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domingo del tiempo ordinario - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2012-2013 [C]

El pasaje del Evangelio de Lucas nos ofrece un interesante contexto. El evangelista se dirige, con afecto, a Teófilo (que en griego significa el que ama a Dios, el amigo de Dios) que es el destinatario del relato que ha compuesto el evangelista con el fin de que conozca la solidez de las enseñanzas. Estas enseñanzas son el fruto y el consenso de tradiciones orales que luego fueron predicadas y transmitidas. Para los cristianos, la Palabra de Dios ha sido recibida en distintos momentos de la historia. En cada uno de ellos, es la misma Palabra que se recibió desde el principio y hasta ahora, a través de la Escritura y la Tradición constituyendo un solo depósito confiado a la Iglesia. La garantía de que la Iglesia será fiel en la conservación del depósito no reside en sí misma sino en la promesa de la presencia de Jesús y del Espíritu Santo. Podemos fijar nuestra atención en la importancia de los testigos oculares los cuáles, posteriormente, fueron servidores de la Palabra. El Cristianismo –dice San Bernardo– es la "religión de la Palabra de Dios".

A continuación, entra en escena Jesús que vuelve a Galilea. El pasaje anterior sitúa a Jesús conducido por el Espíritu al desierto donde es tentado por el diablo. Superada la tentación Jesús regresa a Galilea renovado, fortalecido y pertrechado con las armas del Espíritu. Sus enseñanzas, cargadas de autoridad, de novedad y de vida nueva y abundante, atraían a muchos ; de ahí que su fama se fuera extendiendo. Llegó a su casa, a Nazaret, donde había ido creciendo en gracia y sabiduría. Entró en la sinagoga y comenzó a leer. Lo que lee es su carta de presentación, su programa de vida para la humanidad, para todos aquellos que lo escuchan. Jesús está presentando en qué consiste su Reino. Jesús lee en voz alta todo lo enseñado por los profetas. Los profetas eran los que comunicaban al pueblo la voluntad de Dios y la necesidad de ser fiel a la Alianza ofertada por Dios ; eran los que con su predicación mantenían la esperanza del Pueblo. Jesús, al leer el pasaje profético, lo personaliza en Él. En Jesús toda la Palabra está presente. El Hijo, la Palabra hecha carne, da cumplimento a todas las palabras anteriores. Lo hace valiéndose de la fuerza del Espíritu que lo sigue capacitando para la misión. No podemos olvidar que Cristo (Mesías en hebreo) significa Ungido del Espíritu de Dios tal como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica.

Cuando termina de leer, se sienta y como Maestro y entroncado también con la tradición judía, comienza a comentar la Escritura dándole cumplimiento en un tiempo muy concreto. En el hoy. Jesús no tiene la intemporalidad de un mito, la Palabra se ha encarnado y eso requiere un lugar y un tiempo. Ese hoy encierra el ahora de nuestro Kairos.

Mientras está hablando de este tiempo propicio y de este tiempo de Salvación los ojos de todos los presentes en la sinagoga lo estaban mirando. Mirando y escuchando.

Pidamos al Señor la gracia de fijar en Él nuestros ojos. Mirándole se aprende a amar (Santa María Eugenia de Jesús). Viéndole y oyendo su Palabra, viva y eficaz, en el hoy de nuestro tiempo ordinario podemos ir encontrando respuestas para colaborar en su Reino. Lo que hemos oído, lo que hemos contemplado con nuestros ojos, lo que nuestras manos palpan, acerca de la Palabra de Vida manifestada, nos hace dar testimonio de la solidez de las enseñanzas recibidas. Pidamos a Dios la gracia de ser hoy amigos (Teófilo) y servidores de la historia infinita de su Reino, que está presente aquí y ahora en Jesús.

Ana Alonso, r.a
Asunción Cuestablanca - España


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