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Domingo XXVIII del tiempo ordinario

Année liturgique 2018-2019 [C]
Lectura del segundo libro de los Reyes 5,14-17
Para prepararnos para este rato de oración y de descubrir la Palabra de Dios esta frase de San Bernardo de Claraval nos sirve de “puerta” para descubrir la profundidad de vivir en el agradecimiento. “Cuando nos mostramos agradecidos por cuanto recibimos, ensanchamos más en nosotros el espacio para recibir un don todavía mayor”. La Liturgia de la Palabra de este domingo nos propone dos relatos de curaciones de la lepra, en la primera lectura y en el Evangelio. El comentario será sobre la primera lectura. 
La lectura del libro de los Reyes nos presenta al general del Ejército sirio, Naamán, obedeciendo la palabra del profeta Eliseo. El General era enemigo del pueblo de Israel. Y Eliseo era el discípulo del gran profeta Elías. Naamán era un enemigo poderoso, que además estaba enfermo de lepra. La lectura nos describe a Eliseo como el hombre de Dios. Podemos pensar que Naamán deseaba tanto curarse de una enfermedad maldita en aquella época que escucha la palabra de un profeta de una tierra extranjera. No solo escucha su palabra, sino que la lleva a la práctica y va a bañarse al río Jordán. Este río es curativo para la mentalidad del pueblo de Israel. Naamán se baña en la fe, en la tradición del Pueblo. Se bañó siete veces, este detalle nos puede indicar la necesidad de la perseverancia y la constancia en la búsqueda de la fe. Naamán no desfalleció, no desistió de creer. 
Pidamos, a la luz de esta Palabra, que el Señor nos aumente el don de la fe, para confiar en Aquel que todo lo puede. Que los milagros de Dios y de Jesús los podamos leer y rezar desde la perspectiva liberadora del Reino de Dios. 
Igualmente podemos detener nuestra oración ante el agradecimiento del General al hombre de Dios. Naamán una vez que se ha curado regresó a casa del profeta Eliseo para mostrar su agradecimiento. Insiste en que acepte un regalo, pero Eliseo rechaza cualquier presente. El agradecimiento es un acto de nobleza. El agradecimiento fluye de los corazones que reconocen un don como fruto de un amor. 
Damos gracias a Dios, en este mes misionero por esta lectura, porque el proyecto de Dios no se detiene, no hace acepción de personas, ni de lugares. El comportamiento de Eliseo de no rechazar a nadie puede servirnos de ejemplo y de acción de gracias, una vez más, por tantos profetas de antaño y de ahora que no han despreciado a ningún Hijo de Dios, ni por enfermo, ni por extranjero. 
El salmo 97, salmo de la Liturgia de este domingo puede cerrar nuestra oración : 
 
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas. 
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo ;
el Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia :
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. 
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. 
 
Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca


Imagen : Eliseo cura a Naamán. The Trustees of the British Museum. Frankfurt 1630. c.1625-30.

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