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Fiesta de la Trinidad - Sr. Camino Lescún

Année liturgique 2017-2018 [B]


El domingo pasado terminábamos el Tiempo de Pascua, con la celebración de Pentecostés. Tras haber visto a Jesús ascender a los cielos y haber recibido su Espíritu, el Espíritu del Padre, nos encontramos con la fiesta de la Trinidad. Quizás esto sea así porque sólo tras la Resurrección y la venida del Espíritu empezamos a ser capaces de comprender el misterio pleno de Dios.


En el evangelio del día se nos dice que los discípulos habían ido de nuevo a Galilea. Jerusalén, donde había acontecido la muerte de Jesús, estaba lejos, y han vuelto de nuevo a los comienzos, al lugar donde comenzó todo. Allí pueden volver a recordar todo lo vivido con Jesús, y desde una clave de fe iluminada por el Espíritu recibido en Pentecostés, volver a escuchar a Jesús. Llama la atención que, a pesar de la intensidad del momento, no todos están convencidos. Algunos dudan y vacilan. Sin embargo Jesús hace lo mismo que el Padre hizo con él hace tiempo. Les envía a predicar y hacer discípulos. Esto nos recuerda al envío que ya realizó Jesús en vida terrena, cuando les mandó de dos en dos. Sin embargo, esta vez añade algo nuevo : bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En esos momentos de comienzo de la Iglesia, los discípulos entienden ya que los tres son esenciales en la fe cristiana, y lo plasman como el objetivo de su misión.


En el fondo, ya los primeros cristianos nos están señalando algo no visto hasta ese momento : nuestro Dios, el Dios de los cristianos, no es un Dios solitario, sino un Dios que es comunidad. Desde el principio, Padre, Hijo y Espíritu viven en profunda comunión. El Amor es lo que los une y al mismo tiempo lo que les empuja fuera de sí. Porque el verdadero Amor siempre es creador… siempre empuja fuera de sí para mirar más allá. Desde esa comunidad de Amor, Jesús es enviado al mundo, a mostrar a los hombres el Amor con que Dios Trinidad les ama. Ahora termina su misión, pero comienza la de los discípulos. A semejanza de la Trinidad, son reunidos en comunidad, pero no para cerrarse ante el mundo o quedarse tranquilos. Sino para coger fuerzas y ser enviados a todos los pueblos.


Que en esta fiesta de la Trinidad podamos pedir al Padre, Hijo y Espíritu que nos ayude a construir verdaderas comunidades donde vivir el Amor creador, un Amor que nos empuje a la misión y nos comprometa desde lo profundo. Que como nuestro padre San Agustín quería, tengamos un sólo corazón y una sola alma, al servicios del Reino.


Sr. Camino Lescún, r.a.
España

 

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