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Tercer domingo de adviento : Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2016-2017 [A]

Nos disponemos a acoger a Dios en su Palabra, que el Espíritu del Señor nos ayude a estrenar la Vida que está viniendo. La primera lectura de este domingo nos convida a dejarnos invadir por una palabra : alegría.
La antífona de entrada de la Eucaristía nos recuerda, con un imperativo, que debemos “Estad siempre alegres en el Señor ; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca” (Flp 4,4). La alegría no es una alegría meliflua porque tiene como fundamento al Señor.
La lectura de este tercer domingo de adviento, domingo de “gaudate”, hace un alto en el camino del adviento, nos anuncia ya la cercanía de la venida del Señor. La lectura del profeta Isaías nos levanta el ánimo porque aparece cinco veces la palabra alegría o sinónimos de esta. La vida que florece trae regocijo. La irrupción de la vida, el florecimiento en lugares donde no abunda la belleza de las flores, como el desierto y la estepa, nos recuerda la gloria y esplendor de Dios. En Isaías 11 aparece también la vida retoñando de un tronco, un renuevo brota del tronco de Jesé. Es significativa la alegría que brota de la naturaleza en este tiempo de invierno. Posar nuestra mirada en la contemplación de lo que nace puede ser, una vez más, motivo de alabanza a Dios. Con Isaías podemos caer en la cuenta de lo nuevo que brota. ¿Lo estamos percibiendo ?, ¿somos conscientes de la novedad y la alegría de Dios encarnándose en nuestra historia personal y comunitaria ?
 Hay un imperativo que tiene toda la fuerza de la Palabra de Dios puesta en boca del profeta. La orden es a fortaleced y afianzad nuestras manos y rodillas. Lo que nos permite hacer, tocar, crear y bendecir. Y lo que nos permite estar de pie, mantenernos erguidos y caminar. En el imperativo no hay un sujeto concreto, por lo tanto puede ser un buen encargo para estos próximos y cercanos momentos de Navidad.
Los apocados y miedosos encontraran un brío renovado no ya en sola decisión personal. La fuerza sale de la mirada, de enfocar la mirada al Dios que está viniendo. La esperanza que encierra la Vida nos invita a mirar a Dios y a sus signos. Con su fuerza podremos fortaleced lo que está débil.
La salvación trae un rostro concreto y pleno. La vida abunda y restaura los sentidos que no están funcionando de forma completa, los ojos de los ciegos recobran la visión, los oídos de los sordos escucharán, se destaparán ; la lengua del mudo se soltará y alabará. No sólo en la lectura cambia la salud de los cojos, ciegos, mudos y sordos. Volverán a Sión los redimidos por el Señor. El renacimiento que trae Dios es para la naturaleza pero también para los pueblos. La alegría del nacimiento del Hijo de Dios es la Palabra encarnada que ayuda a decir : ¡Adiós, penas y suspiros !
Como plegaria final podemos pedir que el Señor nos conceda llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con la alegría desbordante. La alegría que nace del saber que Dios se hace presente, por el honor de su nombre, Emmanuel. Dios con nosotros. La cercanía del Nacimiento de Jesús, el Verbo encarnado, nos produce alegría que nada, ni nadie, nos puede quitar.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


Lectura del profeta Isaías 35, 1-6ª. 10

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