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Transformar “DESDE DENTRO” (1)

Education


El planteamiento pastoral en la escuela católica está sufriendo una importante y bella metamorfosis “desde dentro” de lo que quiere ser un proyecto educativo cristiano integral e integrador. Décadas de compromiso y reflexión pedagógica-pastoral han permitido formar el capullo donde se está gestando, y en muchos casos realizando, el Pensamiento de Innovación Educativa de Escuelas Católicas [1], que por estar fundado e inspirado en el ideario cristiano de nuestras Instituciones, es evangélico y evangelizador. La estructura de este modelo, que está inspirando y orientando la transformación pedagógica en nuestros centros, nos ofrece una manera de exponer, sumariamente, qué entendemos por “escuela evangelizadora”.
Escuela evangelizadora es aquella cuyo proyecto educativo surge del Evangelio, y tiende a su realización en la vida del centro y en cada uno de sus proyectos y actividades. Se encuadra dentro de la misión de la Iglesia, en la “nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría” :


“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 1.


Misión que brota del convencimiento que el encuentro con Jesús da plenitud y sentido a la existencia, y compromete en la transformación de la sociedad según el proyecto salvador de Dios. Por lo tanto, toda la gestión del centro (procesos y actividades, recursos, contenidos, tiempos, espacios...) tiene como objetivo el anuncio de la alegría y la plenitud que brota del encuentro con Cristo, quien es capaz de transformar la vida de quien libremente lo recibe con fe, ayudarle a crecer de forma integral, y ofrecerle los elementos para articular el propio proyecto desde el Evangelio, en Iglesia, para la transformación del Mundo.
Afirmamos con demasiada rapidez que el Evangelio es la razón de ser de la Escuela Católica ; o dicho con terminología de modelos de gestión de calidad : el “valor añadido” de nuestra oferta educativa. Sin duda es lo que nos debería caracterizar, y si luchamos por la libertad de enseñanza en estos tiempos recios en los que vivimos, es porque ofrecemos a la sociedad un proyecto educativo diferente. Aquello que nos caracteriza es nuestra identidad evangélica y evangelizadora, pero nuestras opciones formativas, organizativas, económicas… muchas veces se orientan a proyectos que buscan ser competitivos frente a los que ofrecen nuestros mismos servicios a la sociedad.
Sin duda, necesitamos un modelo que propicie una sostenibilidad de la misión evangelizadora en nuestros centros, desde donde se fijen horizontes a largo plazo que animen y orienten las acciones concretas y valientes, que lleven a la transformación personal y social desde los valores del Evangelio.

Rediseñar el currículo para dar fundamento a la vida


“Desde dentro” fue el lema de las Jornadas Autonómicas de Pastoral del 2016 (#JAP2016), que presentamos en este número de Educadores. En ellas, se propusieron itinerarios para trabajar en nuestros centros la dimensión interior de la persona, esa capacidad que le ayuda a transcender lo puramente tangible, y profundizar e integrar conocimientos y experiencias. El concepto de inteligencia reformulado por Howard Gardner y su gran impacto en el mundo de la educación, agotado de repetir modelos que llevamos décadas descubriendo caducos, han abierto nuevas posibilidades pedagógico-pastorales en este campo (Howard Gardner-2011). La que conocemos por novena inteligencia, más allá de recibir diferentes denominaciones por parte de los expertos, es pluridimensional, abarca lo que Wittgenstein denominó “lo místico” (Tractatus logico-philosophicus 6.522), aquello que supera lo científicamente demostrable : lo moral, lo existencial, lo metafísico…, todo aquello que podría ser aglutinado en "lo espiritual". Una escuela evangelizadora no reduce la formación religiosa, en sus diferentes dimensiones, al área de Religión, sino que trata de establecer el diálogo fe-cultura en los diversos procesos de aprendizaje. Pero, como sucede con el resto de los contenidos del currículum, para que el aprendizaje religioso sea significativo, y aún más el axiológico, es necesario propiciar experiencias, proponer itinerarios de búsqueda más profundos y metodologías que ayuden a :

  • situarse ante el cosmos y ante la propia existencia como temporal (pasado, presente y futuro), necesitada de significado (¿de dónde venimos ? ¿cuál es el destino final de la humanidad y del mundo ?) y orientación (¿para qué y por qué vivimos ?).
  • profundizar, transcender e integrar las experiencias-conocimientos en su totalidad y universalidad : Verdad (¿qué puedo saber ?), Bondad (¿qué debo hacer ?) y Belleza (¿cómo explico ese sentimiento ante lo bello y lo sublime ?).
  • experimentar el misterio, lo que puede conducir a una personalización de una determinada religión (¿qué me cabe esperar ?).


