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Domingo XXI del tiempo ordinario - Sr. Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

Fijos los ojos en Jesús


En este Domingo XXI del tiempo ordinario, la Palabra nos habla, en la primera lectura, de las fuerzas de unión frente a las fuerzas de dispersión entre los hombres. Y es el mismo Dios el que viene a unir para que las fuerzas que unen sean más fuertes que las que dividen. El profeta nos presente uno de los signos del poder de Dios y de la salvación que El quiere para todos los pueblos : la comunión, la unidad. Y Dios mismo se convierte en centro de convergencia de todos los pueblos, naciones y lenguas. Israel va a convertirse en portavoz de Dios para los pueblos paganos, en intermediario de su palabra y de su salvación para todos los pueblos. Y todos los pueblos “verán mi gloria”. Y de todos los países Israel traerá a muchos como ofrenda al Señor al templo. Y de entre ellos el Señor escogerá sacerdotes y levitas para que sean, ellos también, sus portavoces. Y la mesa del Reino será una mesa universal.


El salmo 116 será una gran alabanza a esta acción universal de Dios, un cántico unánime de alabanza. La fidelidad de Dios, que atraviesa toda la historia, lo ha hecho. Y esta fidelidad se hace presente también en todas nuestras comunidades, en el hoy de la historia y de la Iglesia. Y en el hoy de nuestras propias vidas.


El texto de la Carta a los Hebreos del domingo precedente, hacía una comparación para animar a los cristianos a llevar adelante el combate de la fe : quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata y corramos en la carrera que nos toca. Sin retirarnos, fijos los ojos en Jesús, el iniciador y consumador de nuestra fe. El ejemplo de Jesús, su entrega en la cruz, nos indica el ánimo con el que hay que mantener ese combate. El texto de este domingo nos presenta una nueva comparación : dejarnos guiar, corregir, que alguien enderece nuestra marcha, acogiendo la acción de Dios, la acción del Padre. Dios corrige porque ama y el fruto de esta corrección es la paz. Dios corrige y orienta nuestros pasos para poder llegar y atravesar la puerta estrecha que conduce al encuentro definitivo con el Señor. Dos consejos para ello : fortalecer las manos débiles y las rodillas vacilantes y caminar por la senda llana.


La senda llana que conduce hacia la puerta verdadera es la fidelidad al evangelio de Jesús. A la pregunta de los discípulos sobre cuántos se salvarán Jesús responde sobre el cómo de la salvación, sobre el esfuerzo, el trabajo interior, que hay que llevar adelante. La puerta estrecha es imagen de la entrada en el Reino, entrada a la que conduce una vida vivida en torno a la opción por Jesús y por su Evangelio. El esfuerzo está en vivir desde la Buena Noticia de Jesús, es articular toda una vida en torno a esta opción que se convierte en la opción prioritaria ante la que toda otra opción es relativa. Vivir en esta dinámica del Reino requiere una conversión continua. A este nivel de coherencia interior se sitúa el esfuerzo. No vivir desde este dinamismo es cerrar la puerta. No basta enseñar, hablar de Jesús. Lo que nos mantiene en la senda de la verdadera vida es la coherencia de nuestra propia vida.


La salvación es un don para todos. En la mesa del Reino habrá comensales de oriente y de occidente, del norte y del sur. Pero una cosa es necesaria para participar en esa mesa : haber sido testigos de los valores del Reino, haber mantenido los ojos fijos en Jesús por la conversión y una gran confianza en la misericordia entrañable de nuestro Dios.


Sr. Cristina María, r.a.
Madrid, España

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