domingo ordinario

Temps ordinaire (3)

- Explicación :

Los habitantes de Tiro y de Sidón se llamaban el siro-fenicios (ver a Mc 7, 26). Mateo sustituye esta denominación por el término arcaico "cananea", que denota un gran desprecio ancestral contra la raza maldita de Canaán. "Noé dijo : "¡Maldito sea Canaán ! Él será para sus hermanos el último de los esclavos" (Gn 9, 25).
En Mt 7, 6 vemos que el término perro, con el que Jesús responde a la mujer (15, 26) es empleado como metáfora para designar a los que son incapaces de apreciar lo que es grande y santo. La conclusión del episodio revela que, mediante la fe, son derribadas las barreras entre Israel y Canaán.

- Meditación

Acto seguido a una controversia con los fariseos acerca de lo puro y lo impuro, Jesús se retiró hacia la región pagana de Tiro y de Sidón. Pero he aquí que una mujer sale a su encuentro. Es de la raza maldita y despreciada de Canaán. Grita y reclama un exorcismo para su hija. En su desamparo, clama hacia Jesús : Señor, hijo de David, reconociendo así la validez de las promesas hechas a David, y por consiguiente, el lugar privilegiado de los hijos de Israel. Jesús se calla, como para permitirle ir todavía más lejos. Entonces, molestos, los discípulos intervienen. Y Jesús parece rechazar la súplica apelando a la misión recibida de su Padre : Él es el Mesías del pueblo de Israel. Lejos de desanimarse la mujer se prosterna humildemente y renueva su súplica. Ella sabe que su pueblo es despreciado : sólo pide las migajas. Jesús la alaba por su fe porque, gracias a ella, obtiene lo que pide. La fe obtiene la salvación. Derriba las barreras : ya no hay judíos ni paganos. Hay sólo hombres y mujeres que reconocen con humildad su necesidad de un Salvador, y que ponen su confianza en el enviado del Padre. Jesús rompe las fronteras del pueblo elegido. Cumple la profecía de Isaías : los siervos de Dios, incluidos los extranjeros y los exiliados, tienen asegurada la salvación de Dios. Jesús revela la misericordia de Dios hacia todos los hombres, tal como lo predicaba San Pablo.
La enseñanza que nos da este episodio es una lección de humildad. Serán salvados, no aquellos que según nuestros criterios son respetables, puros, sino que son los pobres, cualquiera que ponga su confianza en Dios porque sólo Él puede verdaderamente colmar nuestra indigencia. Ojala que, desde lo más hondo de nuestra debilidad y de nuestra pobreza seamos capaces de elevar a Dios nuestras súplicas, con esta fe confiada en su acción transformadora y salvadora en nosotros.

© Sr Sophie Ramond, r.a.

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