Domingo de Ramos

Carême

Se rebajó hasta someterse a la muerte y muerte de cruz” Él, Jesús, que había venido a la tierra para ser peregrino, Él, el huésped divino entre nosotros, camina ahora definitivamente hacia Jerusalén para vivir la muerte y la resurrección. Él es el líder de la vida y su camino es el nuestro.

En la Pasión se desmorona nuestra esperanza de la plenitud en este mundo. Nadie podrá escapar de la realidad de la cruz y del aparente sinsentido de la muerte. Sin embargo, Dios con sus manos extendidas en la cruz nos muestra el amor infinito. Sus manos abiertas quieren abrazarnos y llevarnos de nuevo a casa. La cruz es el puente que nos conduce del sinsentido a la cercanía de Dios. La cruz nos desvela a un Dios que no sólo no destruye nuestra plenitud sino que viene a encontrarnos en la búsqueda de la misma, para estar presente allí donde nadie más puede consolarnos.

Lucas quiere en este domingo, compartir con nosotros, igual que con los griegos, la Buena Noticia de Jesús como redentor. El nos ha rescatado con su muerte. ¿Cómo es posible que lo que ocurrió antiguamente tenga un poder redentor hoy para nosotros ?
En primer lugar, Lucas, según el modelo griego, nos presenta el camino de Jesús como un espectáculo “El pueblo estaba allí mirando” (Lc 23,35), cuyo momento culminante es la muerte en cruz : “Y toda la gente que había acudido al espectáculo, al ver lo sucedido, volvía golpeándose el pecho” (Lc 23,48)
Para los griegos el espectáculo era algo que removía lo más hondo del corazón, purificaba las emociones y los sufrimientos de los hombres. El espectáculo transformaba al ser humano.
Así, cada vez que miramos lo que Lucas, en su evangelio pone ante nosotros, nos vamos transformando. Tenemos que golpearnos el pecho como los antiguos espectadores y dejar que el corazón se conmueva.

En segundo lugar, Lucas nos expone el poder redentor de Jesús con la imagen del Justo. Según los griegos, lo que constituye al verdadero hombre es el bien, la belleza, el decoro, y la justicia. “La justicia es el mejor estado del alma” En la cruz Jesús es el hombre Justo. Su muerte interpela y sana. Si le miramos, encontraremos la liberación y la sanación en nosotros mismos.
No lloréis por mí mujeres de Jerusalén ; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lc23,28) Jesús nunca ha pedido la compasión para él, ni siquiera en este momento. Lo único que pide es nuestra conversión y el cambio de vida. La muerte en cruz es la más estentórea llamada a la conversión que Jesús ha lanzado en su vida.
Ante su muerte, los conocidos y las mujeres “que le habían seguido desde Galilea” (Lc 23,49), dice Lucas, “seguían de pie viéndolo todo”, pero el verbo de Lucas ya no indica “ver un espectáculo” sino “observar con minuciosidad” para dejar que caiga en el corazón lo que después se habrá de comprender. Más tarde “las mujeres vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo” (Lc 23,35) Lucas utiliza todavía un tercer verbo que indica un “mirar, con intuición y esperanza en el poder de Dios.

Abramos en este domingo de Ramos los sentidos de nuestra inteligencia para comprender, para escuchar como el iniciado cfr.Is 50, hagámonos de nuevo discípulos obedientes, capaces de entregarnos, como el Siervo, a las humillaciones y a la cruz cotidiana, intuyendo el poder de la Resurrección, capaces de anunciar palabras alentadoras, dejándonos transformar por lo que contemplamos, haciéndonos con Jesús líderes de la vida.

Beatriz Mengs, RA
Europa del Norte

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

S'inscrire à l'info-lettre