CUERPO ENTREGADO Y SANGRE DERRAMADA

Temps ordinaire - Tiempo ordinario

El relato que hoy nos presenta la primera lectura pertenece a la ratificación de la alianza al pie del monte Sinaí. Esta se verá completada por la visión de Hebreos. Y adquirirá su realización plena en el relato de Marcos de la institución de la Eucaristía.
Lo que está en juego es el nacimiento de un pueblo. Y este pueblo es fruto de un cuerpo entregado y una sangre derramada. Todo ello fruto de un inmenso amor.
En esta fiesta se ha puesto desde la Edad Media el énfasis en el Cuerpo. No obstante hoy los textos lo ponen en la ratificación de la alianza por medio de la sangre. Hemos nacido de una opción de entrega, de una alianza llevada hasta el límite de dar la vida por los que amaba, de una decisión de entrega que costó la vida. Hemos nacido de la sangre.

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© Mariama

El autor de este texto Ex 24, 3-8 el eloista, recuerda con rigor a Israel la obligación que va a contraer, le pone frente a una decisión, y tan solo cuando se declara presto para tomar sus responsabilidades, se concluye la alianza sobre la base de un documento escrito. Esto indica que de ahora en adelante la decisión personal de Israel es considerada indispensable y por consiguiente entra en escena la cuestión de su fidelidad al compromiso contraído.
La ley aparece aquí junto a la oferta de la gracia e incluso en la oferta misma. Ley y alianza se hallan en una situación muy estrecha.

Destacamos en el texto dos rituales : el de la palabra y el de la sangre :
El autor eloista le concede a Moisés dos misiones :
· es el mediador y el testigo de esta alianza (v.3.8), entre Yahvé y el pueblo
· ejerce ocasionalmente la función sacerdotal (v.6).<

V.3.- Moisés baja del monte y se dirige hacia su gente. La misión es contarle todo lo que el Señor le ha dicho, sus leyes y preceptos. En dos ocasiones Moisés le transmite al pueblo la palabra del Señor, lo hace de forma oral, pero en una de ellas se apoya de un texto escrito (v.7).
Ejecuta los deseos del Señor para con su pueblo. Trae una propuesta de pacto. Y el pueblo responde aceptándola, “haremos todo lo que ha dicho Yahvé”. El pueblo de Israel consiente en la iniciativa de Dios. Acoge la soberanía del Señor sobre sus vidas y se compromete a no servir a nadie más que a El.
Ante esta disposición positiva de entrar en los planes y proyectos de su Dios, Moisés “escribe todas las palabras de Yaveh”. Y como señal de esta vinculación, Moisés levanta un altar que representa a Dios, coloca las doce piedras quedan representado el pueblo. Son las dos partes las que entran en dialogo. Las dos partes se comprometen a una fidelidad. El Señor se hace el Dios de Israel, e Israel se convierte en el pueblo del Señor.
V.5.- Mediante sacrificios ofrecidos a Yahvé expresan la conclusión de la alianza :
· El sacrificio (5) de comunión para Yahvé. Con ello se evoca el restablecimiento y restauración de las relaciones amistosas entre Dios y su pueblo.
· Con el rito de la sangre (6-8) se acentúa la comunión y la pacificación entre Dios y su pueblo.
Una parte de la sangre la echa en vasijas y la otra mitad la derrama sobre el altar. Al ser la sangre la sede de la vida y el altar representar a la divinidad, simboliza este gesto la vinculación que se establece a nivel vital entre el Señor y su pueblo.
v.7.- Moisés vuelve a leer y el pueblo ratifica de nuevo su opción en clave de obediencia que se traduce en acción, en convertir en gesto todas las palabras que expresan la voluntad de su Dios. Ratifica su aceptación.
v.8 .- Con el gesto de derramar la sangre primero sobre el altar y luego sobre el pueblo, Moisés los vincula para siempre. Hay un vínculo de familiaridad, de pertenencia para siempre entre Dios e Israel.
Les unirá en adelante un pacto de sangre (Lv 1,5).

En Cristo se sellará definitivamente este pacto, mediante la donación de su sangre en la cruz (Mc 14,24). El será nuestra Alianza.

El evangelio de hoy, Mc 14,12-16.22-26, nos presenta a Jesús y a los discípulos en preparativos para celebrar aquella fiesta que actualizaba la liberación de Egipto y que celebraba precisamente la alianza hecha por Moisés. Así reactivaba su esperanza.

