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Domingo 3º de Pascua - Sr Cristina María

Année liturgique 2014-2015 [B]

Domingo 3º de Pascua
Jesús nos enseña a mirar
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro

Las lecturas de este tercer domingo de Pascua, siguen aportando luz sobre la realidad pascual, sobre lo acontecido en Jesús y por Jesús. Luz sobre esa obra de transformación que el Padre ha realizado en el Hijo y, a través del Hijo, quiere seguir realizando en nosotros. Poco a poco los primeros discípulos fueron comprendiendo algo de los acontecimientos de Pascua : En Aquel, al que los hombres rechazaron y crucificaron, el Padre realizó su plan de salvación. De la muerte surge la Vida. Lo que los hombres hicieron por ignorancia Dios lo transforma por su sabiduría. Y de ello somos testigos.

La Palabra de Dios de hoy nos invita a leer los acontecimientos con una mirada nueva, y Jesús, en nuestro caminar, nos va abriendo el entendimiento para comprender también nosotros las Escrituras, poniendo fuego en nuestro corazón para penetrarlas desde dentro. El Señor Resucitado nos da las claves de lectura para comprenderlas abriendo El mismo nuestros ojos como hizo con los discípulos de Emaús : si el Resucitado no nos abre los ojos, no podremos reconocerle. Y, por otra parte, necesitamos dejarnos abrir los ojos para ver, para verle, para reconocerle en la Palabra y en el Pan, y en cada persona, sea la que sea, pues es en el corazón de cada hombre donde El vive, donde tiene su morada.

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Hacer camino con el Resucitado, ser discípulo suyo, compartir la mesa en la que él parte el pan, da una nueva luz, una mirada nueva sobre la realidad y, especialmente, sobre las personas. La mirada de Dios es la que pedimos con el salmista : Haz brillar sobre nosotros, la luz, el resplandor de tu rostro. Y con esa mirada, la de Dios en nosotros, podremos mirar.

En esta Pascua, muchos hermanos y hermanas nuestras reclaman nuestra mirada, una mirada que pueda darles vida, una mirada que sale de nuestro corazón y que puede llegar al corazón de tantos otros : de todos aquellos cristianos perseguidos, niños decapitados, comunidades cristianas que justamente en el momento de romper el pan de la Eucaristía están realmente dando la vida porque muchas sin razones se la quitan. Os perseguirán por mi nombre, había dicho Jesús. Y como a Jesús lo rechazaron y le quitaron la vida, también lo harán con sus discípulos. Pero también, como a Jesús, el Padre será siempre el dador de vida y de vida eterna.

Hoy, como ayer, necesitamos ser fortalecidos en nuestra fe. A los discípulos Jesús les invitó a mirar sus manos y sus pies, a palpar su cuerpo, a descubrir su presencia en el Resucitado, una presencia diferente pero real. Y a sentarse a la mesa para comer con ellos. Gestos todos que los discípulos van a ver y comprender de un modo nuevo ; van a comprender las Escrituras para que ellos, a su vez, pudieran seguir siendo testigos de la Vida más fuerte que la muerte. En este Cristo es en el que creemos : el que camina con nosotros en el camino de la vida, que nos sostiene con su amor y nos da su fortaleza. Y nuestras vidas tienen que ser testigos elocuentes de esta presencia. A través de nuestras vidas la vida se hace presente. ¡Grandeza de nuestra fe ! Nuestras vidas y nuestro vivir pueden ser transmisores de la vida y del mensaje Jesús. ¿Somos realmente testigos de ello, de ei ?

Una vez más nos sentimos en misión, en salida hacia allí donde los signos del misterio pascual de Jesús son más evidentes. Salgamos, cada uno a su manera, a anunciar el Evangelio de la Vida y de la Misericordia, esa Vida y esa Misericordia que el Resucitado no cesa de derramar en nuestros corazones.

Cristina María, ra
Málaga, España

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