Epifanía

Temps de Noël
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- Meditación

Mateo es el único de los cuatro evangelistas que nos hablan de los magos venidos de Oriente, siguiendo una estrella, para honrar el nacimiento de Jesús. La tradición, a partir del siglo VI, les dio un nombre : Melchor, Baltasar y Gaspar. La liturgia nos remite ampliamente a las Escrituras que nos esclarecen este camino al fulgor de la estrella de los magos venidos de Oriente : ¡Álzate, ¡ Resplandece, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé sobre ti ha amanecido Caminarán las naciones, y los reyes al resplandor de tu alborada. Un sin fín de camellos te cubrirá (...) ; Todos ellos de Sabá vienen portadores de oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahvé" proclama Isaías ( Is 60, 1-6) El Salmo 72, larga oración por el rey dado por Dios a su pueblo, también canta : todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones (Sal. 72, 11).
El relato está en su totalidad fundado sobre opuestos : Jerusalén, capital real, se opone a Belén, aldea humilde, pero lugar de donde surgió David ; Herodes es considerado rey, pero el verdadero rey es el niño de Belén ; el astro acompaña a los magos, pero desaparece mientras se encuentran en Jerusalén ; los escribas conocen las Escrituras, son los magos quienes salen al encuentro...
Los magos buscan al rey de los Judíos cuya estrella vieron en Oriente. Comienzan a caminar basados en una revelación milagrosa, la estrella, que su función, su ciencia, los predisponían a descubrir. Vienen para rendir homenaje al niño cuyo nacimiento es anunciado de esta manera. Con su actitud, los magos reconocen la revelación divina de la que son beneficiarios. Pero aún poniéndose en camino gracias a la estrella, los magos no llegan a Belén sino a Jerusalén donde la estrella parece ausente.
En Jerusalén, Herodes acude a los escribas y manda leer las Escrituras. Y los escribas comprenden : relacionando de modo completamente inédito textos que hasta entonces habían permanecido silenciados y dispersos, hacen una lectura con total clarividencia del profeta Miqueas (5, 1) que asocian de modo único con un otro texto de la Escritura (2 Sam. 5, 2) que designa al pastor que reinará sobre Israel. Sus ojos supieron leer y reconocer el lugar del nacimiento del Mesías de Dios. Sin embargo los escribas no tomarán el camino de los pobres, aquel que hicieron los magos. Herodes finge hacerlo.
Los magos se ponen de nuevo en marcha y el astro les indica un único alojamiento, María y el niño. Entran y experimentan una alegría tan inmensa que nadie podrá arrebatarles jamás. Y en seguida ofrecen lo más hermoso de sus riquezas : el oro que le honra como rey, el incienso como Dios, la mirra como a aquel que pasará por la muerte pero saldrá vencedor de ella. Los obsequios de los magos, al igual que su larga marcha, reconocen al rey cuyo reino es otro.
Al término del episodio y después de la adoración, un sueño de Dios avisa a los magos que deben regresar por otro camino. Pero a partir de este momento, todos los pueblos de la tierra han encontrado el acceso al camino de Dios. De todas las razas, aquellos que caminan tras la estrella, hacia el encuentro con ese Mesías de humildad que salva, podrán deleitarse de la felicidad del paso de Dios y de su “entrada” en humanidad. Seamos de estos caminantes con la mirada fija en la estrella y con la Escritura al alcance de la mano y del corazón ...

- Explicación

En tiempos de Jesús, en el mundo griego se hablaba de la estrella que aparecía al nacer los grandes hombres, de su buena estrella. Lo mismo ocurría en el mundo judío : contábamos por ejemplo en un midrash se relata cómo los astrólogos le anunciaron al rey el nacimiento de Abraham : "vieron alzarse una estrella en los cielos... Esto indica a un niño que tomará posesión del mundo entero". La estrella señala los caminos de Dios. La estrella de los magos recorrió las Escrituras y se congratula ante el Mesías de Dios, el rey de Israel. El Oriente era también un término simbólico para designar al Mesías. Tenemos como prueba la traducción por la Setenta de la palabra hebrea que indica germen por Oriente en Jer 23, 5 ; Zac 3, 8 ; 6, 12. En este contexto, el astro es pues el símbolo de la realeza de Jesús, atrayendo a las naciones que confían en él.

© Sr Sophie Ramond, r.a.

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