II Domingo de Pascua- Sr Beatriz Mengz

Pâques - Easter - Pascua

 

En la resurrección de Jesús se cumple la historia del amor entre Dios y el hombre. La Resurrección constituye la plenitud de nuestra fe. En la cruz Jesús nos entrega el Espíritu. En la Pascua Jesús nos insufla el Espíritu : ¨sopló sobre ellos¨¨Recibid el Espíritu Santo¨ para que como los discípulos, seamos sus mensajeros y llevemos a todos el perdón. La Resurrección como muestra Juan es un despertar espiritual, una renovación de la vida donde Dios es el centro.
 
El perdón es la manera concreta del amor de Dios a través del Resucitado, la restauración de una relación personal e íntima con el Señor, la posibilidad de un nuevo comienzo : ¨ ¨el primer día de la semana¨ .
 
¨Los discípulos se alegraron al ver al Señor¨ El gozo de la Resurrección trae consigo la superación de nuestros miedos y de nuestros encerramientos.
 
  • Jesús, Señor Resucitado, pasa a través de todas nuestras puertas cerradas. Que nuestras estrecheces se dilaten y que el gozo se convierta en espacio abierto para acoger a todos en nuestra vida y recrear las relaciones.
    Cuando los discípulos le cuentan a Tomás su encuentro con el Resucitado, éste no les cree ¨si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creer騠:
  • Tomás, tú representas a todos los que hemos oído hablar de Jesús pero no le hemos visto. Quisiéramos tocarle y experimentarle, ver y palpar para reconocer amorosamente a nuestro Dios y Señor. Quisiéramos como tú, un encuentro personal con el Resucitado.
    Jesús confirma a Tomás, y en él también a nosotros. En la Eucaristía cotidiana, podemos palpar las heridas abiertas de Jesús y meter nuestra mano en su costado. En Él están las heridas de toda la humanidad y su cuerpo y su sangre son torrente de amor y bálsamo que cura el dolor del mundo y nos abre a la verdadera vida.
  • Tus heridas abiertas Señor, mis heridas, las heridas de la humanidad, son la posibilidad del torrente de tu misericordia, son lugar de encuentro y escenario del milagro de la fe. En ellas Tú, el Resucitado entras sanándonos y transformándonos y podemos reconocerte como el Señor y el Centro de nuestras vidas.
    Esta experiencia, cómo Tomás, la podemos tener ¨a los ocho días¨. El día octavo remite al mundo de la eternidad.
  • Quisiéramos Señor, dejar irrumpir a la eternidad en nuestras vidas, en nuestro hoy, en nuestro tiempo y en nuestro mundo, quisiéramos tener experiencia de tu vida divina en nuestras miserias cotidianas. Porque el día en que la eternidad irrumpe en nuestras vidas, nuestras heridas se transforman.
    ¨Dichosos los que creen sin haber visto¨ Quisiéramos verle y palparle. Hay, sin embargo, una manera de ver más profunda. Los discípulos vieron los signos, nosotros vemos la esencia. Los evangelistas escribieron los signos de Jesús y nosotros los leemos, pero esto no basta.
  • Concédenos Señor mirar con los ojos de la fe para participar de tu vida de Resucitado. Concédenos mirar la realidad con los ojos de la fe, para descubrir continuamente en ella, las heridas, el bálsamo que cura, el gozo y las huellas de tu Resurrección.

Sr Beatriz Mengs, ra
Vilnius - Europa del Norte

 


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