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Domingo XIV del tiempo ordinario - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2017-2018 [B]


Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a renovar nuestra alabanza hacia Él, Dios hecho hombre.
Analizamos el texto y percibimos la cotidianidad en el día a día de Jesús. Predicador itinerante va de camino a su tierra. Como judío acude a la sinagoga el sábado y empieza a enseñar. La multitud, en este caso sus vecinos, se preguntaban, asombrados, de dónde le venían a Jesús esas palabras cargadas de sabiduría. Una pregunta normal si tenemos en cuenta que hasta hacía poco tiempo él vivía en Nazaret. También se cuestionaban por su capacidad para hacer milagros y por su familia. Todos estos interrogantes nos resultan normales. Pero estamos llamados a dar un paso más. A pedirle al Espíritu Santo que nos acompañe a entender la vida oculta de Jesús para dar valor a nuestros escenarios cotidianos y vitales.
Jesús vuelve a Nazaret, al lugar donde creció con María y José. Al lugar donde echó raíces e hizo aprendizajes vitales. Donde contempló la realidad de sus paisanos ; sus trabajos, sus dolores, sus fatigas, desvelos y alegrías. Admiró el campo, el lago, los animales, el Templo. El Hijo de Dios se va configurando y forjando en Nazaret. Contempla, se expone con la gente, escucha, reza, trabaja y luego se pone de camino. Caer en la cuenta de todo este proceso nos puede ayudar a aumentar nuestra fe cuando miramos a Jesús. Los milagros, las curaciones, la predicación no están acaso llenas de todo lo cotidiano que Jesús, el Hijo, había vivido y experimentado. E igualmente Jesús sabía muy bien que ningún profeta lo es en su tierra.
En este pasaje volvemos a caer en la cuenta de cómo Jesús no es admirado por la muchedumbre, y experimenta el rechazo. Detrás de ese rechazo resuenan las palabras del prólogo de Juan “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Las ideas preconcebidas no ayudaban a la fe de sus paisanos. La envidia les hace tropezar y escandalizarse. El paso de ver a Jesús como Dios y hombre verdadero era un paso difícil para sus coetáneos, pidamos al Señor que aumente nuestra fe para ver y reconocer en Jesús el misterio de la Encarnación.
Pidamos, con fe acoger a Jesús en la tierra de nuestro corazón, acoger a Jesucristo que viene a nosotros en su Palabra, en su Eucaristía, en los otros, en el perdón, en la Historia. Que viene a nosotros con todo su amor en lo más rutinario de nuestra vida.
Y a pesar de todo, Jesús no abandonó a los suyos. A algunos los curó imponiéndoles sus manos. Y siguió caminando los caminos de su Pueblo enseñando. Ese aparente fracaso no paralizó su misión. La misión del Hijo de Dios.
Pidamos a Jesús la gracia de reconocerlo y recibirle en nuestros lugares cotidianos.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita



Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6, 1-6

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