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Domingo del tiempo ordinario - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2012-2013 [C]

Dispongamos nuestro corazón para acoger la Palabra de Dios. Invoquemos al Espíritu Santo para que penetre nuestra alma, que ayudados de su bondad y de su gracia caminemos al encuentro del hermano.

La liturgia nos regala hoy un texto bello, que ha sido muy comentado por autores de todos los tiempos, que ha alentado la vida de tantos cristianos ; y que sigue aportando novedad y vida a la vida de la Iglesia. Es la parábola del Buen Samaritano.

El texto se presenta lleno de movimiento y comunicación, tanto verbal como no verbal. El legista se levanta y pone a prueba a Jesús, al que llama Maestro. El legista, conoce la Ley pero lanza a Jesús la pregunta de cómo debe actuar para heredar la vida eterna, la vida buena y verdadera junto a Dios. Quiere saber la respuesta de Jesús al don de Dios, al don de la vida en abundancia. Se podría decir que el legista está preocupado por el futuro, que aspira a algo más que el presente. Jesús no rechaza la respuesta y le devuelve la pregunta al legista, le hace responder con la Ley. La contestación queda rubricada con el texto del Shemá (Dt 6,4), al que se le une un versículo del Levítico (Lv 18,5). Por lo tanto, podemos decir que la fe en el único Dios y el amor a Dios, con la totalidad del ser persona, están unidos con el amor al prójimo. En la repuesta sólo aparece una vez el verbo amar uniendo, en una comunión indisoluble, a Dios y al prójimo. El amor a Dios tiene claras implicaciones y consecuencias en la realidad de la vida.

Volviendo al texto ; la respuesta del legista era correcta, la respuesta de Jesús le conmina a llevar a la práctica lo que confesaban sus labios. La fe creída debe sostenerse, para no mentir al mundo, en la fe vivida.

El hasta ahora protagonista vuelve de nuevo con otra pregunta para Jesús, necesita que este le concretice quién es su prójimo. Otra vez, Jesús no rehúye la pregunta y responde con la parábola. Ahora los protagonistas son el hombre malherido y los que lo ven. Todo acontece en el camino, lugar primordial para el evangelista Lucas. El camino ya indica movimiento, trasiego de personas y cosas, lugar donde distintas realidades asoman con todo su peso y se muestran, a los caminantes y peregrinos, con toda su verdad. En el camino de Jerusalén a Jericó la maldad de unos desalmados hiere a un hombre al que dejan sin nada, nada material y malherido. El hombre está a merced de la bondad del resto de caminantes. Necesita de los otros, él solo y en su estado no puede valerse. Es bien conocido que tanto el sacerdote como el levita vieron al hombre malherido, los dos lo vieron y los dos dieron un rodeo. La realidad se presenta a los ojos de los dos pero no respondieron a ella, sus motivos tendrían (quizás el quedar impuros) para pasar de largo y no practicar la misericordia, el auxilio y la caridad. La realidad nos presenta oportunidades para implicarnos y exige que se actúe con determinación ; la realidad es un buen lugar para poner en práctica aquello que confiesan nuestros labios y hemos elegido como opción de vida. El levita y el sacerdote conocían las exigencias de la Ley pero optaron por la parte legal y abandonaron la parte humana de la misma.

Otro protagonista entra en escena : un samaritano, alguien del que socialmente no se esperaba nada. Este lo ve y siente compasión, a Jesús también le pasa lo mismo que ante el desvalimiento de la muchedumbre siente compasión (Mt 15,32). Todos los gestos que tiene el samaritano con el herido muestran preocupación, desvelos, cercanía y ternura : se acercó, lo vendó, le echó aceite y vino en las heridas, lo subió a su cabalgadura. Al imaginar esto último podemos pensar que quizás el samaritano tuvo que ir a pie para que el hombre herido fuera más cómodo sobre la grupa de su montura. Lo llevó a una posada, lo cuidó y con las monedas que dejó al posadero se aseguró de que iba a estar atendido hasta el final. El amor ante una realidad concreta exige gestos concretos. La misericordia con el prójimo es un compromiso que entraña una doble dirección. Prójimo no es sólo el que está cerca de nosotros reclamando nuestra atención, nosotros podemos hacernos próximos de los que están en los caminos, solicitando nuestros gestos concretos de amor.

El legista al ser interrogado de nuevo por Jesús responde con acierto : el prójimo fue el que practicó la misericordia con el desvalido. Jesús le invita a ponerse de camino y encarnar la Palabra con su vida para heredar la vida eterna ; la vida plena junto a Dios pasa por responder y ocuparse de lo cotidiano desde Jesús.

Jesús, el buen samaritano, nos está hoy invitando a no traicionar la Palabra con nuestros actos. (Si alguno dice : Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso ; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. 1 Jn 4,20). Para la misión de amar a Dios y al prójimo contamos con el amor de Dios que nos precede siempre, y con su gracia que se manifiesta en las debilidades que nos hacen pasar de largo. “El camino hacia Dios pasa hoy por el prójimo, por la ciudad, por el mundo. Es el camino del buen samaritano de Jerusalén a Jericó”. (Olegario González de Cardedal).

Pidamos hoy a Jesús, buen samaritano, que nos ayude a tener el gesto y la palabra oportuna con nuestros hermanos desvalidos en los caminos de la vida.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca - España

 

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