Distinguimos dos tiempos :
12-16 antes de la puesta del sol donde se preparaba el cordero y
17-31 después de la puesta del sol, era el tiempo de la cena.
En la primera parte Jesús se prepara.

El relato clave es el relato de la Eucaristía que está en medio de dos episodios : la traición de Judas (v.17-21) y la predicción del escándalo de todos (v.27-31) Nos deja entreveer el evangelista, una certeza que le habita : Jesús estará con ellos más allá de toda negación y apostasía.

v.12.- “El primer día” Era el día de los ázimos en el que se sacrificaban los corderos, en el que se quitaba la levadura de la casa. Ya comenzaba la fiesta que duraría 8 días hasta el 14 de Nisan. Los discípulos se dirigen a Jesús como jefe de la familia para celebrar la comida pascual.
v.13.- ¿Era un signo ya convenido ? Generalmente eran las mujeres las que buscaban el lugar. Aquí Jesús se ha adelantado a hacer los preparativos. “Mucho tiempo h deseado comer esta pascua con ustedes”. Nos habla de un deseo gestado y premeditado desde hace tiempo. Ha cuidado los detalles de estos momentos. El es el protagonista, el anfitrión, el servidor y hasta el cordero mismo.
¿Dónde está la casa que me pertenece, la que necesito ?” (v.14) “y les mostrará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes”(v.15) Este texto nos recuerda a la entrada en Jerusalén (11,1-12). Ahora tiene otro matiz, entra con los suyos, a una casa, sin aclamaciones, en silencio y en clandestinidad. El es el Señor de los acontecimientos, El es el que dispone, prevee y ordena. Son los discípulos quienes preparan la Cena de Pascua, tal como lo había previsto el Maestro.

V.22-25.- Nos habla de una atmósfera pascual.
En este acontecimiento se nos revela lo que Jesús ha vivido toda su vida : una vida entregada, puesta al servicio de la voluntad del padre y de los hermanos.
Lo que tendría que ser el centro de la cena : el cordero, no se habla de él. La atención del texto está centrada en los gestos y las palabras de Jesús.
Los gestos del pan partido y del vino rojo son los signos de una muerte ya cercana de una vida entregada. Estos dos signos adquieren un nuevo significado.
La Eucaristía es el culmen de toda su vida donada a los demás. El pan y el vino es la presencia de la vida como don. Su vida ha sido una constante entrega, ahora su vida entregada queda ratificada en su muerte “por muchos”.

La palabra cuerpo indica la vida en su totalidad. Jesús se dona como pan partido. Se parte y se reparte. Con la invitación “tomad y comed”, Jesús asocia a los discípulos a su propio destino.

Las palabras sobre la copa del vino nos recuerdan “esta es la sangre de la alianza” (Ex 24,8) derramada, “con su muerte justificará el Siervo a muchos” (Is 53,11). Estas palabras Tienen un sabor a rescate (Mc 10,45), a solidaridad, a universalidad, a amistad.
Es significativo los dos textos que preceden y suceden : el rechazo de Judas y Pedro. También por ellos se entrega.

Esta alianza ratifica la antigua, explica la historia en clave de comunión. Crea un vínculo nuevo con Dios, ya no el de la Ley de Moisés, sino el de la filiación. “Por esa sangre hemos sido redimidos”(Ef 1,7).
Todo adquiere una nueva dimensión en el cosmos.
Todo lo antiguo adquiere un nuevo sentido a la luz de la vida entregada de Cristo. El amor de Dios encarnado en Cristo Jesús plenifica el manifestado en la antigua alianza.

V.25.- El evangelista añade la dimensión escatológica del gesto de Jesús. Tiende más allá de la cruz : a la comunión definitiva con Dios, el don es anticipado, pero lo suyo es tender a la plenitud. El cáliz de muerte será transformado en cáliz de gozo, en vino bebido con gozo en el Reino de Dios. Y la imagen del Reino de la que Jesús nos había hablado era la del festín mesiánico.

Esta fiesta nos habla de entrega, de gratuidad, de donación.
Es una llamada a identificarnos con esa actitud, a agradecer tanto don y a responder con el salmo una y otra vez ¿Cómo pagaré al Señor tanto bien que me ha hecho ? (116).
Una forma de agradecer es la admiración y la alabanza.
Que sean estas las actitudes que nos broten ante un Dios entregado y fiel hasta el extremo de permanecer con nosotros en lo más cotidiano, un pedazo de pan y un poco de vino.

Ascensión González Calle, r.a.
Prov. de Ecuador-Chile

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