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Domingo XI del Tiempo Ordnario - Sr Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

Mira a esta mujer…
Tu fe te ha salvado. Vete en Paz


La liturgia dominical va entrando en el ritmo del tiempo ordinario tras la celebración de las Fiestas que nos han llevado a celebrar misterios centrales de nuestra fe. La liturgia de este Domingo XI tiene un fuerte eco y sigue la misma estructura que la del Domingo X. El domingo anterior se proclamaron dos textos que nos hablaron de un Dios de vida : por intercesión de Elías, una madre viuda de Sarepta recupera a su hijo que acababa de morir. Y en el Evangelio, a otra mujer viuda que acababa de perder a su hijo único, en Naim, Jesús se lo devuelve a la Madre. Jesús hace patente la bondad y la ternura de Dios hacia lo más débiles y desamparados. Y Pablo, en la segunda lectura, confesaba su fe en Jesús, a través del cual había recibido una nueva vida, por pura benevolencia del Padre.


Este domingo tenemos también al Dios que quiere la vida para todos, sean de la nación que sean, que se complace en tres personas : un rey, David, que es objeto de la misericordia entrañable de Dios. De ese “hombre eres tú”, un pecador, abocado a la muerte, David pasa a la dicha de aquel “a quien le ha sido perdonado su pecado”. 


Un apóstol, Pablo, convencido de que Dios restablece en su amistad al ser humano por medio de la fe en Jesucristo y no por el cumplimiento de la Ley, confiesa la creación nueva que Dios ha operado en él. Y todo por pura gracia. En adelante, su vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios que me amo y se entregó por mí. Y Pablo no quiere hacer inútil la bondad de Dios


En el Evangelio tenemos a una mujer. Simón, un fariseo que invita a Jesús, y que al ver a la mujer a los pies de Jesús haciendo todos los gestos posibles de hospitalidad, empieza a dudar de Jesús - “si fuera profeta…”-. La mujer no dice nada, solo se deshace en gestos de acogida y de hospitalidad. Gestos de amor. Simón interpreta los gestos de la mujer muy negativamente, gestos seductores. Esta mirada no le permite descubrir en Jesús al profeta de la compasión de Dios. La mirada de Jesús es diferente : El solo ve en esta acción a una mujer que se sabe pecadora, querida y perdonada no por sus méritos, sino por la bondad y misericordia de ese Dios del que habla Jesús.


Necesitamos saber mirar para poder ver, porque puede ocurrirnos como a Simón : Observa la ley y no se siente pecador, pero el mensaje de Jesús sobre el perdón de Dios no afecta a su vida. Nosotros, ¿sabemos mirar ? ¿Sabemos ver al Dios de Jesús ? ¿Qué necesito aprender de Jesús para mirar a las personas y a las situaciones como El ?


El Papa Francisco comenta ese mirar de Jesús : “Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales. Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc 7,15). Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión : « Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc 5,19). También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia. Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre los de Mateo. Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce. (El rostro de la misericordia, 8)


En cada uno de los personajes que el Evangelio de Lucas nos va presentando en estos domingos, se contempla esa inmensa misericordia de nuestro Dios.


Jesús no se queda nunca al margen del ser humano. Lo que afecta a sus criaturas le afecta a El. Sabe mirar, ver, descubrir, restaurar, crear, amar, perdonar porque no olvida para qué vino al mundo : Para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia. Vida nueva, nuevas criaturas, nueva creación. Sigamos celebrando el amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo Jesús.


Sr Cristina María, r.a.
Madrid - España

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