Domingo XXIX - Sr. Cristina María

Année liturgique 2013-2014 [A]

¿De quién es esa imagen ? Y nosotros ¿de quién somos imagen ?

La liturgia de este domingo en el que la Iglesia celebra el Domingo Mundial de Misiones, puede ayudarnos a entrar más profundamente en el lema de este año 2014 : RENACE LA ALEGRIA. Renace la alegría cuando se anuncia el Evangelio : Renace la alegría cuando la Buena Noticia toma raíces en el corazón de quien la escucha y la deja actuar en su interior. Renace la alegría cuando esa Buena Noticia, que es causa de una profunda alegría, se convierte en anuncio y nosotros nos convertimos en discípulos misioneros.

Dios elige a quien quiere para llevar a cabo su plan de salvación. En la primera lectura (Is 45, 1.4-6) leemos la elección de Ciro, un rey pagano, como instrumento de salvación para todos los pueblos. Dios es el Señor de todos y elige a Ciro que no conocía al Dios de Israel, para que entre en la dinámica de la historia de la liberación de su pueblo. El Salmo 95 nos invita a alabar la inmensa universalidad del corazón de Dios : Familias de los pueblos aclamad al Señor.

La primera carta de Pablo a los cristianos de Tesalónica (1, 1-5) es el primer escrito del Nuevo Testamento. Pablo da gracias a Dios por esta comunidad naciente. Les recuerda la vitalidad misionera de su fe, el amor que la mueve y la paciencia que brota de la esperanza en la vuelta del Señor. Pablo les recuerda que son amados por Dios, que Dios les ama ; que son elegidos por El y que el anuncio del Evangelio que ellos han recibido, tiene la fuerza de una convicción : el Señor Jesús, muerto y resucitado, vive y quiere que todos los hombres vivamos de su vida misma. Anuncio que ahora nos toca a nosotros vivir y proclamar. Este texto, proclamado en el Domingo de Misiones, nos lleva a agradecer a Dios la fe recibida tan gratuitamente de Dios y nuestra vocación a anunciar aquello que hemos oído, en lo que hemos creído por la fuerza del Espíritu. Así pues, amados y elegidos de Dios y discípulos misioneros.

El texto del Evangelio de hoy (Mt 22, 15-21) se sitúa en la sección del Evangelio de Mateo que prepara ya la pasión. La precedente terminaba con las palabras de Jesús sobre el destino que le aguardaba y su instrucción sobre las exigencias del seguimiento, de ponerse en camino siguiendo sus huellas. Ahora Jesús entra en Jerusalén (Mt 21,1). Recibe una acogida calurosa de la gente : Bendito el que viene en nombre del Señor (21,9) y esta acogida se convierte pronto en enfrentamiento con las autoridades judía, y termina en un rechazo Fontal. Esta sección se concluirá con las mismas palabras con las que se inició : Bendito el que viene en nombre del Señor (23,39). Mateo se refiere posiblemente a una vuelta posterior de Cristo. La manifestación de Jesús como Mesías ha sido acogida por parte de los dirigentes religiosos del pueblo con recelo, sospecha y rechazo. Las promesas hechas a Israel tendrán su realización más allá de las fronteras de la ciudad santa.

El Evangelio nos trae esa fase de Jesús tantas veces dicha y, a la vez, con tantas interpretaciones de la misma : Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El contexto de este encuentro de Jesús con los discípulos de los fariseos, partidarios de Herodes, es un contexto poco claro. Los que vienen a preguntarle le tienden una trampa. Jesús no entra en una oposición entre lo religioso y lo político : Dios y el César. ¿De quién la imagen de la moneda ? se limita Jesús a preguntar.”Del César” le respondieron. Pues dad al César lo que es suyo y a Dios lo que es de Dios. La imagen del César señala hasta dónde llega su poder. Así el poder de Dios llega hasta donde llega su imagen. El hombre, imagen y semejanza de Dios, pertenece plenamente a Dios y cualquier dimensión de su vida se refiere a Dios. Distinguir los dos planos y responder a cada uno de ellos es la labor de discernimiento que Jesús propone. Lo que el creyente debe dar a Dios es una relación de amor filial y de amistad que se traduce en una manera de vivir personal y ante los demás según el estilo del Evangelio : trabajar en la sociedad y en la vida pública por un mundo más justo y más humano para que este mundo se convierta en Reino de Dios y brillen los valores del Evangelio. Amor y compromiso por las cosas de Dios : el hombre y la creación, el hombre y la realidad de cada día. Y así ser hijo y discípulo : hijo e imagen del Padre y servidor de los hombres. Para que el Reino llegue a nuestra tierra.

Cristina María, r.a.
Málaga, España

 


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