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Domingo IV de Cuaresma - Sr Cristina Maria

Année liturgique 2017-2018 [B]

Dios es Fiel a su Amor y a su Alianza

La Alianza entre Dios y la humanidad (domingos anteriores) es cosa de dos. Por parte de Dios El es Fiel. Lo ha demostrado a lo largo de la Historia, de un modo especial en el Éxodo y en la peregrinación por el desierto y la entrada en la tierra prometida.
El autor del libro de las Crónicas (primera lectura de este domingo) interpreta el gran desastre de la cautividad del pueblo en Babilonia como un castigo por sus pecados. El pueblo multiplicó sus infidelidades. La destrucción de Jerusalén y de su Templo y el largo camino por el desierto fueron la corrección de Dios a la infidelidad del pueblo a la Alianza. Pero Dios nunca cierra sus puertas y permitió la vuelta a Jerusalén. El salmo 136 expresa los sentimientos de los que estaban en tierra extranjera. Echan de menos los cantos de Sión y piden a Dios que termine con sus enemigos.
Pablo en su carta a los Efesios (segunda lectura) canta el amor de Dios que supera todo pecado y es un amor que salva. Por su gran amor nos ha hecho vivir en Cristo. Los que se incorporan a Cristo viven con El, resucitan con El, se sientan con El junto al Padre. Todo es don gratuito, un amor que espera la fe y las buenas obras. Este amor gratuito nos prepara a la escucha de la Buena Noticia de este domingo.
Juan, en su evangelio, nos recuerda la peregrinación de Israel por el desierto guiado por la presencia de Yahvé. El Hijo del Hombre, Jesús, va a ser también camino : camino de Dios hacia nosotros y también nuestro camino hacia Dios. Juan explica el verdadero significado de la noción de juicio. La intención de Dios es sencilla : salvar al mundo, llevarnos de vuelta a lo que hemos sido llamados a ser ante sus ojos desde toda la eternidad. Creados con el don del libre albedrío debemos aceptar libremente el don del amor que Dios nos ofrece. Para Juan, el signo de esta aceptación es que confiemos en su Hijo único y sigamos sus caminos.
Toda la vida de Jesús es una subida hacia la gloria de Dios, una subida que culmina en su muerte y resurrección. Es la hora hacia la cual tiende toda la vida de Jesús, la hora de la glorificación. Y esa gloria es la que nos comunica. Y en el don del Hijo es el Padre quien se nos da con la plenitud de su amor. Dios quiere comunicar vida y vida eterna. A nosotros se nos ofrece el acogerla en la fe. Creer en el Hijo Único es creer en Dios que ama al mundo y creer que este amor es la realidad primera y absoluta. Creer en esta revelación llena de luz toda la vida del creyente.
En este cuarto domingo de Cuaresma podemos agradecer, alabar, proclamar que el amor de Dios no se ha acabado ni se ha agotado su ternura ; cada mañana se renuevan : grande es su fidelidad. (Lamentaciones 3, 22ss). Su Pascua será el gran signo de su Amor.

Sr Cristina María, r.a.
Madrid - España

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