discurso de Jesús a sus discípulos antes de afrontar su muerte en Jerusalén, nos muestra lo esencial del mensaje de Jesús. Nos prepara para la misión, para la evangelización cuando Él ya no esté presente en carne y hueso. Jesús nos revela el misterio de comunión que es la Trinidad, las relaciones que se establecen entre Padre, Hijo y Espíritu. Relaciones que les hacen ser ellos mismos y les construyen en apertura a los otros. Muchos afirman que la Trinidad es la imagen perfecta de comunidad que estamos llamados a vivir. Por eso, Santa Catalina de Siena dirá : “Tú, Trinidad Eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco”. Sólo contemplando una y otra vez este misterio que es la Trinidad misma podemos descubrir quiénes somos y cómo nos vamos haciendo a través de los otros, y desde ahí, deseamos profundamente seguir ahondando en ello.

En estos tiempos de individualismo, de realización personal, de ser uno mismo sin dejarse coartar por los demás, la Trinidad nos invita a dejarnos cambiar radicalmente de dinámica. Nos invita a fijarnos en el otro antes que en nosotros, a buscar construir relaciones de comunión, a fundamentar el centro de nuestra persona en la donación, a ser persona de forma totalmente otra a como se empeña nuestra sociedad : ser sí mismo, para darse ; “serse dándose” (A. Cordovilla).

Que el mismo Dios Uno y Trino nos ayude a entrar en su misterio y vaya cambiando nuestro corazón para hacerlo semejante al suyo, en apertura y donación al otro, en recepción absoluta del Otro.

Sr. Camino Lescún, ra
España


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