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Domingo De Adviento - Ha Ascensión González

Avent-Noël

EL DIOS HUMANIZADO Y HUMANIZANTE PIDE SER ACOGIDO

En medio de este carnaval consumista de la Navidad, el cristiano se dispone a celebrar ante la sencillez del pesebre y la sobriedad del Evangelio la alegría del nacimiento de Jesucristo, el Dios-con-nosotros.
El cristiano “está en otra” (como se dice aquí en Chile) porque espera a Alguien y sabe que si ese Alguien le falta no tiene ningún sentido y la alegría será tan pasajera como un fuego artificial, que luego de un despliegue de luces se vuelve oscuridad total.

El relato del Evangelio de este cuarto domingo de Adviento es impresionantemente sobrio para anunciarnos la concepción de Jesús. Nos habla de la joven María desposada con José, hombre justo y bueno ; nos habla del que nacerá y tendrá por nombre Jesús y nos habla también del gran personaje de ese acontecimiento : el Espíritu Santo.
En pocas palabras nos señala que se trata de un acontecimiento único que rompe todos los esquemas : es el Espíritu de Dios el que hace posible este acontecimiento del “Hijo, nacido según lo humano de la estirpe de David ; constituido por el Espíritu Santo en Hijo de Dios” (Rom 1,3-4).
Estamos situadas ante el Misterio, ante una intervención de Dios que no tiene ninguna otra lógica ni explicación. El que nacerá y se llamará Jesús, es obra de Dios. Es más, es Dios mismo que se hace hombre.
La Navidad es ese gran misterio del Dios humanado.

¿Qué nos dice a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI que Dios se haga hombre ? Hoy somos sensibles a todo lo que sea humanización.
“El Misterio del cosmos infinito, el aliento del futuro, el ansia de vivir, la capacidad de amar por encima de nuestro instinto, el deseo de perfección de belleza y de eternidad se hizo primero agua, tierra, barro, luego sol y luna y también se hizo planta, se hizo pez y pájaro”, es lo que llamamos la creación, pues el espíritu de Dios se zambullía sobre las aguas como dice el Génesis. Y por fin se hizo niño para llegar a ser hombre. Y todo ello es lo que los cristianos llamamos Encarnación.

Y eso es la Navidad : la presencia de Dios en carne y hueso. Nunca nos lo hemos creído del todo pues siempre levantamos los ojos al cielo para nombrar a Dios o para hablarle y no los hemos dirigido a los demás, sobre todo si son de otra raza o clase diferente. Ni tampoco lo encontramos en nosotros mismos.
Y a eso es a lo que somos llamados los seres humanos, esa es nuestra vocación, la misma de Dios humanizarnos.
¿Y cómo se humaniza Dios ? Se humaniza haciéndose otro, poniéndose en la piel del otro, en el lugar del otro, comprendiendo al otro.
Y si nuestra misión en la vida es humanizarnos, ponernos en la piel del otro será el camino para ser felices. Eso será crecer de verdad, hacerse hombre o mujer de verdad, crecer en humanidad. Y esta dimensión alcanzará también a la naturaleza, humanizar nuestros trabajos, las cosas, nuestras relaciones, nuestras estructuras sociales, nuestras ciudades y nuestras vidas.


Este es el sentido de las lecturas de hoy, el profeta Isaías nos habla de la apuesta que Dios hace por su pueblo, por lo suyo más allá de las expectativas que el mismo rey tiene. Dios le dará una señal de que El tiene proyectos de vida, y esta consistirá en el niño que se está gestando en el vientre de la joven madre (Is 7,13-14).
Del mismo modo, a José se le desvela el modo de actuar de Dios a partir de otro niño que será la presencia del Dios deseado y soñado por su pueblo, El Mesías (Mt 1,21)

En cada niño que nace en este mundo es un signo de que Dios sigue confiando en nosotros, que sigue confiando en nuestras posibilidades para ser felices, para construir un mundo mejor, un mundo distinto donde ser bueno no signifique ser ingenuo, un mundo distinto donde los sencillos no sean pisoteados, un mundo distinto donde brille la justicia para los que son marginados y humillados.
En cada niño que nace, Dios tiene puesta su confianza y su esperanza para que hagamos de esta tierra algo más parecido a lo que Dios pensó al crearla.

Si esto es lo que ocurre en el nacimiento de cada niño, con mayor razón en el nacimiento de Jesús el Cristo : ahora en Navidad celebraremos que Dios mismo nos revela que este mundo es suyo, que lo hace suyo, que es el campo donde El trabaja. Por eso como nos dice el evangelio de hoy, Jesús el que nace “salvará a su Pueblo de sus pecados” (1,21), es decir, ofrece salvarnos de todo aquello que distorsiona y desfigura nuestra vida y toda la creación.

Este es el Dios-con-nosotros que se manifiesta en Jesús. Pero que no se impone ni obliga, Dios invita y llama ; El quiere ser acogido en libertad, pues sin libertad no es posible el amor.
La invitación es acogerlo a El en nuestra vida, en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar ; que sea El quien vaya dando forma a la totalidad de nuestra vida : esta es nuestra conversión, nuestra preparación para la navidad.
 

Ascensión González Calle, RA
Ecuador-Chile


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