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Natividad de San Juan Bautista

Année liturgique 2017-2018 [B]

Pidamos al Espíritu Santo que nos acompañe con sus gozos y consuelos para aproximarnos a la Palabra y agradecer que Dios nunca abandona a su pueblo.
A lo largo del capítulo uno del evangelio de Lucas podemos encontrar la narración del nacimiento de Juan, el Bautista. Sería bueno leer, para entender el texto que tenemos entre manos, los versículos 5-23 del mismo capítulo primero. En ellos encontramos toda la anunciación del nacimiento de Juan.
 Isabel cumple el tiempo de embarazo y da a luz un niño. Sus vecinos se enteran. En los tiempos del Nuevo Testamento la mayoría de los habitantes que vivían en un mismo pueblo eran parientes. En ese mundo los hijos son la señal definitiva del favor de Dios hacia cualquier matrimonio. Podemos situarnos como espectadores de la escena, con esos vecinos, y observar el regocijo que trae Juan, ese niño nacido de una mujer de edad avanzada que anuncia la gran misericordia de Dios.
Cumpliendo la tradición lo circuncidan a los ocho días. Otra tradición era ponerle el mismo nombre que el padre. Aquí vemos como Isabel se impone y dice que el niño se va a llamar Juan. Los mismos vecinos insisten que no hay nadie en la familia con ese nombre, les resulta una elección diferente. Entonces ante esta situación le preguntan al cabeza de familia, a Zacarías. Desde el anuncio del nacimiento de su hijo por el ángel y por sus dudas estaba mudo, así que ya estaría habituado a comunicarse con tablillas y hacerse entender. Por eso coge una y escribe que el niño se llamará Juan. Todos los allí presentes se admiran y pueden contemplar por ellos mismos todo lo excepcional de este acontecimiento. Padre y madre coinciden en el nombre, a pesar de que no hay nadie en su familia con ese nombre. El mandato del nombre viene de Dios, así se lo había comunicado el Ángel. Zacarías comienza a hablar y los espectadores de estas escenas se llenan del temor del Señor. Estas palabras del papa Francisco en una homilía (11 de junio de 2014) sobre los dones del Espíritu Santo nos ayudan a entender que “el temor de Dios es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos. Esto es el temor de Dios el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos quiere mucho”.
Y Lucas nos dice de nuevo que la gente iba guardando en su corazón (lo hace también cuando habla de acontecimientos de la vida de María) la pregunta ¿qué será de este niño ? Un niño que contaba con la especial protección de la mano de Dios. Para terminar, sabemos que el niño crecía y que su espíritu se fortalecía. Y que vivió en lugares desérticos a lo largo del río Jordán, frente a Jericó hasta su manifestación. Juan será la voz que grite en el desierto (Jn 1,23) animando a todos a preparar los caminos del Señor. Juan no será sacerdote como su padre será profeta, la voz que anuncie al Hijo de Dios, al Verbo encarnado.
 Del texto evangélico que tenemos para este domingo podemos darnos cuenta de la importancia que tiene el nombre en el Antiguo Testamento y en toda la Biblia. El nombre es como una marca que señala la vida y misión de la persona que lo porta. Juan (Yóhanan) significa : "Dios es propicio o Dios se ha apiadado" o bien, "Dios es misericordia". Desde este significado entendemos el cántico del Benedictus. Dios está con los suyos. Juan anunciará con su voz que Jesús, tanto en su nombre (Dios con nosotros), como con su vida llevará a cabo el cumplimiento de todo el proyecto de salvación del Padre.
 En muchos de nuestros pueblos y ciudades hay fiestas en honor de san Juan Bautista. Es el día más largo del año para luego comenzar a menguar. Juan siempre señaló al Señor, se vivió como el precursor, como el testigo. Juan también disminuyó reconociendo que era Otro, que era Jesús el que debía de crecer.
Hoy, ante esta Palabra, podemos dar gracias por Juan. Él fue un niño de gracia y un regalo de Dios. Sabemos lo que fue de ese niño, sabemos que fue destinado para grandes cosas en el servicio del Señor.
Para terminar esta oración rezamos con la bendición del Señor tomada de las primeras líneas del cántico de Zacarías (Lucas 1, 67-79). “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a rescatar a su pueblo !” (Lucas 1,68).

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

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