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Domingo XXVIII del T.O. - Sr Cristina María

Année liturgique 2017-2018 [B]

Jesús, mirándole le amó


La liturgia de la Palabra de este domingo comienza con un elogio a la Sabiduría. A lo largo de toda su Historia, el pueblo de Israel ha sido llamado a la libertad : es la vocación recibida y la fuente de su sabiduría. Y aunque con frecuencia la ha querido ignorar buscando la seguridad de los ídolos, cuando medita sobre su historia descubre cuál es su verdadera riqueza : la sabiduría, reflejo del mismo Dios, que vale más que todos los otros bienes juntos. El texto que la Liturgia nos presenta hoy (Sabiduría 7, 1-11) es una oración en la que el sabio pide conocer la verdadera sabiduría, ese don que vale más que toda piedra preciosa. Es una invitación a vivir la vida con realismo y sensatez, pisando tierra. Se nos invita a descubrir y a vivir el sentido de nuestra existencia : Vivimos en el tiempo, pero no para el tiempo. Vivimos nuestra vida en el tiempo pero con vistas a la eternidad. Cierto que “nuestros días pasan… y se acaban como un suspiro”. Pero Dios nos ha pensado proyectados hacia el infinito. Sembrados en el tiempo pero con germen de eternidad.


El salmo 89 nos invita a mirar hacia lo definitivo. Vamos a repetir en esta liturgia de la Palabra : Sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Ya en esta tierra veremos la bondad del Señor reposar sobre nosotros, llenar nuestro corazón y de ahí ese júbilo sin fin. Para el creyente la muerte no es el final : “quien cree en Mí no morirá para siempre”, nos espera lo definitivo : el encuentro con Aquel que “desde siempre y para siempre es nuestro Dios”. No podemos dejar de proclamar esta buena noticia. De generación en generación el Señor ha sido, es y será nuestro refugio, nuestra alegría, nuestra esperanza.


El autor de la carta a los Hebreos acaba de recordar cómo la falta de fe de Israel le ha conducido a la catástrofe, pero no se queda ahí sino que recuerda la importancia del Hoy que es donde Dios nos habla. En este hoy, en el nuestro de cada día, Dios nos habla como a hijos (12, 5), es un hoy eterno. Su palabra nos penetra, nos juzga amorosamente y suscita en nuestro hoy un diálogo amoroso que espera una respuesta de nuestra parte. Es una palabra, la de Dios, que nos penetra, que empapa nuestra tierra y la hace fructificar. Una palabra que salva y recrea y una palabra que nos hace buenos cada vez que la acogemos. (Hebreos 4, 12-13)


El texto del Evangelio de Marcos (10, 17-30) va a recordarnos donde está la verdadera riqueza, la que es reflejo del mismo Dios. Un Joven sale al encuentro de Jesús, se arrodilla ante él y le pregunta : Maestro bueno, ¿qué he de hacer para entrar en la vida eterna ? Este joven tenía muchos bienes y quizá no percibió que Jesús le miraba con cariño y que quería sacar lo mejor de él. No sus bienes sino su amor. Pensaba que tenía que hacer algo para ganar la vida eterna. Jesús le va a hacer comprender dónde está la vida, donde está el lado bueno de la vida, la verdadera vida. Y Jesús le habla de la verdadera vida que se encuentra exponiéndola, entregándola para anunciar y vivir los valores del Reino. Esto es lo que le faltaba saber a este joven. Tenía todo pero le faltaba lo esencial que también lo buscaba : Va, vende y ven conmigo y tendrás un tesoro en el cielo. El cambio fundamental al que llama Jesús es el de comprender que la vida se nos da para entregarla, no se nos da para tener éxito sino para iniciar una vida más fraterna y solidaria. Lo importante no era el venderlo todo sino el ven y sígueme.


El Evangelio nos propone una vida según los valores de Jesús. ¿Sabremos escuchar bien esta propuesta ? Dejándonos mirar por Jesús y siguiendo al que nos ama todo es posible : Escuchar su llamada y responder a ella. Es de una riqueza incontable y por ella vale la pena dejarlo todo.


Sr Cristina María, r.a.
Madrid - España

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