Preguntas que subyacen en lo profundo del ser humano, y que suelen surgir en los momentos de sin sentido. Todas estas cuestiones nos revelan ¿qué es el hombre ?, como afirmaría I. Kant, pero en el “hondón” del alma (Sta. Teresa, repetido por Unamuno), la pregunta se formula como la búsqueda de la propia identidad y sentido de la vida. A pesar del intento de los filósofos de la sospecha (P. Ricoeur) de negar esta dimensión espiritual-transcendente de la realidad que nos rodea, y del propio ser humano, y de reducir todo a la dimensión material, lo “místico” reaparece como esa capacidad y/o experiencia que ayuda al ser humano a reconstruirse y reconstruir (Alport, Jung, Frankl, Maslow, entre otros).
Propiciar en nuestros centros el desarrollo de la inteligencia espiritual, en todas sus dimensiones y desde las diferentes actividades que se realizan, si cabe, es más urgente, en medio de las tempestades de nuestra sociedad líquida (Z. Bauman), donde se necesitan fundamentos sólidos (Mt 7, 21-27). Numerosos son los estudios, publicaciones y recursos que se pueden encontrar para trabajar (programar-evaluar) esta capacidad que es común a todo ser humano, y que representa la tierra fértil donde la semilla de la fe puede echar raíces y dar fruto (Mt 13, 1-23). Desde nuestro ideario católico y experiencia personal, sabemos que el encuentro con el Maestro Interior (San Agustín) y su Palabra escuchada y obrada, aporta el más sólido de los cimientos. Proponer y desarrollar actividades que posibiliten la experiencia personal del misterio es el desafío que debemos afrontar en nuestros centros si queremos que el anuncio del Evangelio sea significativo.
En nuestros días, solo será creyente quien haya tenido una experiencia mística (K. Rahner), ese encuentro personal con Cristo que acontece en la vida de una persona (Martín Velasco, 1999). Dicha experiencia, releída desde el acompañamiento espiritual, instrumento que deberíamos recuperar o potenciar en nuestras escuelas, se comprende como una revelación personal, a la que se responde con esa adhesión fundamental que llamamos fe y desde la que se podrá articular un proyecto de vida cristiano. El que hace esta experiencia personal puede comprender las experiencias de otros creyentes, aunque pertenezcan a otras religiones, lo que sin duda fomentará el diálogo religioso.


En este sentido, urge propiciar un giro vocacional a la orientación académico-profesional en nuestros centros. La persona no se define por lo que hace o tiene, sino por lo que es y quiere llegar a ser. La formación del carácter [2], debe ser una prioridad en nuestros proyectos educativos, propiciando actividades, tiempos y espacios para que nuestros alumnos descubran los “hilos” con los que tejer sus vidas (fortalezas internas, valores, virtudes, principios…), y vayan fijando las cumbres a donde quieren dirigir sus existencias, el horizonte de sentido que dará un “por qué” y un “para qué” a sus decisiones cotidianas. La personalización o “vivenciación” de una determinada religión en el seno de una confesión y desde los elementos de un carisma, se puede convertir en elemento integrador de la persona en la totalidad de su existencia al propiciar la experiencia del misterio, unos criterios y valores, un sentido de pertenencia y una determinada forma de compromiso apostólico [3].


Hna. Mercedes Méndez r.a.
Directora del Departamento de Pastoral de
Escuelas Católicas
in eDUCADORES - Octubre-Diciembre 2016



Transformar “DESDE DENTRO” (2) | Transformar “DESDE DENTRO” (3)


[1Asumo la estructura del PIE editado en Educadores, nº 258 ; y sigo su estructura inspirada en las cuatro transformaciones de Ferrán Ruiz-2007 (1. Currículo y evaluación ; 2. Roles de alumnos y profesores ; 3. Organización y coordinación ; 4. Arquitectura y diseño escolar), pero en contenido y forma sigo la reflexión elaborada desde Escuelas Católicas.

[2Cf. Paul Tough, 2014. Aunque no podemos olvidar los clásicos : “Los valores éticos centrales residen en lo que se denomina ‘carácter’ : en las exigencias de veracidad, honradez, fidelidad, valor y coherencia con las decisiones tomadas” R. GUARDINI, 1997.

[3Cf. Amadeo Cencini, 2003.


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