3 Domingo de Cuaresma

Carême

UN DIOS SIEMPRE SORPRENDENTE

Estamos en el tercer domingo de Cuaresma, de vuelta al Señor, en un proceso de convertir nuestra mirada y nuestro corazón hacia sus modos, sus gustos, sus caminos que no son nuestros caminos. Es tiempo de configurarnos con el Señor, de entrar en un itinerario de conversión para hacer nuestro su misterio de pasión, muerte y resurrección. En definitiva, prepararnos para vivir con El diariamente la dinámica el misterio pascual.

La liturgia de hoy nos invita a mirar de una forma diferente los acontecimientos, a discernir el paso de Dios por nuestra historia y a comprender los modos tan imprevisibles con los que nos dirige constantemente una llamada.

Escribo este comentario desde Chile a dos días del terremoto 8.8 en la escala de Richter y a varias semanas del sucedido de Haití. No puedo prescindir del contexto que llevo en el alma al hacer la lectura de estos textos, teniendo dentro del corazón las escenas de dolor y de impotencia de Haití y de Chile, escuchando la pregunta de tanta gente “¿Dónde estaba el Señor cuando pasó esto” ? Y se vuelve a repetir la misma cuestión del Evangelio : “¿qué hicimos para que nos sucediera esta desgracia ?” Son las grandes preguntas de todos los tiempos ante el dolor, y la muerte del justo. Solo encontramos sentido mirando al Traspasado, a la luz de la muerte del Justo.

¿Cómo entenderán la gente estos pasajes de hoy que nos hablan de teofanías y de intervención de Dios en favor de su pueblo (Ex 3,1-8.13-15), cuando la razón nos dice que pareciera que los embates de la naturaleza son más poderosos que El y cuando aparentemente no actúa ?¿Cómo responder este domingo reiteradamente al salmo 102 : “el Señor es compasivo y misericordioso” ? Solo desde la mirada de fe, desde la persona del Hijo, como lo hace la mayoría de estos pueblos creyentes, se llega a acoger y entrar en el misterio pascual.

Me fijo en dos momentos, primero en una lectura del Éxodo y luego en el Evangelio del día. Siempre teniendo como transfondo las escenas desoladoras que nos rodean.

En la primera lectura del Éxodo reconozco la actitud creyente que intenta descubrir el paso de Dios en los acontecimientos devastadores de la naturaleza. Me ofrece unos datos con los que quisiera releer estos momentos. Me invita a acoger y consentir esta Presencia que habla de un Dios que siempre te sobrecoge por su cercanía, que siempre está a nuestro lado y hace suyo lo nuestro, sobre todo cuando de dolor se trata. Este Dios consiente también pasar por un lenguaje de humillación y de aniquilación (Fil 2,6-11) es la locura de la cruz (I Cor 1,18).

Con las imágenes de Haití y de Chile en nuestro corazón, ¿qué sabor adquiere esta Palabra de Dios ?
Esta visión (Ex 3,1-8ª.13-15) tiene un receptor : Moisés, quien deberá de pastorear a su pueblo. La visión va dirigida a él. La finalidad es provocar un encuentro personal con él, darse a conocer y revelarle su misión. Y lo realiza a partir de los elementos de la naturaleza. En ellos se le revela la decisión divina de salvar a su pueblo.

Moisés ve algo extraño un fuego que calcina una zarza y esta no se consume. Una manifestación de la naturaleza con carácter destructivo, arrasador. Sobrepasa la comprensión de lo humano. A Moisés le provoca interrogantes y le hace tomar una decisión : acercarse, contemplar y ver la razón que anima este misterio. Se ve sobrepasado, no comprende, se pregunta y se acerca.
Y en ese gesto de acercarse a contemplar el Señor toma la iniciativa de llamarle por su nombre. Le da unas pistas para entender lo que contempla : es sagrado este terreno. Y ahí Dios se manifiesta como el Dios de la historia, de la vida y de los padres.

Moisés se tapa la cara, temeroso ante ese modo de presencia, ante ese rostro de Dios. Le sobrecoge. Es demasiado grande y fuerte como para permanecer delante de El con vida. Hay un asombro y un sentimiento de indignidad y gratuidad. Está con vida.

