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Domingo XV del Tiempo ordinario - Sr. Cristina María

Année liturgique 2014-2015 [B]

El evangelio de hoy se encuentra inmerso en el contexto de la preparación que Jesús da a sus apóstoles para que sean los continuadores de su misión : ir por todo el mundo a predicar el evangelio. Ahora Jesús envía por primera vez a sus apóstoles, de dos en dos. Los envía a anunciar la buena nueva. Los había llamado para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar (Mc 3,14), y ahora lo hace según la costumbre judía cuando el mensaje que se trasmite es importante : ir “de dos en dos”. Y les da las indicaciones pertinentes ; no les permite llevar sino lo que es estrictamente necesario. El Espíritu de Cristo será el que ponga la semilla del anuncio en el corazón de los que lo escuchen ; la fuerza transformadora del Evangelio no reside en el que lo anuncie sino en esa fuerza de lo alto.
 
Es su primera misión y la deben realizar con sencillez y humildad, llevando sólo lo necesario. El camino lo tendrán que realizar con sandalias y un bastón en la mano, señal del profeta itinerante. Nada debe estorbar el cumplimiento de la misión : el anuncio del Reino. En Marcos, esto es una invitación a imitar a Jesús, a seguirle ; los asocia a su vida pobre, sencilla y humilde. Les había dicho “seguidme”, “venid conmigo” ; ahora los envía a una tarea. Y es así : cada vez que el Señor llama es para enviar. Como a todos los bautizados, a quienes nos ha llamado por el bautismo (Ef 1, 3-14) para formar parte de su Iglesia y para que vivamos como cristianos cumpliendo con una misión, con una tarea, nos repite : vivid de acuerdo con el evangelio para anunciar el Reino de Dios, para ser constructores de ese Reino entre los hombres ; un reino de justicia, de paz y de amor. Al haber sido incorporados a la misión de la Iglesia, somos partícipes de ella. Por eso la tarea de la evangelización es tarea de todo bautizado… todos tenemos que evangelizar el mundo, realizar la “nueva evangelización”.

A los apóstoles les dio autoridad para curar, expulsar espíritus impuros y obrar los signos que Él realizaba. Jesús los asocia a su ministerio de compasión : a atender a los enfermos, a tratarlos con misericordia. Los envía a predicar la conversión, como lo hizo el Bautista anunciando la llegada del Mesías, como lo hizo Él mismo anunciando que el Reino estaba cerca. Y ellos fueron, pues, a predicar la conversión y a curar a los enfermos. Pero también a participar en la experiencia de Jesús : ser rechazado. “Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se vayan de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies”. Así también -como en la primera lectura- es rechazado el profeta Amós, a quien se le comunica que regrese a su pueblo Judá. El profeta responderá : “Yahvé es quien me sacó de detrás de las ovejas y me dijo : Ve y habla en mi nombre a Israel, mi pueblo”.

Como el profeta Amós y como los apóstoles, hoy nos toca a nosotros. Llevamos con nosotros la bendición, como nos dice Pablo : Hemos sido bendecidos en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos… Hemos sido elegidos, hemos sido redimidos… Todos hemos heredado esta bendición y tenemos que anunciarla, que llevarla, comunicar que el tesoros de su sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros… esta bendición quiere hacer de toda la humanidad un pueblo que cante, que proclame la gloria de Dios en nuestra tierra. Anunciar el evangelio en todas partes y ser constructores del Reino entre los hombres es nuestra misión.

Cristina María, r.a.
Málaga - España

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