2 domingo del tiempo ordinario

Année liturgique 2014-2015 [B]

Al comienzo de este tiempo ordinario pedimos que el Espíritu Santo con su don de entendimiento nos acompañe para acercarnos, interpretar, rezar y llevar a la vida la Palabra de Dios que la liturgia nos propone para este nuevo tiempo. Cristo continúa dándose a conocer. Esto puede ser motivo de acción de gracias por este tiempo donde podemos seguir descubriendo quién es el Hijo de Dios.

El domingo pasado celebramos el bautismo de Jesús. Hoy tenemos ante nosotros un texto evangélico donde ya vemos al Verbo Encarnado en acción. El texto evangélico nos sitúa en una continuación de actividad. Empieza con un “al día siguiente” y ese día siguiente parece importante. De entrada aparece nuevamente la figura de Juan Bautista, el precursor, el testigo. Juan sigue siendo fiel a su misión de anunciar. ¿Por qué ? Él se fija con su mirada, anuncia y señala al Cordero de Dios. El título de Cordero de Dios contiene todas las aspiraciones mesiánicas : es el unigénito que será sacrificado para la salvación de todos (Jn 3,16). Es el siervo de Yahvé que se ofrecerá como manso cordero (Is 53,7). Alude también al cordero que recuerda la unión con Dios, su sangre era prenda de la liberación de la esclavitud. El anuncio de Juan parece que acaba de convencer a sus discípulos que comienzan a seguir a Jesús.

A partir de aquí podemos fijarnos en el conjunto de miradas de Juan hacia Jesús (v. 35), de Jesús a los dos discípulos (v. 38), de los discípulos a Jesús (vv. 38-39) ; y finalmente es Jesús el que dirige su mirada hacia Pedro (v. 42). También podemos fijarnos en las preguntas que aparecen. Jesús se vuelve y se encuentra con los discípulos. Les hace una pregunta directa de gran sencillez pero a la vez de una gran profundidad. “¿Qué buscáis ?” Ellos ya intuyen que Jesús es diferente. Se lo habían escuchado a Juan y ellos ya lo reconocen como Rabbí, como Maestro. Jesús, si se podría decir así, empieza a proponerse como Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6). Los invita a ir y ver dónde vivía. Ellos aceptan la invitación, van, ven, y se quedaron con el maestro. La libertad de la respuesta es total, no los fuerza, ellos deciden libremente. El evangelista nos deja el bello detalle de la hora del primer encuentro. ¿Quién no recuerda la hora del encuentro con el primer amor ?

En este momento del pasaje aparece el nombre de uno de los discípulos Andrés. Este le comunica a su hermano Simón Pedro su hallazgo que no es otro que el Mesías, el Cristo, el esperado por el pueblo de Israel. Observamos que también ha habido una evolución en el título que dan a Jesús ; primero era maestro y ahora ya lo reconocen como Mesías. Van los dos hermanos y Jesús, además de mirar a Simón, de reconocerlo, le da un nuevo nombre, por tanto una nueva misión. Su vida se va a transformar completamente. Destacar que, en un primer momento, Simón se fía de la palabra de su hermano pero luego es él mismo el que se deja conducir hasta donde está Jesús para hacer él mismo la experiencia. Quiere hacer experiencia de la persona tan especial que su hermano había conocido. Las búsquedas que nos cambian la vida son comunicados para compartir con otros nuestras esperanzas. Este relato de la llamada de los primeros discípulos nos regala otra bella imagen que desde el comienzo de la misión de Jesús Él llama y va creando una comunidad.

Podemos dar gracias por cómo, poco a poco, el Evangelio nos va revelando quién es el Verbo Encarnado. En este texto encontramos tres títulos claves en la identidad de Jesús : Cordero, Maestro y Mesías. ¿Qué título le damos nosotros a Jesús ? Vemos que los encuentros con Jesús van ayudando a configurar nuestras identidades personales.
Podemos fijarnos en la docilidad de estos primeros discípulos. “Esta docilidad puede ser un ejemplo para nosotros que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las invitaciones de la gracia que nos lleva a Cristo” (San León Magno, Papa). Pidamos en la oración que la fuerza del Espíritu renueve nuestro seguimiento, docilidad y nuestra capacidad de respuesta a la llamada que Jesús nos hace en el día a día de nuestra vida, y que podamos comunicar a otros que es imposible conocer a Jesús y no seguirlo y amarlo.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca

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