Domingo de Pascua - Sr Cristina María

Pâques - Easter - Pascua

 

Jesús, Camino y el camino hacia la morada, el Padre,
Nuestras raíces están en Dios  
 
El tiempo de Pascua avanza hacia la gran Fiesta de Pentecostés. Gracias al Espíritu nosotros vamos comprendiendo, cada día un poco mejor, el sentido de las Escrituras. La Escritura, leída desde el acontecimiento pascual, nos da una luz única sobre el misterio de Dios, sobre el misterio de Jesús, sobre nuestra propia existencia humana y creyente.
 
La liturgia del 4° domingo de Pascua nos presentaba a Jesús abriéndonos a una comprensión cercana de quién era y es para nosotros : puerta y pastor. Hoy se nos presenta como camino, verdad y vida, sin olvidar esas otras imágenes del evangelio de Juan : Yo soy el agua y el pan de vida, la luz del mundo. Ninguna imagen puede abarcar el misterio de Dios pero todas ellas nos ayudan a penetrar en él.
 
Durante la semana hemos abierto el capítulo 14 del Evangelio de Juan. Jesús acaba de fundar su comunidad dándole por estatuto el mandamiento del amor (cap. 13). Ahora va a explicar a los suyos cuál es la relación de la comunidad con el Padre y con Él. Cuando Él, Jesús, vuelva al Padre, los suyos vivirán una relación íntima con Él y con el Padre.
 
Los suyos, serán miembros de la familia del Padre que los acogerá en su hogar. Jesús va a prepararles el sitio. El Padre estará con ellos pues en el camino hacia la nueva casa, la comunidad de discípulos, cada uno de ellos, tendrá que identificarse progresivamente con Jesús, vivir como Él vivió. La meta es el Padre, el camino es el Hijo. Desde esta perspectiva comprendemos mejor el texto de Juan. A la petición de Felipe : Muéstranos al Padre, Jesús no tiene otra propuesta : Quien me ve a mí, ha visto al Padre, y el camino para conocer e ir al Padre es el mismo camino vivido por el Hijo. El Hijo es el camino hecho vida.
 
¡Ya sabéis el camino para la casa del Padre ! « Yo soy el camino… ». Y Jesús, al decir esto, no solo da un signo de identificación de quién es Él sino que nos está revelando todo lo que Él es en el misterio del Dios Trino, nos está abriendo a la realidad de Dios. Jesús es el camino, « el atajo » que Dios nos ha regalado para encontrarnos con su rostro de Padre. Viéndolo a Él, Jesús, ya vemos a Dios. Siguiéndolo a Él, tenemos asegurada la meta : la casa común del Padre Dios. Allí nos espera y nos ha preparado una posada, una morada. Allí están nuestras raíces. Estamos enraizados en Dios. No hay que temer : No tengáis miedo.
 
Vamos hacia la morada definitiva desde el hogar, desde la comunidad que formamos y de la que somos piedras vivas (1Pedro 2,4). Hombres y mujeres elegidos, consagrados, amados, propiedad de Dios para proclamar el término del camino : entrar en la luz maravillosa.
 
El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 6,1-7) nos habla de la Iglesia como la comunidad que formaban los primeros seguidores de Jesús, aquellos a los que se les conocían como « los seguidores del Camino » (Hechos 9,2), los que seguían el camino de Jesús, los que vivían como Él. »
 
La comunidad de los creyentes vive enraizada en Dios, con la mirada en las cosas de arriba de donde recibe la mirada nueva para ver nuevas todas las cosas de la tierra, para intentar transformarlas. No nos desentendemos ni nos despreocupamos de nuestra tierra y nuestra historia, sino que orientamos nuestra mirada hacia Dios para poner un color nuevo en nuestra mirada que nos mueva a vivir de otra manera y a transformar todas las cosas. De esta mirada recibimos la Verdad y la Vida.
 
Cristina María, r.a.
Malaga, España

 

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