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3 :: Psico-Espiritual

3e An 2015

Ante la omnipresencia de la sexualidad en la sociedad en la que, generalmente, se utiliza

a las persona como objeto…, somos invitadas a desentrañar la riqueza de vivir la fecundidad como desposesión, como carencia que nos da la posibilidad de dar su lugar al otro, a la otra. Invitadas a releer la historia con responsabilidad, con mirada positiva, descubriendo la intervención de Dios, las carencias, las dificultades, las raíces, la manera cómo nos hemos colocado en nuestra historia familiar, lo que ha determinado nuestra manera actuar, de ser y de vivir. Invitadas a trabajar, a liberarnos, a asumir el pasado para poder colaborar en la construcción de comunidades en donde nos podamos expresar el cariño y desde ahí vivir la corrección fraterna, enfrentar nuestros problemas e ir más allá de lo que nos ha faltado, puesto que es posible !

Invitadas a vivir la ternura, a franquear las barreras y dejarla salir ante el dolor, la alegría, el sufrimiento. Encontrarnos con el otro, la otra en profundidad. Dejar que nuestros gestos expresen la unión. Ser plenamente mujeres, vivir relaciones profundas, romper la dureza. El cariño puede expresar sentimientos fuertes que lleven al amor comunitario. Siempre en un marco de prudencia y realismo humano y espiritual.

Invitadas a construir comunidades como espacios terapéuticos, gracias a nuestra manera de amar. La agresividad, inherente a toda relación humana, a veces es reprimida y expresada por medio de palabras, gestos, pensamientos, silencios… Atrevernos a buscar el diálogo, “incluso en temas espinosos”, encontrar el tiempo propicio, desdramatizar conflictos, buscar la manera de no permitir que un conflicto entre dos se haga normal, ayudar a encontrar la raíz del problema, pedir la ayuda de una tercera persona -si hace falta- para mayor objetividad, descubrir los puntos ciegos, ver lo positivo de la otra, saber expresar nuestros desacuerdos (no permitirnos hacerlo frente a los laicos)… Asumir que ante una palabra agresiva siempre hay culpabilidad, a veces es necesario dejarla salir. Vivir el perdón, consientes de que implica un proceso, de que es una gracia. Tomarnos en serio unas a otras. En ocasiones hay que encontrar el equilibrio entre vivir el amor y la firmeza. Estar convencidas del lugar que cada hermana tiene en la comunidad.

Invitadas a vivir la palabra y el silencio. La palabra como mediadora para expresar lo que vivimos. Fuente que nos empuja hacia los demás. Cuando nos negamos a hablar entramos en violencia, negamos al otro. Importante tomar la palabra en comunidad, dejarla circular, puesto que la comunidad da sentido de pertenencia, acepta mi diferencia y el clima de confianza, en ella, es la base para que cada hermana arriesgue su palabra, más allá de su cultura. La confianza permite que brote una acogida incondicional, desde la escucha y el respeto. El silencio no se opone a la palabra, es música, se escribe, hacemos silencio para escuchar.

Invitadas a vivir la escucha que exige el vaciamiento, la disponibilidad total hacia la otra, la construcción de la interioridad, descubrir desde donde habla la persona, partiendo de que “toda persona tiene derecho a no entenderse”. La escucha es hospitalidad y la belleza de esta viene de la propia humildad. Con nuestra escucha incondicional, tenemos el poder de permitir a la persona que se convierta en sí misma. La escucha nos hace crecer a nosotras mismas, nos salva de nuestras suficiencias. Escuchar lo no verbal, sin tratar de convencer, haciendo a un lado nuestra moral, nuestras convicciones, prejuicios, permitiendo que la persona pueda expresarse hasta el final, avance en claridad y llegue a la verdad.

Esperanza Reséndiz
México


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