En esa señal, en esa manifestación tan desconcertante, Dios se revela y manifiesta lo que lleva en el corazón : su dolor por el sufrimiento de su pueblo. La tragedia de los suyos le llega por todos los sentidos : ve la destrucción, oye los gemidos, se ha fijado en su desolación y no puede quedar impasible, lo suyo es actuar. Es un Dios afectado por el dolor y por el sufrimiento de su pueblo. Está implicado con el sufrimiento de los suyos. No lo resiste. Toma una decisión : bajar y liberar.

Y después de manifestar esta decisión hace una promesa para este pueblo : una tierra donde germine la vida en abundancia.
Y como sello y firma de su decisión, revela su identidad activa y dinámica : Su nombre es presencia, es manifestación, es acción a favor de ellos. El Dios revelado es el que interviene a favor de su pueblo, el que salva. Soy el que estoy, he estado y estaré siempre con ustedes.

Hoy Jesús en el Evangelio (Lc 13,2.5) sale al paso de las preguntas cruciales del por qué de las situaciones de muerte. Deja que formulen las preguntas y rompe estos esquemas. La consideración de estos dos acontecimientos de la historia de nuestros días al igual que en el tiempo de Jesús le sirven de punto de partida para insistir en la exhortación : es una ocasión de volver al Señor, de leer con sus ojos estas señales, es el momento de seguir optando por la vida. “Si no se convierten, todos perecerán del mismo modo” (v.3).
Todos somos pecadores y todos necesitamos conversión, todos necesitamos optar por la vida y cuidar la vida, regarla y abonarla, nos dice el Evangelio de hoy. A la responsabilidad personal Dios pone el crecimiento.
Jesús nos invita hoy a hacer la lectura de los “signos de los tiempos” ( Lc 12,54-56) y enseguida muestra que hoy es el tiempo para discernir el paso de Dios por nuestra tierra ; que es el tiempo de escuchar a través de los signos, la voz de Dios que nos habla de la inseguridad de nuestro propio destino.
Y quedan de manifiesto dos cosas importantes para ayer y para hoy : que las catástrofes naturales no siempre implican responsabilidades individuales, que son detectores de amenazas colectivas, y que las desgracias no están asociadas a un castigo por parte de Dios tal y como se creía (Job 4,7 ; 8,20 ; Jn 9,1-2). Se trata más bien de lo contrario, es el pecado el responsable del mal que hay en el mundo. Y como consecuencia el sufrimiento de unos es signo y efecto de nuestro propio pecado colectivo (Is 53,5-6). En el dolor de la humanidad se refleja nuestro mal.
¿Qué hacer con estas situaciones ? Se nos pide una mirada nueva, una actitud creyente de discernimiento para comprender los acontecimientos que son manifestación del rostro de Dios. Un rostro del Dios que “no tenía apariencia ni presencia y ante quien se vuelve el rostro” (Is 53,3). Estos pueblos sacudíos por la naturaleza nos hablan del rostro del Hijo que se nos revela hoy en la Cruz como vencedor de la muerte.
Todo esto nos habla de unos ojos y una mirada para comprender por parte del creyente la presencia del Dios paciente que a pesar de la muerte invierte y cuida como jardinero la vida (Lc 13,6-9). Nos habla de una presencia misericordiosa y liberadora por parte de Dios. Nos habla de un Dios que nos sorprende porque El mismo ha hecho suya nuestra causa. Este Dios siempre nos invita a vivir.
Termino con un Creo que justo hoy llega a mis manos y que en cierta forma recoge algo de lo que acabo de expresar.

Creo en un Dios impotente, en un Dios débil, debilitado.
Creo en un Dios que no puede, que no triunfa, derrotado.
Creo en un Dios tan vecino que se vuelve Dios humano.
Que su vida entre nosotros es muerte que le entregamos.
Creo en un Dios sin poder, hecho hombre y torturado.
Y por corona : espinas ! Y por respuesta : insultado !
Creo en un Dios impotente, en un Dios de brazos atados.
Un Dios distinto a los hombres poderosos, soberanos !
Creo en un Dios que no sabe negar lo que ha declarado.
Creo en un Dios impotente, impotente de enamorado.
Creo en un Dios novedoso de novedad siempre a mano.
Que genera a cada instante lo que el amor va dictando.
Creo en un Dios generoso del amor crucificado.
Creo en un Dios también pobre que tiene a los pobres al lado.
Creo en un Dios que no puede. Es que el amor lo ha atado.
Creo en un Dios sin poder, pobre....Resucitado.
(E. de La Serna)

Ascensión González Calle, R.A.
Provincia de Ecuador-Chile

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