Domingo del Tiempo Ordinario - Sr Cristina Gonzalez

Ordinaire - Ordinario - Ordinary

Si quieres, puedes limpiarme

Quiero, quedas limpio

 

Desde el tercer domingo del tiempo ordinario nos encontramos en la lectura del Evangelio de Marcos : Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. La Buena Nueva de Jesucristo, la Buena Nueva que es Jesucristo, el Hijo. La lectura pausada del Evangelio nos va acercando a Jesús e invitándonos a entrar en el tiempo de la salvación. Hoy lo hace a través de la curación de un leproso.

En opinión judía, el leproso era un primogénito de la muerte (Job 18, 13). Los marcados por la lepra eran aislados y no podían acercarse a los otros : estaban sujetos a una larga enfermedad, a una muerte lenta, y hasta se los proscribían como pecadores, pues la lepra pasaba por ser el castigo de pecados graves. Y había una serie de enfermedades que necesitaban ser comprobadas por un sacerdote.
Este relato que agrega Marcos (es la única curación de un leproso en su evangelio) no nos da ni el lugar ni el tiempo en el que este milagro sucede. Lo que nos va ya dejando percibir es que Jesús quiere realizar su misión como un hijo fiel obediente al Padre, en la humildad del siervo. Su gloria aparecerá en su muerte y resurrección pero antes quiere ser un humilde heraldo del Evangelio. A pesar de pretender vivir así su misión, las masas irán en su busca a todas partes, incluso a los lugares más solitarios.
Esta escena se comprende perfectamente como una historia de curación : un hombre pobre, víctima de la lepra, tiene el coraje de acercarse a Jesús e, hincándose de rodillas, suplicarle con gran confianza : Si quieres, puedes dejarme limpio. Jesús se compadece de su necesidad, extiende su mano, toca al intocable y acoge su petición respondiendo exactamente con las mismas palabras : Quiero, queda limpio. Jesús cura al enfermo, le envía al sacerdote para que le declare puro y ofrezca el sacrificio prescrito para tales casos. Y para que conste, es decir para que le sirva de testimonio, frase que puede querer decir : que sea un testimonio, ante los que no creen, un anuncio del Dios que salva y cura. El leproso una vez curado no se presentó al sacerdote, se puso a proclamar el hecho, se convierte en predicador, en mensajero de la Buena Noticia.
Jesús se retira. Solamente después de Pascua se entenderá esta acción de Jesús : el Señor de la salud y de la vida la ofrece, la da a quien estaba condenado a la muerte. Pero en aquel momento Jesús se ocultaba, quería recorrer en obediencia su camino hacia la gloria a través de la oscuridad.
A nosotros creyentes, nacidos de la fe por la Pascua de Jesús, ¿qué nos quiere decir este texto ? Dos gestos nos pueden hablar particularmente uno del leproso y otro de Jesús. Del leproso puede hablarnos su humildad y su confianza : Si quieres, puedes limpiarme. Acudir a Jesús no solo cuando le necesitamos sino por el simple hecho de dejarnos sorprender por Él, de ir al encuentro de la vida. Y todo lo demás vendrá por añadidura. El leproso va al encuentro de Jesús rompiendo las normas, va hacia una persona no contagiada. Jesús, por su parte, rompe también las normas hablando en él, tocándole. En Marcos no es Jesús el que se contagia con la enfermedad sino el leproso el que queda contagiado de esa fuerza salvadora que es Jesús. Un humilde “si quieres” va seguido de un “quiero, quedas limpio”. Pero muchas veces es necesario ese “si quieres…” de nuestra parte.
El gesto de Jesús, su compasión : sintiendo lástima, extendió la mano y le tocó. Jesús se implica con el enfermo. Su gesto precedía al de leproso. Jesús está unido, implicado, trabado a la vida de sus criaturas porque El mismo está trabajo, unido íntimamente al Padre compasivo. El Hijo de Dios vivo se implica también compasivamente con los hijos de Dios, es el buen pastor que no se retira ante adversidad… Jesús prefiere dar la vida antes que generar sufrimiento… Jesús vive su vida desde la Fuente de la Vida. Y en la Eucaristía lo celebramos y proclamamos : Anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos, a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, Padre, Él mismo se entregó a la muerte y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida. (Plegaria Eucarística, IV)
Acojamos la Palabra que nos invita hoy a ser, también nosotros, generadores de la Vida recibida. Así pondremos en práctica una recomendación esencial de Pablo en la segunda lectura de este domingo : Hacedlo todo a gloria de Dios, viviendo orientados hacia los demás, sin despreciar a nadie. El Dios compasivo no dejar nunca de ser el Dios de la Vida. A nosotros nos toca anunciarlo viviendo “a su manera “, como Él.
 
Cristina María, r.a.
Málaga - Spania

 


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