Festividad de Todos los Santos

Année liturgique 2008-2009 [B]

¡Es nuestro día ! el día ! Día en el que todos, hombres y mujeres de todos los tiempos y de todas las latitudes, vamos a celebrar nuestro pequeño y humilde camino de santidad ; vamos a celebrar ese tesoro que cada uno de nosotros lleva dentro y que tenemos que cuidarlo, hacer que crezca. Lo importante, sin duda, es saber que está, alegrarnos enormemente de ello y hacer que ese tesoro se convierta en ese árbol en el que muchos hermanos y hermanas nuestras podrán venir y encontrar vida y paz.

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Fra Angelico

La liturgia de hoy se abre con ese texto lleno de simbolismo del Apocalipsis ; la multitud de los elegidos. Todos nosotros formamos parte de esa multitud de hijos de Dios de toda nación, raza pueblo y lengua. Y como hijos de Dios, en el Hijo Jesús, tenemos el camino trazado, el de las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas nos presentan el camino seguido por Jesús, el Hijo Bienaventurado por excelencia. Este camino que nos puede parecer imposible recorrer, se nos hace un poco más fácil -si de facilidad se puede hablar al hablar del evangelio- al contemplar a Jesús pobre, humilde, manso, limpio de corazón, constructor de la paz, derrochando la misericordia del Padre, comprometido hasta la cruz por anunciar el Reino del padre, su presencia en nuestro mundo, en el corazón de cada ser humano. ¡Tan cerca está el Reino...!

Al celebrar esta fiesta, vamos a recordar las palabras de Benedicto XVI en la ceremonia de canonización de Jorge Preca, Simón de Lipnica, Carlos de San Andrés Houben y MARÍA EUGENIA DE JESÚS MILLERET, el 3 de junio del 2007, en la Plaza de San Pedro de Roma.

La lectura del libro de la Sabiduría de aquel día inolvidable, nos recuerda la del Apocalipsis de la liturgia de hoy : El Papa nos invitaba a dejarnos envolver por el misterio de Dios y "mientras nos dejamos envolver por este supremo misterio, admiramos la gloria de Dios, que se refleja en la vida de los santos...A la Sabiduría, que es Dios mismo, le complace habitar en medio de los seres humanos, porque en ellos reconoce la imagen y la semejanza del Creador... ; sin salir de sí misma, renueva el universo ; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas" (Sb 7, 25-27).Ahí estamos todos, los santos de ayer y de hoy... Multitud incontable, de una variedad inigualable.

En el pasaje de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos encontramos una imagen semejante : la del amor de Dios "derramado en los corazones" de los santos, es decir, de los bautizados, "por medio del Espíritu Santo", que les ha sido dado (cf. Rm 5, 5).Y en su primera Carta, Juan nos abre al amor de Dios : Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos ! Por Cristo el Espíritu de Dios llega a nosotros como principio de vida nueva, "santa". El Espíritu pone el amor de Dios en el corazón de los creyentes, en la forma concreta que tenía en el hombre Jesús de Nazaret.

Y al llegar a esta frase no podemos dejar de pensar al texto de la liturgia de hoy : Las bienaventuranzas, la forma concreta que tomó el amor en la vida de Jesús de Nazaret. La bondad y el amor de Dios se manifiestan en los elementos del cosmos-, y lo hace sobre todo mediante las personas humanas, de modo especial mediante los santos y las santas, en los que se refleja con gran fuerza su luz, su verdad y su amor.

Leamos hoy este texto con el que se abre, en San Mateo, el sermón de la montaña, sin sacarlo de su conexto. Todo el sermón es un bellísimo comentario de la relación de Jesús con su Padre, única fuerza que le llevó a vivir como El vivió. Leamos, gustemos, saboreemos estos capítulos 5, 6 y 7 de Mateo, y a medida que los vayamos leyendo, entremos en la misma relacion filial de Jesús. Quizá acabemos diciendo : Concédeme, Señor, concédenos a todos, vivir como tú, el Hijo Amado, el Bienaventurado. Quizá más que nunca sea el tipo de santos que nuestra generación necesita.

Que Santa María Eugenia de Jesús, nos conceda vivir, como ella vivió el suyo, nuestro camino de santidad : en este momento, en medio de las realidades de hoy, con el corazón de Jesús.

Cristina María, r.a.
Malaga - España

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