Vous êtes ici:

Domingo XXII del tiempo ordinario - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2016-2017 [A]

Para comenzar este rato de oración con la Palabra de Dios podemos entrar en la Presencia de Dios rezando con el salmo 62 propuesto en la liturgia de este domingo. Nosotros también lo buscamos como el sediento busca el agua. Agua que fecunda y empapa el corazón. Tenemos sed de ti, Señor.

La perícopa del Evangelio de Mateo no la podemos dejar de leer sin recordar el pasaje que le antecede. Pedro, leíamos el domingo pasado, confesaba a Jesús como Mesías, como Señor. Y Jesús lo llamaba Bienaventurado. Y le encomienda a Pedro su nueva misión. Luego Jesús insiste en que sus discípulos no revelen a nadie su ser mesiánico. Y nuevamente comienza a explicarles en qué consiste su ser Hijo, enviado y Mesías.

Leemos que tiene que ir a Jerusalén, y allí va a sufrir mucho. Jesús comparte quién le causará ese sufrimiento. Les dice también que va a ser matado y resucitar. Pedro no entiende, se resiste a que se hagan realidad las palabras de Jesús. Pero tenemos que pensar y rezar que esas Palabras, Jesús las va a encarnar hasta dar la vida por cada uno de nosotros, son el cumplimiento de la voluntad del Padre. Y en la oración del Padre Nuestro, Jesús reza y así nos lo enseña a rezar para cumplir la voluntad del Padre. Y desde ese deseo de cumplimiento de la voluntad del Padre podemos entender el deber de Jesús de subir a Jerusalén. En las palabras humanas de Pedro podemos oír y contemplar las palabras de un amigo que no quiere el sufrimiento de otro amigo, que dará la vida por él. La voluntad de Dios es su proyecto de salvación para la vida en abundancia del hombre. Al rezar estas palabras puede que brote desde nuestro corazón el agradecimiento por tanto don recibido.

Jesús continúa enseñando y aparecen una serie de premisas para ser discípulos. Negarse, cargar con la cruz y seguir. Verbos acompañados de un pronombre personal donde cada uno de nosotros podemos poner nuestro nombre. Algunos de estos verbos parecen contradictorios entre sí. Salvar, perder y encontrar. Pidamos al Señor luz para comprender el seguimiento al que como bautizados hemos sido llamados, cada uno de nosotros dentro de su vocación particular.

Pidamos al Señor su gracia y su amor para huir del bienestar espiritual y de la búsqueda de nosotros mismos- salvar- y cargar con nuestra propia cruz- perder y encontrar-. Sabemos que al perder la vida la estamos ganando. Teilhard de Chardin escribía a quien se quejaba del peso de las cruces en su vida consagrada a Dios : "Quizá miras mal a la cruz y no ves en ella más que dos palos cruzados. Da la vuelta a la cruz y verás en ella a Jesús clavado por amor. Entonces todo cambiará de sentido y lo comprenderás todo".

Que el Espíritu Santo nos haga capaces de seguir a Jesús con valentía y fidelidad ya que al final de nuestros días se nos preguntará, a cada uno en particular, por cómo ha sido nuestro seguimiento y nuestra medida, generosa o tacaña, en el obrar.
El seguimiento no nos inhibe de nuestra responsabilidad personal. Jesús tampoco lo hizo y subió a Jerusalén. Sabemos que como discípulos que Él recorrió el camino primero, su diestra nos sostiene y nuestra alma está unida a la del Señor.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

Derniers articles

S'inscrire à l'info-lettre