Vous êtes ici:

domingo del tiempo ordinario - Sr Cristina Maria

Année liturgique 2012-2013 [C]

Bendigo al Señor en todo momento,
Que los humildes lo escuchen y se alegren

(Salmo 33, 2.3)

La Palabra de Dios, a través de la Buena Nueva narrada por Lucas, nos presenta hoy también una parábola con dos personajes yuxtapuestos. El Evangelio del domingo pasado nos presentaba a un juez y a una viuda. Al juez le faltaban dos actitudes consideradas básicas en Israel para ser humano : “No teme a Dios” y “no le importan las personas”. Un hombre sordo a la voz de Dios e indiferente al sufrimiento de los oprimidos, y una viuda, una mujer sola, privada de protección y sin apoyo social. Y el mensaje de la parábola era : Dios no abandona a los pobres a su suerte. No es sordo a sus gritos. Es un Dios compasivo que muestra su amor a los que confían en El.

Hoy tenemos también dos personajes : un fariseo piadoso y un recaudador de impuestos. Ambos suben al templo a orar. Son dos personas de vida moral y religiosa diferente y opuesta. El fariseo ora de pié, seguro y sin temor. No se siente en falta en nada. Cumple fielmente e incluso hace más de lo mandado. Y da gracias a Dios por no ser como ese publicano… El recaudador está en un rincón, siente que su lugar no es el templo. Solamente con los ojos bajos reconoce su pecado. No puede dejar de trabajar recaudando los impuestos ni devolver lo robado, solo le queda confiarse a la misericordia de Dios.

La clave de lectura de la parábola está al comienzo del texto como lo estará también en el Evangelio del domingo próximo : “Jesús dijo esta parábola por algunos que teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”. Y tenemos el texto de la parábola. La conclusión puede parecernos revolucionaria. El fariseo no ha hecho más que presentar a Dios todo el bien que hace, todos sus méritos. Y al marcharse del templo no parece haberse vuelto hacia Dios para escucharle, para que le colme de su misericordia. El publicano no puede presentar ningún mérito : sin levantar los ojos, expresaba a Dios el pesar de su corazón e imploraba su misericordia. Y baja a su casa justificado, cubierto con el manto de la misericordia de Dios. Se marcha perdonado, comprendido por el Compasivo.

De nuevo el mismo mensaje que el domingo anterior : Dios oye las súplicas de los pobres y el pobre nunca se va abandonado. Es el mensaje del libro del Eclesiástico que se nos proclama en la primera lectura : Dios escucha las súplicas del oprimido ; no desoye los gritos del huérfano ni de la viuda cuando repite su queja. Y es también la oración del salmista que se canta en el salmo 33 : Bendigo al Señor en todo momento… Si el afligido invoca al Señor, El los escucha… El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.

Que en este domingo la escucha de la Palabra de Dios llegue a lo más hondo de nuestro corazón. Se nos ofrece a cada uno de nosotros. Nos invita a dejar nuestras seguridades y a presentarnos ante Dios con lo que somos y tenemos, en una confianza total. Nuestra seguridad es la confianza. Y el amor compasivo de nuestro Dios inundará nuestro corazón de un gozo agradecido y de una esperanza como solo Él puede concedernos para seguir caminando hacia El.

Sr Cristina María, r.a.
Málaga, España


À voir sur le web

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

S'inscrire à l'info-lettre