Trinidad - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2014-2015 [B]

Este domingo celebramos la Santa Trinidad, Misterio de nuestra fe, el más grande ya que contiene la esencia del Dios al que adoramos y en el que creemos. Es importante que celebremos la Solemnidad de la Trinidad. La devoción a la Santísima Trinidad se inició en el siglo X ; la Fiesta fue acogida en el año l334 por Juan XXII en el calendario romano, fijándola en el domingo después de Pentecostés. Aparte, es un Misterio muy presente en nuestra liturgia, toda oración se realiza en este Nombre. No es un Misterio remoto e irrelevante, es clave de nuestra fe y en nuestro vivir como cristianos.

El Evangelio para este domingo es el final de Mateo. Y este final nos envía a un comienzo, al lugar donde comenzó todo : Galilea. Jesús se había aparecido a las mujeres y a estas les encomienda el mandato de decirles a los hombres que vayan a Galilea para verlo otra vez. Galilea es el lugar de la primera llamada. Jesús, cuando caminaba por la ribera del mar de Galilea, se encontró con los cuatro primeros discípulos. Desde aquí también parten para la primera misión (Mt 10,1-16). Ahora en este lugar especial y cargado de significado los once reciben una nueva misión. Se mezcla lo nuevo, en este caso la misión, con el monte lugar tradicional de encuentro con Dios en el Antiguo Testamento.

A continuación vemos dos actitudes que se daban en los discípulos de Jesús después de la Resurrección. Por un lado la adoración de la mujeres en las apariciones, y por otro la duda y la incredulidad de algunos apóstoles (Lc 24, 38). Jesús se acerca y les habla, es la pedagogía del maestro para ayudar a los suyos a vencer la vacilación. El Hijo ayuda a vencer la duda. Es la misma pedagogía que utilizó con María Magdalena y con los discípulos de Emaús. Después, Jesús habla con autoridad y dice que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra ; hay muchas frases de la Biblia que nos recuerdan el señorío de Jesús. Jesucristo es Señor para Gloria de Dios Padre, todo ha sido creado por Él y para Él. En Él habita toda plenitud y por Él quiso reconciliar consigo todas las cosas. La autoridad de Jesús nace de la especial relación que tiene con el Padre. EL Evangelio de Juan nos deja dos muestras de esta afirmación : "Sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos" (Jn 13,3), y "Todo lo que es mío es tuyo y todo lo tuyo es mío" (Jn 17,10).

Con esa autoridad manda a sus discípulos a la misión. Les manda con un imperativo. Se trata de extender a otros la vida del Maestro y haced discípulos a otros. Se trata de seguir dando a conocer a otros la forma de vida de Jesús, contad a otros que merece la pena vivir con y como el Maestro. También de bautizar, de consagrar a esos a los que van a llegar en la misión. Y los bautizarán en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ser bautizado significa la incorporación a la vida de Cristo. Esta fórmula ya nos habla de una u otra manera del Misterio que hoy celebramos. Jesús dice en el nombre, en singular ; no en los nombres y también se distinguen las tres personas divinas : el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Y por último tienen que enseñarles a guardar todo lo que han recibido. Nosotros, hoy, también podemos expresar y rezar con el salmista “enséñame a guardar tu Palabra y a cumplirla de todo corazón”. Guardar el mandato del Señor que contienen una sola palabra : amor, es decir un amor a Dios y a nuestro prójimo.
El final del Evangelio es muy importante porque nos confirma, una vez más, que Dios nunca puede desdecirse a sí mismo, a su esencia. Es Emmanuel. Es Dios con nosotros. Dios permanece en medio de su pueblo, es la experiencia del pueblo de Israel que leemos hoy en la primera lectura. Y es la experiencia de tantos testigos que nos preceden en el camino de fe y de seguimiento.
No somos extraños, sino “conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Ef. 2,19). Podemos contemplar y relacionarnos con Dios amor, con Dios comunicación y comunión, con nuestro Dios al que podemos llamar Padre, que nos entregó a su Hijo y nos envía su Espíritu por amor al hombre. Acojamos este Misterio de Dios, uno y trino, volcándose y dándose por amor hacía cada uno de nosotros.

Podemos terminar rezando este bello himno

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro !,
La Iglesia nos sumerge en tu misterio ;
te confesamos y te bendecimos,
Señor Dios nuestro.
Como un río en el mar de tu grandeza,
el tiempo desemboca en hoy eterno,
lo pequeño se anega en lo infinito,
Señor, Dios nuestro.
Oh, Palabra del Padre, te escuchamos ;
oh, Padre, mira el rostro de tu Verbo ;
oh, Espíritu de amor, ven a nosotros ;
Señor, Dios nuestro.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro !,
haced de nuestros almas vuestro cielo,
llevadnos al hogar donde tú habitas,
Señor, Dios nuestro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu :
Fuente de gozo pleno y verdadero,
al Creador del cielo y de la tierra,
Señor, Dios nuestro. Amén.

(Vísperas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad.)

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca.

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