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Domingo XI del tiempo Ordinario - Sr Cristina Gonzalez

Année liturgique 2011-2012 [B]

Ramas verdes, altos cedros, brotes tiernos, semillas que crecen…

Ramas tiernas, cedros altos, tiernos brotes, frutos, semillas pequeñas que crecen, aves que anidan al abrigo de las ramas… Este domingo la Palabra de Dios nos ofrece un rico abanico de imágenes tomadas del mundo de la naturaleza. A través de todo este lenguaje se nos va descubriendo lo central del mensaje de Jesús : El reino de Dios.

El texto de la Buena Nueva de Jesús según San Marcos recoge dos parábolas de Jesús : dos conjuntos de imágenes sin explicación o interpretación de las mismas. Con el Reino de Dios afirma Jesús, sucede como lo que sucede en ambas parábolas.

¿Y qué sucede en ellas ? La semilla germina hasta llegar a grano sin que el sembrador sepa cómo. La pequeñísima semilla de mostaza llega a ser la mayor de las hortalizas sin que el sembrador sepa el porqué. Sembrada la semilla, la semilla sigue su curso hasta el final. Jesús asegura que esto es lo que sucede con el Reino de Dios.

Hablando del reino de Dios Jesús anuncia simplemente a Dios. Nos dice : Dios existe ; Dios no ha desaparecido ; Dios es realmente Dios, es decir, tiene en sus manos los hilos del mundo, es el señor de la Historia : Dios actúa, se manifiesta en ella como el Dios vivo ; Dios es fiel a su compromiso de amor adquirido, con todos y cada uno de nosotros, desde el momento mismo de comenzar a existir.

Hablar del reino de Dios es pues hablar de Jesús mismo. Con El se nos revela ese plan de salvación y de vida nueva y plena que Dios ha querido desde siempre para toda la humanidad, sus hijos, y que ofrece sin cesar a todas las personas.

Y nos la ofrece con su propia pedagogía : El nos enseña a ver en profundidad el corazón de las personas, los acontecimientos, mirar lo pequeño, lo que se ve desde dentro, lo que apenas cuenta, lo sencillo, lo pobre. Y a través de esa pedagogía nos lleva a lo esencial que es El mismo. Esos son los brotes de los que habla el profeta Ezequiel o la semilla insignificante de la que nos habla el texto de Marcos, esos brotes de esperanza. Lo que vamos descubriendo de Dios en la propia vida y en la vida de nuestros hermanos y de nuestro mundo.

A través de cosas pequeñas Dios va entrando en nuestra vida de fe. Y nos concede dar esos pequeños pasos hacia el sentirnos y sabernos hijos suyos, hermanos de todos, al estilo de Jesús. Esos pasos son como esos brotes de esperanza. Y el Reino va creciendo en nosotros.

La palabra de Dios, que es la palabra que Jesús nos dirige, se va haciendo una fuente de revelación en todos los acontecimientos de nuestra existencia. De ahí la necesidad de ponernos, día tras día, a la escucha de la palabra para que la misma vida, lo que vamos viviendo, viendo y oyendo… nos diga algo de Dios. Estar habitados así por la Palabra con toda la atención de un corazón que se orienta hacia ella es intentar acogerla lo más profundamente posible y dejar brotar en nosotros el fruto del que ella es portadora.

Dejémonos visitar, transformar convertir por la Palabra, para que pueda producir sus frutos en nosotros y a través de nosotros.

Cristina María, r.a.
Málaga


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