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Un pupitre de generación en generación

150 años

Dice que estaba predestinada a formar parte de La Asunción porque nació el mismo día que prendieron fuego al colegio cuando estaba en Barcenillas durante la quema de conventos de 1931. Hoy la madre Paz, la monja más veterana, es toda una institución en este centro religioso concertado por el que han pasado varias generaciones de las mismas familias. Bisabuelas, abuelas, madres y nietos que desde ayer y hasta el 30 de abril de 2015 participan en los actos de celebración del 150 aniversario de la escuela que sienten como su casa y en la que hoy estudian más de 1.300 alumnos atendidos por unos 80 profesores, algunos de ellos antiguos estudiantes.
En siglo y medio de vida, el que fuera el primer instituto de Secundaria femenino de Málaga -desde la década de los 80 es mixto- se ha visto obligado a mudarse en varias ocasiones hasta su actual ubicación en Pedregalejo. Allí ocupa un edificio de una inmensidad que contrasta con el piso de la calle Nosquera en el que se inauguró el colegio el 6 de marzo de 1865 tras la llegada de las religiosas a la capital. Un sacerdote francés relacionado con los marqueses de Loring, Marie Bernard, se lo pidió por carta a María Eugenia de Jesús, fundadora de la congregación en París : « Hay un enorme deseo en la ciudad de tener un colegio de este tipo. No he dudado ni un solo instante en escoger la orden que nos conviene aquí ». Málaga se convertía así en la primera ciudad de España que recibía a estas religiosas.
Entonces sólo había 14 jóvenes, pero a los tres años se trasladaron a un edificio cercano más espacioso, y por exigencias de ampliación de matrícula volvieron a mudarse a la zona de Barcenillas, donde estuvieron las monjas hasta que fueron puestas en la calle el 12 de mayo de 1931 con motivo de los disturbios anticlericales de ese año. « Yo en esa fecha no estaba en el colegio, pero mi hermana Enriqueta me contó que sacaron al jardín a todas las niñas, que estaban durmiendo, y delante de ellas prendieron fuego al centro », recuerda Lola Giménez Reyna, una de las exalumnas más veteranas, de 92 años, a la que se le viene a la cabeza el trayecto para ir a clase : « Íbamos en un tranvía que cogíamos en la Acera de la Marina y le pedíamos a Domingo, el conductor, que nos dejara tocar el timbre ».

Una vida familiar

Para esta mujer La Asunción « es como si fuera parte de mi vida ». Además de ella, en él estudió su madre : « fue de las primeras alumnas, era hija única muy mimada y su padre, que era médico, la puso interna para que se fuera acostumbrando a vivir de otra manera », recuerda. Después de ella han pasado otras tres generaciones de su familia por el centro.
Esperanza Ron, de 79 años, es su sobrina, estuvo interna durante el Bachillerato y se emociona al hablar del lugar que tanto le ha enseñado : « Éramos pocas niñas y hacíamos una vida completamente familiar », apunta. La hija de esta, Esperanza España, destaca los valores que les inculcaron : « somos una gran familia, aquí nos enseñaron a compartir y seguimos manteniendo unos grandes vínculos con antiguos compañeros », dice.
La más joven, Esperanza Pastor, cursa actualmente un ciclo formativo : « Me siento muy afortunada de estudiar donde lo han hecho mi madre, mi abuela y mi bisabuela y si me dan la educación que han recibido ellas tiene que ser buena », apunta.
Tras el incendio, una vez rehecha la comunidad religiosa a petición de los padres, de 1932 a 1937 se instalaron en la Caleta, primero en Villa Celes y después en Villa Driades, como puede comprobarse en un mapa de gran tamaño colocado en una de las paredes del colegio y que recuerda la historia del centro. El 11 de octubre de 1.940 se colocó la primera piedra del colegio actual y el curso inicial fue el de 1943/44.
En él han estudiado tres generaciones de la familia de Cristina Peña, de 77 años. Ella estuvo en Villa Clara antes de inaugurarse el centro en Pedregalejo, donde siguió sus estudios y fue profesora posteriormente. Después se casó y marchó a Madrid, pero al regresar no dudó en matricular allí a sus hijas, que hicieron lo mismo con los suyos. Cristina sigue vinculada al centro y todos los lunes hace manualidades y participa en actividades solidarias con otras antiguas alumnas. « Es lo primero que nos enseñaron en el colegio, que la fe no se puede quedar estancada », afirma.
El ideario no ha cambiado, pero sí las instalaciones y la disciplina : « Ahora hay, pero antes había más », cuenta Cristina Peña, que dice que uno de sus mejores momentos fue cuando su hija Cristina Sanz pasó de ser alumna a profesora porque « era su sueño ».
Entre los ocho nietos que han pasado por el colegio está Pedro Arcas, de 17 años, que estudia primero de Bachillerato y dice sentir una gran responsabilidad : « Tengo que mantener una buena reputación y un buen comportamiento para no dejarlas mal a ellas », afirma este joven, que defiende que las monjas « te enseñan bastantes cosas importantes en la vida, no sólo estudiar, sino valores y formas de comportarte y afrontar la vida de forma interesante y útil ».
« Yo soy ’producto Asunción’ », dice Almudena de la Rúa, antigua alumna y ahora profesora de Secundaria y Bachillerato, que tras « volver a casa » afirma que su trabajo en el colegio no es una forma de ganarse la vida, « sino de vivir la vida ».

Las monjas son « especiales »

El matrimonio de May Galván y José Gatell y su hija María han convertido La Asunción en su hogar. « Prácticamente vivimos aquí », señala el padre, monitor deportivo en el colegio, donde estudia su hija y su mujer es profesora. Pero estar en la escuela más tiempo que en casa, incluso los fines de semana, no les pesa en absoluto. Como dice otra exalumna y profesora, Isa María Montes, « estas monjas son especiales, te tratan con una naturalidad y cercanía que te hacen sentir acogida como si fueras de su familia ; y la educación que te dan no es sólo para despertarte la inteligencia, sino que te abren el corazón a Dios y te tratan como si fueras algo propio ».
Actualmente, la congregación cuenta con una decena de centros educativos repartidos por la geografía española, siendo el de Málaga el único de toda Andalucía. Aquí también tienen dos comunidades, una en El Olivar, por Churriana, y otra en El Palo. Además, la presencia de la Asunción se extiende por Europa, América, Asia y África.

M. ÁNGELES GONZÁLEZ
SUR.es


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