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Festividad de Cristo Rey - Sr. Cristina María

Année liturgique 2014-2015 [B]

Jesús es Rey
“Mi reino no es de este mundo…”

Llegamos al término de un año litúrgico en el que hemos ido contemplando y celebrando a Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, el Mesías de pobres y pequeños. A Jesús que devuelve la vista, el habla, la vida misma. A Jesús que perdona, que manifiesta todo el ser misericordia de Dios. A Jesús que no ha cesado de hablarnos del Reino, un Reino que es como un grano de mostaza, o un poco de levadura, o la más pequeña de las semillas del campo… Un Reino que no se edifica sobre la fuerza sino sobre el amor, un Reino en el que los pobres y pequeños son los primeros. Y hoy la Liturgia lo celebra como el REY de ese Reino.

La Palabra nos va a ir dando rasgos de ese Reino y de ese Rey, cada uno con forma literaria de expresarse. El profeta Daniel nos dice que en su “visión nocturna” vio venir en las nubles del cielo como un hijo de hombre al que se le da poder, y cuyo dominio no pasa, y su reino no tendrá fin. Este hijo de hombre no proviene de los imperios de la tierra sino que viene de Dios. Todos los imperios de la tierra van a dar paso al Reino de Dios, esa pequeña piedra no movida por mano de hombre que cubrirá toda la tierra. Este reino en sencillez y humildemente debe crecer en medio de los poderes y vicisitudes de la historia gasta que la Gloria de Dios se manifieste.

El salmo 92 es un himno que el pueblo Israel cantaba al volver a su tierra tras la deportación a Babilonia. Este salmo traduce el entusiasmo de este pueblo que vuelve a su tierra, Jerusalén, para reconstruirla. En esta Jerusalén reconstruida el único rey será Dios. Con el salmista, en esta fiesta de Cristo Rey, proclamamos que ese Rey y su Reino vienen de Dios, no son de este mundo. Y ya proclamamos también que ese Reino, a través de la sencillez y mansedumbre de su Rey, irá “imprimiendo” en el corazón de los hombres los valores de este Reino, un Reino que nada ni nadie podrá destruir. En este Reino los pobres serán los primeros y la misericordia y el perdón marcarán las relaciones humanas.

La lectura del libro del Apocalipsis otorga a Jesús varios títulos : primogénito, príncipe, el que ama, el que nos ha librado de nuestros pecados, el que ha hecho de nosotros un reino y sacerdotes de Dios su Padre. Todos estos nombres nos van hablando de quién es Dios para el hombre y nos acercan al misterio de Salvación, a todo lo que por gracia Dios ha hecho por sus hijos en la persona del Hijo. En El, el Primogénito, hemos sido colmados gracia sobre gracia. Y como en una Liturgia todos respondemos : A El la gloria y el poder por los siglos. Amén.

El texto del Apocalipsis sigue hablando del Cristo : “el que viene”, al que “todos los ojos le verán, incluso los que le traspasaron”. Todos tendrán parte en la herencia. Y evoca el Misterio de la Cruz : “al que travesaron”, una cruz que será el culmen de la Historia de la Salvación. La Historia de la Salvación de la cual formamos parte tiene un principio (Alfa) y va hacia una culminación (Omega). En Jesús y por Jesús nos dirigimos hacia la VIDA.

Juan, en su Evangelio (18, 33b-37) nos presenta hoy la realeza de Jesús en su diálogo con Pilato. Pilato habla de una realeza. Jesús, de otra. El poder de PIlato necesita ejercer la fuerza para mantenerse. El de Jesús no la necesita, su realeza no es de este mundo ni se la ha dado El a sí mismo. Esa realeza de Jesús no se apoya en la fuerza ni en la violencia. Las características de este Reino son la verdad, el amor, la justicia, la libertad, la paz. La verdad que nos hace libres ; el amor que nos hace sentirnos hijos de Dios y hermanos unos de otros ; la justicia que nos hace solidarios ; la libertad que nos hace responsables ; y la paz como fruto abundante que nos llena de esperanza.

Así es el Reino que se nos ha entregado para que, a modo de semilla, o de una luz, o de un poco de sal, o de un perdón otorgado, o de un gesto de misericordia lo sembremos en el campo del mundo. Todo eso viene de Dios. Así ejerció Jesús su realeza, así fue testigo de la Verdad. Nos toca a nosotros seguir su camino y así ser, también nosotros, mensajeros y testigos de la VERDAD.

Sr. Cristina María, r.a.
Madrid (España)


Textos del día : Daniel 7, 13-14. Salmo 92 ; Ap 1, 5-8 ; Jn 18, 33b-37

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