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Domingo XVI del Tiempo Ordinario - Sr

Année liturgique 2018-2019 [C]


La liturgia de este domingo nos invita a la Hospitalidad. Nos proclama el misterio de Dios, ese misterio que es Cristo en medio de nosotros y que se hace cercano y que nos acoge, nos cuida y nos cura.


En la primera lectura Abrahán acoge al extraño con exquisita hospitalidad, sin saber, al principio, que está recibiendo a Dios mismo. Dios da a Abrahán más de lo que Abrahán pudiera dar a Dios : el hijo de la promesa. Los dones de Dios siempre nos sobrepasan, son de una hondura, de una profundidad que solo desde el corazón podemos comprender algo y, sobre todo, acoger ese don que se nos hace. El don único, insospechable que Dios ha hecho y hace sin cesar a la humanidad es su Hijo Jesucristo. El don es pues EL MISMO, ES SU Vida en nosotros.
Pablo acoge en su propia vida ese don. Es la experiencia fundamental de Pablo, la que dará un fundamento a su vida de apóstol, de creyente, de maestro en la fe. Pablo hizo la experiencia de un encuentro con Jesús que modelará toda su vida y sus palabras : Para mí, dirá en su carta a los Gálatas, VIVIR ES CRISTO. Y al decir esto lo dice todo. Pablo ha hecho de su vida una con la de Cristo y así vivir para Dios…Vivir en la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2,20)
En el texto que se lee en este domingo de la Carta a los Colosenses, Pablo les dirá que está contento de sufrir por Cristo y de darlo a conocer a muchos otros. Quiere que Cristo habite en todos, que todos se hagan perfectos en Cristo. Les invita, nos invita, a creer y a celebrar que Cristo en nosotros es ya la esperanza de la gloria, de aquello que un día viviremos para siempre. Y ya, desde ahora, viviendo su vivir en nuestra vida, se va modelando en nosotros lo que un día seremos para siempre : Hijos de Dios, en plenitud que veremos a Dios tan cual es. Y esto para siempre. Pablo nos hace “gustar” ya desde ahora lo que un día seremos para Dios y lo que Dios será para nosotros.


En el Evangelio Marta y María acogen a Jesús en su casa como su huésped. María se preocupa por dar a su huésped todo lo que necesita ; María está atenta a él como persona ; le da toda su atención. Es sorprendente cómo personas pobres y humildes como Abraham, Marta y María y tantos hombres y mujeres, creyentes o no creyentes que nos rodean, pueden ser con frecuencia muy hospitalarias 0freciendo al que llega aquello que tienen. Ofrecen a sus huéspedes comida y bebida que ellos mismos no pueden permitirse. Dejémonos interpelar por estos testigos : ¿Somos nosotros acogedores para el huésped, para el extraño ?
Abramos nuestras puertas y nuestros corazones. Es quizás Jesús mismo quien viene a nuestro hogar. San Benito aconsejaba a sus monjes : “Viene el huésped, viene Cristo ; acójanle”. Seamos atentos para con él. Y recordemos lo acogedor que es Jesús para con nosotros, precisamente aquí, en la Eucaristía DE ESTE DOMINGO y en el vivir de cada día. Y RECIBE Y ACOGE su Palabra.


Sr Cristina Maria
Madrid - España



Primera Lectura (Gn 18,1-10a) : No pases de largo ante tu siervo Segunda Lectura (Col 1,24-28) : Sed perfectos en Cristo
Evangelio (Lc 10,38-42) : María ha escogido la mejor parte

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