Domingo de Ramos - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2013-2014 [A]

En este domingo conmemoramos la entrada del Señor en Jerusalén. ¡Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel ! ¡Hosanna en el cielo ! El tiempo que vamos a empezar a vivir estos días se presenta como un tiempo denso y especial donde son muchos los momentos en los que nos podemos acercar a contemplar como Jesús, el Cristo, da la vida por cada uno de nosotros.

Jesús y sus discípulos llegaron a Betfagé, cerca del monte de los Olivos. El nombre de Betfagé significa “casa de higos verdes”. Al comienzo del relato evangélico escuchamos a Jesús dando instrucciones a sus discípulos sobre lo que tienen qué hacer. El cumplimiento de la voluntad del Padre en la vida de Jesús entra en los últimos y más decisivos momentos. Jesús se había ido afirmando en su voluntad de ir a Jerusalén (Lc 9,51). Al pedir la borrica, para entrar en la ciudad santa, Jesús está cumpliendo con lo anunciado en la profecía del profeta Zacarías (Za 9,9). Hemos visto la obediencia filial de Jesús y también vemos, en este pasaje, cómo los discípulos escuchan los mandatos de Jesús y cumplen con lo que le piden. Traen al pollino y encima le echan sus mantos. Jesús se subió encima del asno. El asno, en los países orientales en la antigüedad, no tenía sólo el sentido de pobreza como en los occidentales. Servía de cabalgadura a reyes y nobles. El poner sus “mantos” sobre estos animales es señal de honor.

A la entrada de Jesús la gente alfombraba el camino con lo que tenían : sus mantos. Para preparar el camino también cortaban ramas de árboles. En el Libro de los Reyes cuando Jehú es proclamado rey, todos los presentes tomaron sus mantos y los colocaron a sus pies. (2 R 9,13). Estos tres hechos : colocar los mantos sobre los animales, poner mantos sobre el camino, y extender ramas en la vía, demuestran que honraban a Jesús como el verdadero rey, como el Mesías.

Con Jesús debió venir ya desde un principio un cierto cortejo de discípulos. Pero las gentes que viene a engrosar este cortejo es la que sale de Jerusalén, al saber que llegaba El y por efecto del milagro de la resurrección de Lázaro (Jn 12:18). El gentío aclama a Jesús. En sus expresiones se mezcla el entusiasmo con el reconocimiento de la figura de quién es Jesús. Lo aclaman como al Hijo de David, Altísimo y el que viene en el nombre del Señor. Las citas vienen del salmo 118. Era parte de la liturgia de la Pascua conocida como Salmos Hillel. Estos eran usados cada año para dar la bienvenida a los peregrinos que subían a Jerusalén, pero este año había un peregrino especial. Estos versículos se aplican únicamente a Él.

Una de esas aclamaciones, que aparece en los evangelios de Mateo, Marcos y Juan, y es el clásico “Hosanna”. Esta expresión, perdiendo su sentido etimológico primitivo (Yahvé salva), vino a ser una exclamación de júbilo que contenía diversos matices. En esta escena el sentido natural del hosanna es como pronunciar “¡Viva !”, como si hoy dijeramos, ¡Viva el Señor !

También, al entrar en Jerusalén, otra gente preguntaba, ¿quién es ? Una pregunta que en otro momento es Jesús mismo quien se la hace a sus propios discípulos (Mc 8,27). Los que iban en el cortejo contestan : es Jesús, el profeta de Galilea.

Estamos ante la Semana más importante del cristiano, estamos ante el Misterio más profundo de nuestra fe, ante la consumación del amor llevado hasta el extremo. Podemos terminar con las mismas palabras de san Andrés de Creta : “Aclamémosle también nosotros. Como lo hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciendo un día y otro : Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel”.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca


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