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domingo del tiempo ordinario - Sr. Cristina María

Année liturgique 2012-2013 [C]

Lo perdido y encontrado

La lectura orante, contemplativa, de la liturgia de este domingo nos lleva, una vez más, a abrir el corazón para acoger la realidad profunda, gratuita en inconmensurable del amor misericordioso de Dios, de ese Dios que ES amor y misericordia.

La primera lectura (Ex 32, 7-11.13ss) nos presenta la escena del becerro de oro. Yahvé había hecho ALIANZA con su pueblo. La alianza es una iniciativa de Dios que quiere expresar ese amor tan grande que El tiene por su pueblo, por la humanidad. Dios es siempre fiel a su palabra. El pueblo se cansó pronto y olvidó la Alianza. Y Dios viene de nuevo a rehacer esa Alianza. Dios está siempre manifestando su amor, no se cansa ni se fatiga (Is 40,28), ni de crear y recrear por el amor. Por eso ante el cansancio del pueblo, ante nuestros cansancios en la fidelidad a la palabra dada, Dios nunca manifestará “su” cólera sino que ejercitará su misericordia y su perdón, recrea el corazón del hombre, nuestro corazón, lo limpia y lo renueva (cfr Salmo responsorial).

Esta misma fue la experiencia de Pablo : Yo, que primero fui perseguidor y violento… hallé misericordia en El, en el Señor Jesús. Pablo escribe en su primera carta a Timoteo : La gracia de Nuestro Señor se ha desbordado con la fe y el amor que me ha dado en Cristo Jesús (1 Tim 1, 14). La misericordia es el rostro más expresivo y original de Dios, el rasgo que mejor le caracteriza. Si Cristo vino a salvar, Pablo se pone el primero en la fila de los pecadores. Y por ello, Dios le ha tratado con misericordia y Jesucristo ha revelado en él toda su generosidad para que fuera ejemplo y testigo para los que creyeran en El. (Segunda lectura)

Dios siempre sale al encuentro para hallar lo perdido, lo que se había extraviado y a quien se había extraviado : la oveja, la moneda, el hijo… Dios busca lo perdido hasta que lo encuentra. El Evangelio de hoy (Lucas, 15, 1-32) celebra esta misericordia infinita del Padre, la magnanimidad del corazón de su corazón. En los dos primeros versículos, Lucas comienza evocando a aquellas personas que todavía no conocen el amor de Dios y de ahí su actitud de juicio y de sospecha. Y Jesús quiere revelarse a través de las tres parábolas. Habla de ese Dios que busca y rebusca, que corre al encuentro del hombre, que espera su retorno. Jesús no revela ningún sentimiento negativo ante los que le acusan de “andar y comer con pecadores”. Sencillamente “corre al encuentro” ; no quiere saber nada de lo que fue la vida de su hijo, como tampoco quiso saber nada de las acusaciones que se hacían contra él, ni quiere saber tampoco nada de nuestras excusas y explicaciones… Solamente quiere manifestar su alegría de tenernos junto a El y descubrirnos su amor. Este amor que se hace pobre con el pobre para compartirlo todo con el ser humano, con sus hijos : Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único. Al darse por completo nos ofrece la salvación, la bienaventuranza eterna que hoy está en germen pero que un día se consumará en la alegría sin fin. De este amor Dios envuelve al hijo encontrado, y nos envuelve a cada uno de nosotros, sus hijos.

Y también envuelve al “hijo mayor”, ese hijo que solo entiende de justicia y al que el Padre le revela lo que le quiere : Todo lo mío es tuyo, hijo mío. Amor desbordante, comunión total. Esto es lo que le ofrece. ¿No es bastante tener parte en los bienes del Padre ? No sabemos lo que estas palabras produjeron en el hijo mayor. Quizá sepamos lo que suponen en nosotros mismos cuando nos exponemos a la Palabra, al Don de Dios, y escuchamos lo que a nuestro corazón reivindicativo le cuesta acoger.

Que en este domingo resuenen en nuestro corazón, en el corazón de cada oyente de la Palabra, en la Iglesia, estas palabras : Todo lo mío es tuyo, es vuestro.

Cristina María, r.a.
Málaga - Spania


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