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domingo ordinario - Sr Cristina Maria

Année liturgique 2010-2011 [A]

 

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.”
 
Este domingo, por tercera vez, tenemos el tema de la viña. En este domingo leemos el texto de Isaías que es considerado como una obra maestra de la literatura universal. Con esa maestría literaria que se expresa especialmente en lo aparentemente sencillo, describe el cuidado y el cariño con que aquel amigo, Dios, trabajaba para cuidar su viña querida. Pero aquella viña no responde a ese cariño : en lugar de uvas dulces produce unas amargas. Con esta imagen el profeta nos narra la historia de amor y desamor entre Dios y los hombres : “Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.” Y el viñador, que tanto ama su viña, se queja dulcemente del desamor de la misma : ¿Qué mas cabría hacer por mi viña que no haya hecho ? ¿Por qué esperando uvas dulces me las dio amargas ?
El canto de la viña de Isaías está en un contexto profético en que el desagradecimiento de esa viña, querida con ternura, se concreta en la injusticia de los hombres. Isaías repite continuamente que el desagradecimiento de la casa de Israel no está en el esplendor de su culto sino en que no ha practicado la justicia.
Jesús, en el evangelio, recoge esta bella imagen de la viña y la expone como parábola para explicar su misión : el Dios de entrañas de misericordia no puede olvidar su viña, que somos nosotros. Y nos envía continuos mensajeros para que volvamos a dar fruto. Pero el pueblo va matando, con el odio o la indiferencia, a todos los mensajeros y profetas. Es tanto el amor del Señor por su viña, que envía como mensajero a su propio Hijo para pedirle a su viña que vuelva a su amor primero y dé frutos de uvas dulces. Y el Hijo sufre la misma suerte : le mataron. O le matamos.
 
La historia de las relaciones entre Dios y su pueblo es una historia continua de amor de Dios entregado y las respuestas de nuestro egoísmo. Y sin embargo, Dios sigue con la mano tendida, fiel como el labrador a su tierra, esperando el fruto esperado. Jesús cierra la parábola con un canto a la esperanza : Buscaré unos labradores que cuiden mi viña, un pueblo que de fruto abundante. Y no será necesario ser de una raza o de una tierra determinada : mi viña será los corazones del hombre de buena voluntad que escucha el mensaje de salvación.
 
Nosotros, por el Bautismo, somos viña del Señor : La iglesia es su nueva viña. Pero también nosotros podemos preguntarnos : ¿Qué clase de fruto somos ? Ante la ternura del viñador merece la pena comprometernos en dar frutos de amor y de caridad, escogiendo cada día todo aquello que es verdadero, noble, justo, puro amable, laudable… Y el Dios de la paz estará siempre con nosotros y nosotros con El.
 
Sr Cristina María, r.a.
Málaga - España

 


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