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María, maestra en la espera

Préparer dimanche
 
Este año el segundo domingo de Adviento es más especial que otros años, ya que coincide con la Solemnidad de la Inmaculada Virgen María. Pareciera como si el Señor nos quisiera decir algo diferente a través de ello.
 
Sabemos bien el papel importante que tiene María en el Adviento. Ella es la mujer que nos enseña a esperar por encima de lo visible, a creer más allá de lo lógico. En el Evangelio de hoy la contemplamos en una escena cotidiana, en su casa, pero a la espera. Hay cosas que no se improvisan, hay actitudes que se trabajan a lo largo de toda la vida. María era una mujer acostumbrada a atisbar la presencia de Dios en lo cotidiano, vivía vuelta a Dios, esperando de Él la salvación. Era tanto el deseo de Dios que tenía, que solo podía colmarlo Dios mismo. Por eso, ante la visita del ángel, ante el saludo desbordante de alegría, no puede más que preguntarse qué quiere Dios de ella. Ni una duda, ni un atisbo de incredulidad. Sabe que Dios escucha a su pueblo y viene en su ayuda. Y sabe que para llevar a cabo su misión de salvación necesita de las personas. Por eso no duda en decir : "hágase en mí según tu palabra".
 
Toda su vida ha estado preparándose para ese momento, toda su vida ha sido un continuo rezar para pedir al Señor estar preparada para cumplir su voluntad, fuera cual fuera, aunque no la entendiese del todo ni supiese a donde le podía llevar. "Hágase en mí según tu palabra". 
 
Toda su vida ha sentido dentro de ella algo especial que le hacía emocionarse ante la presencia de Dios, compadecerse ante el sufrimiento del otro, tener un corazón un poco sobrenatural. En su cabeza y en su corazón no cabe el no como respuesta. La disponibilidad a la voluntad de Dios se muestra en todo su obrar. Por eso no le cuesta acoger esa presencia que viene a pedirle que colabore con Él y ponerse suavemente a su disposición.
 
"Y el ángel se retiró". En ese momento empieza el verdadero tiempo de la espera, del rumiar en el interior lo que significa estar en actitud de que se cumpla la voluntad De Dios, de sentir dentro de sí misma una vida que no proviene de ella misma, y que al mismo tiempo es más suya que ninguna otra. Sentir el verdadero milagro que surge en lo profundo de sus entrañas, sin que ella haga nada... y dejándose hacer completamente. 
 
Que con María nos pongamos a la escucha del maestro interior, que nos dejemos hacer desde lo profundo, y la disponibilidad sea lo que brote de nuestro corazón. María, madre de la esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera.


Hermana Camino Lescún, Madrid

 

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