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Bautismo del Señor - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2017-2018 [B]



Antes de comenzar el tiempo de oración con la Palabra invocamos el don del Espíritu para que nos guíe al conocimiento del Hijo, nuestro compañero y Señor. Que el Espíritu permita que nuestro corazón se abra a la Palabra para que en nosotros el Padre encuentre también complacencia. Al igual que el agua de los ríos se renueva constantemente dejemos que la novedad de esta Palabra nos renueven.


Este texto narra la tercera manifestación de Dios que encontramos en los evangelios. La primera fue el Nacimiento de Jesús y la segunda la celebramos la semana pasada en la Epifanía. La perícopa nos sitúa a Jesús encaminando sus pasos al río Jordán. En un recodo de este río, cerca de Betabara, Juan estaba bautizando. Su bautismo invitaba a la conversión de los pecados. Se cumplen las palabras de Juan, la voz que anuncia a la Palabra encarnada. Detrás de él llega Jesús. Todo el objetivo de Juan será señalar e insistir en anunciar a Otro. El Hijo de Dios, el Verbo encarnado llega a donde estaba Juan y se bautiza. A lo mejor nos preguntamos qué necesidad tenía Jesús de ser bautizado. Ya podemos percibir su humildad al colocarse en la fila de los que deseaban ser bautizados. Estos que deseaban ser bautizados son la gente del pueblo, los que esperaban la llegada del Mesías. Y Jesús pasó por uno de tantos (Flp 2,7) exponiéndose e implicándose en la historia de la humanidad.


Juan Bautista tiene la grandeza de saberse el precursor y por eso reconoce que no es digno ni de desatar la correa del caminante Jesús de Nazaret, el Hijo. Es igualmente consciente de la grandeza del bautismo de Jesús realizado con Espíritu Santo. Antes de recibir el Espíritu, Jesús se introduce en el agua y cuando sale de ella recibe el Espíritu. El Espíritu cayó sobre Jesús de igual manera que las aves se lanzan en picado de lo alto. El Espíritu se posó sobre Jesús. Es ese mismo Espíritu lleva sobrevolando y cerniéndose sobre las aguas (Gén 1,2). Ahora reposa en Jesús y le capacita para comenzar su misión. Toda la relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. Por otro lado, si Jesús comunica el Espíritu Santo es porque él lo posee. Jesús responde a la descripción del Mesías (Ungido) que hacían los profetas : “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido” (Is 61,1).


Otra grandeza de este evangelio ; la voz del Padre que explica que el Hijo es el Hijo de su amor. Su amado. Y por eso es amor. Y por eso al inicio de su vida pública Jesús se sabe enviado por su Padre y pertrechado con el don del Espíritu. También en este pasaje caemos en la cuenta que la comunicación entre Dios y los hombres se hace por medio de Jesús. La Trinidad se abaja para hacer redención de la humanidad. La inmensidad de este evangelio es el reconocer que Jesús es Dios verdadero y hombre verdadero. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad. Jesús es el protagonista de este relato que tanto Juan como la voz del Padre y el Espíritu posándose sobre Él nos ayuden a fijar los ojos en el Hijo para comenzar, una vez más, el tiempo ordinario renovando las promesas de nuestro propio bautismo.


Que nuestra acción de gracias sea la alabanza por sabernos y sentirnos hijos en el Hijo amado de Dios.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita



 

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