Navidad - Sr Ascensión González

Avent - Noël

 

TRAS EL ROSTRO Y LAS HUELLAS DEL DIOS CON NOSOTROS
Déjame ver tu figura, déjame oir tu voz” (Ct 2,14)
 
Hoy es el tiempo de nuestro Dios que se hace presente en medio de nuestro mundo. Ayer como hoy, Dios sigue actuando en las historia de una forma sorprendente. Los textos de este día 25, de todas las Eucaristías, nos hablan de integración de los contrarios, de los modos de nuestro Dios, de las formas de hacerse presente y de dar sentido, de la decisión de permanecer y de estar en lo liminal y marginal.
En los textos de la Natividad del Señor se dan cita los elementos más diversos : la sencillez de unos relatos como los de los Evangelios y otros más elaborados que reflejan ya la comprensión del misterio por parte de la comunidad.
En Belén, la casa del pan, todas las personas, los tiempos y situaciones nos encontramos. El pesebre, nos regala una señal que nos sobrecoge, nos integra y nos dinamiza.
 
Lc 2,1-20
Marco histórico (2,1-3)
El nacimiento de Jesús (2,4-7)
El relato de los pastores (2,8-20)
 
Marco histórico (2,1-3)
Jesús en el relato de Lc se nos hace presente en medio de las situaciones contrarias. Lo sitúa en el tiempo teológico, con la alusión a la presencia de Juan Bautista, que esperaba en el desierto la manifestación de Israel. Y en relación a unas leyes civiles, las del censo. En unos breves versículos Lc nos deja en evidencia que las coordenadas del nacimiento de Jesús pertenecen a la historia, a la geografía y de la acción de Dios. Nos conecta el nacimiento de Jesús con la situación mundial
 
Contrasta la actitud del profeta que espera la manifestación del Salvador en el desierto y la de emperador que se constituye él mismo en salvador, decretando un empadronamiento por el que queda de manifiesto que todo le está sometido. Todo está bajo su poder.
Y en ese contexto, de dominación y de sometimiento, Jesús, aparece y entra en esa dinámica del mundo.
 
Sin quererlo, los acontecimientos que parecieran ser casuales, son una señal, son una oportunidad para que Dios nos muestre su rostro, son los que dejan ver “una gran luz al pueblo que camina en tinieblas” (Is 9.2). Estas situaciones tortuosas son las que nos revelan la voz “en esta etapa nos ha hablado por el Hijo” (Heb 1,1).
 
Y comenzamos a entrever la presencia del Dios con nosotros como Mesías, como Rey de paz con otros esquemas, con otras señales, con otras experiencias que nos hablan de infancia, de pobreza, de marginación, de ternura, de alabanza y de agradecimiento. Es el asombro ante el abajamiento de nuestro Dios.
 
El nacimiento de Jesús (2,4-7)
Los personajes son tres :
  • José el justo que acata la ley y se pone en camino. Es lo propio de quien se fía, estar en camino. Por él, le vendrá a Jesús la condición de descendencia de la casa de David. Por él se inserta el Mesías en el linaje de David. También por una casualidad histórica nacerá en Belén, la casa de David.
  • Con José camina María, ella lo que aporta es la maternidad, todo su ser, su seno y sus brazos. Lo acoge y El recibe toda la ternura y gozo que una madre joven puede brindar a su hijo recién nacido. Dios pasa por las entrañas femeninas de la maternidad. En Jesús Dios tiene el sabor del hogar, de la familia, del amor, de la alegría y el gozo por llegada del Hijo. Y lo envuelve como de costumbre en pañales, que se convierte en el símbolo de todos los cuidados que se podía ofrecer en esa época tal y como leemos en Sab 7, 3-4.
  • Este será precisamente el signo para reconocerlo (2,12) : “estar envuelto en pañales”, un ser humano en su máxima fragilidad. Viene al mundo en calidad de “hijo primogénito de María”, Pablo nos lo recodará en Rom 8,29 y en Col ,15. Lo que está en juego y pretende poner de relieve el evangelista es la dignidad de este niño, es un consagrado para el Señor (Ex 13,12 ; 34,19).
El Hijo, nacerá con características reales en medio de la pobreza, en la casa del pan, en las afueras, donde no hay absolutamente nada. Desde el inicio de su existencia, este Hijo no tiene donde reclinar su cabeza (Lc 9,58) es su condición de itinerante, de desprendimiento. Y ahí la primitiva comunidad verá en él, al Cristo “reflejo de su gloria, la impronta de su ser” y “al introducir en el mundo al primogénito dirá : Adórenle todos los ángeles de Dios” (Heb 1,1-6) (Misa del día de Navidad).
 
