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Domingo 24 del tiempo ordinario - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2014-2015 [B]

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8,27-35


Con el Evangelio de este domingo estamos en la parte central del evangelio de San Marcos. Una vez más Jesús está de camino y se está moviendo por el entorno de Cesarea de Filipo. Es la ciudad que uno de los hijos de Herodes el Grande fundó en el extremo norte de Israel y erigió como capital de su reino. Estaba habitada en su mayoría por los paganos y esto es quizás la razón que empuja a Jesús a dejar las ciudades y pueblos a lo largo del Mar de Galilea y comienza un viaje hacia esa región. Y es la ciudad donde Pedro realizó la gran confesión de fe que leemos en este pasaje.


Dos cosas destacan en esta primera parte del pasaje y ambas suceden por el camino. Son dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos. Una de ellas tiene como fin saber quién es Él para la gente. Ellos les responden con los grandes nombres de los profetas del pueblo de Israel. Uno más antiguo como era Elías y otro más reciente y coetáneo de Jesús, Juan Bautista. La segunda pregunta es más personal, y se la dirige a cada uno de sus discípulos. Cada uno de nosotros también nos podemos sentir preguntados por Jesús ; ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros ?


En ese momento cuando Pedro movido por toda su fe y por todo el amor que profesa al maestro, por el que dejo las redes, lo confiesa y reconoce como Mesías. Jesús, el Cristo. Después de esta gran confesión es cuanto menos sorprendente que Jesús mande callar. Quizás la petición de silencio la entendamos un poco mejor en el momento que Jesús comienza a enseñar a sus discípulos que va a sufrir, morir y luego resucitar ; y que lo hará por la reprobación de los líderes religiosos del pueblo de Israel.


Pedro, con una actitud vehemente, lo toma aparte es como si las palabras que acaba de escuchar de Jesús no las pudiese aceptar. Jesús reprende a Pedro. Podemos imaginar a dos amigos en un momento de diálogo acalorado. Jesús le dice a Pedro que sus pensamientos son demasiado humanos. La historia de la fe no es una historia fácil pero en momentos puede quedar reducida a planteamientos demasiado humanos. Sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús.


Luego en el pasaje del Evangelio se produce una invitación tanto para los más cercanos como para la gente ; es decir para todos. Jesús comienza hablando a nuestra libertad de Hijos de Dios. “Si alguno quiere”. La invitación supone negarse a sí mismo, coger su cruz y seguir a Jesús. Seguir a alguien significa ir después o detrás de alguien. La invitación es clara y la podemos aceptar sabiendo que es con Jesús. Cargar la cruz y perder la vida es por alguien que está a nuestro lado y ha caminado primero la subida a Jerusalén. La cruz para los cristianos es signo del amor de Dios y el don supremo de sí mismo. Llevarla siguiendo a Jesús significa unirse a él estando disponibles para los demás, dejar de pensar en uno mismo. La seriedad de la fe se mide en la entrega de la vida por amor.


Nuestra vida va siendo nuestra respuesta a la invitación hecha del Maestro. La promesa se va descubriendo en la medida en que vamos viviendo, sirviendo y perdiendo la vida y en que habrá resurrección. Nuestra respuesta a quién es Jesús para cada de nosotros encierra el dinamismo propio del que camina con el Hijo del Dios vivo. Sólo quien hace de su propia vida un don y aventura su propia vida hace creíble la fe que confiesa con sus labios.


Pidamos al Señor que nos envíe su Espíritu para poder seguirle por el camino y no apartarnos del sendero de sus mandatos.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca

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