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Domingo de Resurrección - Sr. Camino Lescún

Année liturgique 2012-2013 [C]

LA ALEGRÍA DEL RESUCITADO SÓLO SE VIVE EN PLENITUD EN COMUNIDAD

Siempre es difícil decir algo nuevo sobre el evangelio del Domingo de Resurrección, pero en este año de la fe, vamos a releerlo desde ésta, intentando “sacar provecho” para su vivencia.

Empieza Juan diciéndonos que era “el primer día de la semana”, alusión al gran Sabbath (Jn 19, 31), al día en que Dios terminó la creación… y comienza la Nueva Creación y la Nueva Pascua. Iba María Magdalena al sepulcro al amanecer, es decir, muy temprano, con el ansia de quien no puede vivir sin el Amado. Pero todavía en tinieblas. En Juan, éstas aparecen siempre en un sentido simbólico, no como mera ausencia de luz. La tiniebla es aquello que nos impide la visión del proyecto de Dios sobre el hombre, es la fe imperfecta que todavía no ha conseguido reconocer a Dios. Por eso, Jesús es la luz del mundo que brilla en las tinieblas, y al cual éstas no reciben (cf. Jn 1,5). Sólo Él puede luchar contra ellas, ya que “Dios es luz y no hay ninguna tiniebla en él” (1 Jn 1,5). Muchos autores señalan el paralelismo de este texto con el Cantar de los Cantares (cf. S. Castro, Evangelio de Juan, 467 ss), donde la amada sale a buscar al amado de noche : “en mi lecho, por la noche, busqué al amado de mi alma y no lo encontré… me levanté y lo busqué…” (Ct 3,1-2).

María Magdalena (¿quizás acompañada de otras mujeres ?) encuentra la losa del sepulcro quitada, y sin acercarse más ni mirar dentro, sale corriendo, en busca de Pedro y del discípulo a quien tanto quería Jesús para comunicarles la conclusión a la que ha llegado : han robado al Señor de su sepulcro. María Magdalena está cegada por su dolor, y no es capaz de ver más allá. Ha salido, como la amada del Cantar, en busca del amado, pero lo busca entre los muertos, se encuentra aún sumergida en las tinieblas. Lo mismo les sucede a los discípulos, símbolo de la comunidad ; está dispersa, en actitud de búsqueda, pero buscando a Jesús donde no está.

Ante el anuncio de María, Pedro sale corriendo, y le sigue el otro discípulo. Éste corre más y llega antes ; dice San Agustín que quien más ama, más corre. Era el discípulo predilecto, aquel que se había recostado sobre el pecho de Jesús. Desde el umbral, ve “los lienzos puestos allí”, dice el texto original, y no entra, sino que espera a Pedro. La descripción nos recuerda la visión de un lecho nupcial, preparado para los esposos. A continuación llega Pedro, y entra. Ve lo mismo que otro discípulo, situado de la misma forma, pero repara también en el sudario, puesto a parte. Éste es símbolo de la muerte, pero se encuentra separado del símbolo de la vida. La resurrección de Cristo ha acontecido rompiendo desde dentro la muerte, y convirtiéndose, con las nuevas bodas, en el símbolo de la Vida. Sólo en ese momento entra el otro discípulo, y de él se nos dice que vio y creyó.

Aunque a lo largo de la historia se han mostrado las diferencias entre ambos discípulos (autoridad y carisma, crédulo e incrédulo), el texto (y el resto del evangelio) nos muestra la relación que existe entre ellos. Aparecen juntos en muchos momentos, vuelto el uno hacia el otro, casi a la par, pero dependiendo del momento, uno es el que tira del otro. El discípulo amado corre más, y Pedro le sigue ; Pedro entra primero, y el discípulo lo hace a continuación, creyendo ante la visión (¿quizás Pedro habría creído antes ?). Lo importante del pasaje es que, juntos, llegan a la plenitud de la fe, ayudándose el uno al otro a descubrir al Señor que ya no aparece visible a sus ojos. Así lo señala el último versículo, “no habían entendido”, ninguno de los dos, y en ese momento entendieron, los dos, que tenía que resucitar de entre los muertos.

Pidamos al Señor que, en este año de la fe, refuerce nuestras relaciones, tanto comunitarias como eclesiales, y las haga más profundas, para que podamos ayudarnos unos a otros en el camino de la fe, ayudándonos a descubrir donde se encuentra la Luz del mundo que puede dar la Vida en plenitud. La Iglesia, en su sabiduría, nos ofrece cincuenta días para entrar en la gracia y la alegría del Resucitado, que sepamos aprovecharlos.

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos !

Sr. Camino Lescún, ra
España


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