El relato de los pastores (2,8-20)
El rostro de Dios se nos trasluce en este niño que se deja ver en esas condiciones a los pequeños, a los marginados, a los que están a cielo raso, a quienes tienen al cielo, a la noche y a las estrellas como compañeros. A quienes por no tener, no tienen tampoco casa, ni techo. A quienes viven al descampado, a techo descubierto. Es a ellos a quienes se les comunica este rostro, a quienes se les concede el regalo de oír la voz de lo alto. De oír los rumores de los ángeles, aunque sin comprender del todo lo que ven, pero ellos se ponen en camino y se dejan guiar por el mensaje recibido.
En ellos se percibe al comienzo temor y desconcierto, luego alegría. No aciertan a descifrar los acontecimientos, pero se ponen en camino, dan crédito al mensaje recibido y felices por lo recibido no pueden dejar de comunicarlo.
Y a estos mal vistos, ellos, los que están fuera, en la noche, en el descampado, son los destinatarios y los portadores de la buena noticia. A ellos se les darán las noticias más sublimes como se daban las noticias de los acontecimientos de la casa del emperador.
Y ellos lo harán saber a todo el pueblo (2,10)
 
A continuación se le darán al Niño dos nuevos nombres :
Será el Salvador, título ofrecido al emperador. Ahora se le aplica a este niño recién nacido donde no hay nada aparentemente real. Se anuncia que Dios viene en ayuda de su pueblo tal y como nos lo había anunciado en el Benedictus. Es el esperado que trae consigo una misión.
El Cristo Señor es la categoría del Mesías, es decir intervendrá en la vida pública como manifestación de Dios. El es el ungido y es proclamado rey a lo largo de su vida hasta el momento de la muerte (Lc 1, 32-34)
 
Y les será dada una señal, que confirma el mensaje : encontrarán al Niño recostado en un pesebre. La señal de que las cosas son de Dios en el Evangelio es la pobreza, la sencillez y la sobriedad. Siempre nuestro Dios ama estos escenarios, estos caminos. Otros no pertenecen a su identidad.
 
Lo pastores se van corriendo después de recibir la buena noticia, necesitan salir hacia fuera, se ponen en movimiento para compartir lo recibido. Es lo mismo que le sucede María en la anunciación, a María Magdalena después del encuentro con Jesús en el huerto (Jn 20), a los de Emaús (Lc 24), todos salen corriendo a hacia la comunidad para llevar el mensaje. La Buena Nueva está destinada a la comunidad, a otros.
 
La buena nueva percibida, sentida, es generadora de sentido, de alegría. Es capaz de movilizar todas las energías de la persona y ponerla en movimiento, en estado de salida, de búsqueda hasta que lo encuentran y una vez encontrado, salir corriendo hacia los demás para comunicarlo. Esta es la dinámica del discípulo y del misionero.
 
Los que reciben la buena noticia y reconocen en las señales al Dios con nosotros tienen reacciones diferentes :
“todos los que lo oyeron, se maravillaban” (2,18) es lo que sucederá a lo largo de todo el Evangelio (2,33 ; 8,25 ; 11,14) hay admiración aún sin conocer, tan solo por lo que los otros les transmiten.
María, y José (aunque no se nos dice nada de éste) guardan y acogen todas estas cosas en su corazón. Las acogen y descubren la presencia de la divinidad en medio de tanta precariedad (2,19)
Los pastores regresan “glorificando a Dios”, tienen otra actitud en la vida después de ver las señales : la alabanza, esta es otra característica de Lc en su Evangelio (4,15 ; 5,25 ; 7,16 ; 13,13 ; 17,15 ; 18,43 ; 23,4) es la actitud del evangelizador, de quien ha encontrado la razón de la alegría y no puede callárselo por “la alegría que le produce este hallazgo” (Mt 13,44).
Y regresan al núcleo de la población, igual que los discípulos de Emaus al final del Evangelio, (Lc 24, 33) para transmitir la luz por la que habían sido envueltos (Lc 2,10).
Tres posturas ante la revelación del misterio del Dios con nosotros en la figura del pesebre, la de la admiración por lo que otros dicen aun sin comprender, pero dejándose rodear por la experiencia de otros (2,18) ;la de quien acoge, contempla y hace suyo en el silencio este misterio (2,19a) y la de quien no puede dejar de hablar de lo que ha visto y oído (2,20ª).
 
¿Cuál es nuestra postura ante este misterio que el Señor nos regala en esta noche, en nuestro mundo ?
 
Ascensión González Calle
Provincia de Ecuador Chile.

 


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