IX domingo ordinario

Ordinaire - Ordinario - Ordinary

¿DONDE ESTAN TUS CIMIENTOS ?

El texto que hoy nos propone el Dt comienza con una orden de parte de Dios ; va en la línea de la memoria, son tareas para el judío piadoso con el único fin de recordar, de tener constantemente presente en la totalidad de su persona lo que le sostendrá y será el fundamento de su vida siempre : que todo viene del amor de Dios, que las bendiciones y maldiciones están en dependencia del cumplimiento de los mandamientos.
 Esta es la mentalidad judía, del AT. La responsabilidad está en manos del creyente. La vida y la muerte, el secreto de su felicidad depende de la respuesta que dé a los mandatos. De la fidelidad a su Señor, dueño exclusivo de su corazón.
En contraposición al AT y superando esta visión condicionada al cumplimiento de la ley, San Pablo en la carta a los Romanos nos expresa su convicción, su propia experiencia : La novedad y la gratuidad del don nos ha llegado por Jesucristo. La redención es gratuita, hemos sido salvados más allá de nuestra respuesta, de nuestros legalismos, por encima del cumplimiento de los preceptos. Por encima de nuestras repuestas. El amor de Dios se nos regala gratuitamente. Por gracia hemos sido salvados.
Todos somos beneficiados por su bondad gracias a la redención del Hijo que nos ha hecho hijos reconciliados por medio de su muerte.
Dios nos salva no mediante las obras sino mediante la fe. La única posibilidad que tiene el ser humano de verse libre del pecado y de la muerte es acoger con fe la oferta de salvación que Dios le hace.
El evangelio que la liturgia nos propone es el final del sermón del monte del evangelio de San Mateo. Concluye con cuatro comparaciones alternativas para vivir el seguimiento. Hoy nos plantea las dos últimas y en las cuales lo que está en juego es el modo de ser discípulo.
 Mt para finalizar la exposición de la nueva ley de Jesús, del nuevo programa , termina su discurso haciendo una reflexión que desafía al oyente de la Palabra. Es la llamada a la coherencia entre el recibir la palabra, escucharla y ponerla en práctica. La vida espiritual del discípulo radica en la coherencia entre la gracia recibida y la respuesta que damos en nuestro quehacer cotidiano.
Ser discípulo no depende de la doctrina ni de las formulaciones de fe, ni de nuestras oraciones. Pudiera ser que éstas no estuvieran evangelizadas.
Tampoco depende de la actividad, de las fatigas por el Reino. La pertenencia al Reino no lo dan las múltiples actividades por muy buenas que hayan sido.
Lo que define la pertenencia al Reino es el Padre, la pasión por El y por su proyecto.
En la última comparación (24-27) el evangelista cuestiona la consistencia del discípulo. En estos tiempos recios y arduos donde todo es líquido, el Evangelio hoy nos habla de consistencia e inconsistencia de nuestras vidas. Nos invita a definir el estilo de vida frene a otros modos de vivir. ¿Qué sería lo propio del discípulo ?
La lectura nos cuestiona sobre los fundamentos, sobre la solidez que damos a nuestra vida. Nos invita a echar un vistazo a lo que sostiene nuestro ser de creyentes. Las comparaciones de los versículos 24-27 nos hablan de una vocación a la profundidad, de tener raíces. Si no es así por gusto nos fatigamos en múltiples actividades, en vano corremos.
Vivimos en tiempos de profundos terremotos, personal y globalmente, a todos los niveles, en la vida religiosa, en lo social, económico. Un tiempo de profundos cambios y mutaciones. Muchas construcciones aparentemente sólidas se nos derrumban. Son tiempos de perturbaciones, de crisis. Esto nos remite a los fundamentos, a la consistencia con la que construyo. Nos cuestiona los valores con los que edifico la casa.
¿Cómo construyes tu vida ? ¿Desde dónde construyes tu casa ? ¿Cuáles son los fundamentos que la hacen inamovible, que le da consistencia, novedad y belleza ? ¿Qué le da fortaleza y resistencia a tu casa ?
Aunque el Evangelio de hoy solo nos deja con el interrogante para responder cada cual, sugiero como repuesta ver cómo Jesús construyó su casa. ¿Sobre qué cimientos construyó su proyecto de vida ? ¿Dónde radicó su solidez hasta el punto de llegar hasta el extremo de entregar la vida ? Y a modo de sugerencia comparto lo que yo descubro como cimientos de Jesús : Belén, Nazaret, Gólgota y Pascua.
Cabe decir que tal vez hoy más que casas fuertes y grandes, estemos llamados a vivir en tiendas plantadas en el desierto. Carpas sencillas, en minoría, llenas de luz en su interior, y que son referencias unas para otras en medio de la noche. El desierto, la noche y el descampado permiten ver mejor las estrellas.

Ascensión González Calle r.a
Provincia Ecuador- Chile


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